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Jo Cox, una fuerza emergente del laborismo

La diputada fue directiva de la ONG Oxfam y trabajó como asesora de fundaciones filantrópicas

La diputada laborista Jo Cox, el pasado mayo.

Llegó al Parlamento británico hace solo un año pero Jo Cox ya era considerada como una de las diputadas más prometedoras. Apasionada de la política y la filantropía, al ocupar su escaño por el Partido Laborista dejó atrás una sólida carrera en la cooperación, que la llevó a trabajar en algunos de los más peligrosos conflictos armados del mundo. Fue directiva de la ONG Oxfam, y trabajó como asesora de la fundación Bill y Melinda Gates y de la esposa del ex primer ministro Gordon Brown.

Hija de una secretaria de una escuela y de un trabajador en una fábrica de dentífricos, nació en Batley, cerca de Leeds, la localidad que representaría en el Parlamento desde las elecciones del año pasado. Estudió en Cambridge y allí, según declaró a un medio local, nació su vocación política al comprobar lo mucho que importaba “dónde has nacido, cómo hablas y a quién conoces”.

No es fácil para un diputado nuevo destacar en una cámara con 650 escaños, y menos desde la bancada de la oposición. Pero Cox no tardó en hacerse ver con brillantes intervenciones en cuestiones como la intervención en la guerra de Siria, que defendió por motivos humanitarios, o en el propio debate europeo. Fundó el grupo parlamentario sobre Siria, presidió una red de mujeres laboristas y trabajó en Bruselas como asesora de una eurodiputada.

Fue una de los 36 diputados que nominó a Jeremy Corbyn en la contienda por liderar el partido para enriquecer el debate ideológico, aunque luego votó por la más moderada candidata Liz Kendall y escribió un artículo en el que lamentaba haber nominado a quien se convirtió en el nuevo líder. En los últimos meses, no ocultó sus críticas a Corbyn por su escasa implicación en la campaña por la permanencia en la UE, en la que ella sí participó activamente.

Deja un hijo y una hija pequeños, y un marido que este jueves, desolado, aseguró que Cox “no habría tenido remordimientos” y que “vivió cada día de su vida al máximo”.

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