La guerra en Alepo se intensifica tras un impasse en las negociaciones

Al menos 100 personas han muerto en Alepo en los últimos tres días. La guerra Siria torna hacia una carrera por mantener o neutralizar las rutas de avituallamiento de los diferetes bandos.

“Hoy la Alepo rebelde está cercada”, dice en una conversación telefónica desde Turquía Ahmad Laila, portavoz del Departamento de Salud de Alepo que depende del Gobierno opositor sirio en el exilio. “Hace tres días que la aviación del régimen bombardea sin descanso la ruta de Castello (al norte de Alepo) y única entrada y salida para los civiles”, añade. La guerra se intensifica progresivamente desde las dos últimas semanas, con al menos 50 bombardeos este domingo, y ello a la víspera de que comience el Ramadán, mes sagrado de ayuno para los musulmanes.

En la que fuera la mayor ciudad siria y corazón económico del país, apenas queda un millón de los dos que habitaban en la época de preguerra. Mientras el alto el fuego sellado el pasado 27 de febrero en Ginebra entre rebeldes y el Gobierno de Damasco daba un respiro a la población en varias regiones del país, éste a penas duró un par de semanas para los alepinos. Ahora, con las negociaciones de paz enquistadas, los combates cobran mayor intensidad en esta estratégica región próxima a la frontera turca. El Ejército sirio puja desde el sur, las milicias kurdas desde el norte y el ISIS amenaza desde los flancos este y noreste de la ciudad. Al menos 100 personas han muerto en los últimos tres días, según el recuento de activistas,

En la Alepo rebelde, que abarca la franja oeste de la ciudad, 360.000 personas corren el riesgo de quedarse sin reservas de víveres. A la falta de electricidad y agua potable se suma la de fuel, impidiendo el funcionamiento de los generadores y ambulancias. “El precio del fuel se ha disparado y apenas tenemos tiempo de cargar los móviles para saber cómo están nuestros familiares”, dice vía Skype Obaida S., antiguo profesor de la universidad de Alepo. Los movimientos de los civiles se reducen a los imprescindibles para obtener algo de comida o llevar algún enfermo a uno de los siete hospitales que aun siguen en pie. “Se ha cancelado el rezo de los viernes en las mezquitas, y no se ve un alma en las calles pasadas las siete de la tarde”, comenta desde el fundador del grupo @Aleppo24. Peor suerte viven los 600,000 habitantes de la campiña alepina donde a la falta de combustible se suma la de servicios médicos.

La carrera por cortocircuitar las rutas de avituallamiento en Siria

N. S., Beirut

La atomización de los grupos rebeldes y yihadistas por un lado, así como la falta de efectivos en el Ejército sirio por otro, ha encauzado la guerra siria hacia una carrera por controlar las rutas de avituallamiento para neutralizar al enemigo. Los grupos rebeldes se afanan por mantener abiertas las vías de acceso a Turquía. Por su parte, el ISIS lucha por salvaguardar las rutas con Turquía e Irak. Mientras, las tropas regulares se esmeran en mantener el control de las grandes urbes como Alepo, Latakia, Homs, Damasco o Sueida así como las arterias que las conectan entre sí. “Es vital controlar las rutas de abastecimiento rebeldes hacia Turquía, de ahí que la operación en marcha en Alepo sea crucial”, dice en Beirut y desde el anonimato un miembro del brazo político de Hezbolá, milicia-partido libanesa que combate en Siria junto a las tropas de Bachar el Asad. “El ISIS en Raqa nos preocupa menos ahora porque no puede acceder a Turquía y están aislados en medio del desierto”, apostilla.

Al noreste del país, la misma dinámica se impone, esta vez con las FDS pujando desde el norte de Raqa y creando una zona tampón entre el califato y Turquía. Estas fuerzas reciben apoyo logístico ruso, coordinan con el Gobierno sirio y reciben asesoramiento de Estados Unidos, quien en las últimas semanas ha desplegado a más de 250 soldados de las fuerzas especiales en territorio sirio y lanzado municiones a los rebeldes en un envite por arrancarle la capital al autoproclamado califato. Frente a la intensificación de los enfrentamientos, yihadistas del ISIS han comenzado a trasladar a sus familias de las zonas de combate a la campiña de la capital de Raqa y a la Deir Ezzor, según informa el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres.

A la ofensiva terrestre lanzada seis días atrás por los kurdos respaldados por Washington, se suman intensos bombardeos sobre Raqa, la única provincia siria íntegramente excluida de la tregua al estar bajo control del ISIS. Sobre las cabezas de sus habitantes sobrevuelan las aviaciones de la coalición liderada por Estados Unidos, la rusa y la siria. Drones no tripulados de la coalición anunciaban la semana pasada la inminente ofensiva con una lluvia de panfletos que instaban a los civiles a huir del ISIS. Una advertencia que se recibía con más sarcasmo que alegría entre una población secuestrada entre los férreos controles de los yihadistas. "La única escapatoria es recurrir a traficantes y pagar unos 370 euros por cabeza. Un dinero que nadie tiene a estas alturas de la guerra. Y eso para cruzar por caminos muy peligrosos", asevera vía Skype Abu Mohamed, cofundador del grupo Raqa está Siendo Masacrada en Silencio. "Además, los vecinos de Raqa temen a los kurdos más que al ISIS, porque creen que cometerán matanzas si logran conquistar la ciudad. Retórica de la que se aprovecha el ISIS en su discurso para ganarse la simpatía de los habitantes", añade el activista. En respuesta a la ofensiva, el califato contraatacó esta semana a través de su policía religiosa, la hisbah, instando a todo ciudadano a entregar los retransmisores o receptores satelitales tras hacerse con el control de todos los cafés de internet, alegando que "los enemigos del Islam intentan alimentar una guerra mediática contra el Estado Islámico".

Las aviaciones de la alianza ruso-siria defienden que bombardean a los yihadistas de Al Nusra (rama local de Al Qaeda) y del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), así como a la principal facción islamista rebelde en la región, Ahrar el Sham, quien no se ha acogido al alto el fuego. Pero entre los muertos caídos bajo las bombas se cuentan docenas de civiles. Tan sólo este viernes, 10 personas morían calcinas en un microbús que fue alcanzado por una bomba a la salida de la ciudad.

Al tiempo que los poderes internacionales, notablemente Rusia y Estados Unidos, intentan forzar un alto el fuego que permita la entrada de ayuda humanitaria y el cese de los bombardeos, el ISIS avanza por el flanco este de la provincia. Al sur, mantiene un pulso contra las tropas regulares sirias cortocircuitando esporádicamente la ruta de Khanaser, y única vía de avituallamiento y conexión con Damasco para el bando leal.

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A pocas decenas de kilómetros al noreste, en las ciudades de Marea y Manbij, los hombres del califato avanzan provocando una estampida de civiles. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS y milicia compuesta principalmente por combatientes kurdos del las Unidades de Protección Popular junto con combatientes árabes y turcomanos) lograban posicionarse este domingo a cinco kilómetros de las bases del ISIS en Manbij, amenazando con cortar una importante ruta de aprovisionamiento para los terroristas. “En la Alepo liberada (rebelde) es al Ejército y a los kurdos a quien más se teme. Es triste ponerlo así pero la gente sabe que los soldados del régimen matan a mujeres y niños, mientras que Daesh solo mata a los jóvenes”, cuenta al teléfono también desde Turquía Osama Tejlo, miembro del Comité Local de la oposición siria en Alepo.

Sin embargo, en la Alepo leal, donde habitan medio millón de civiles, los miedos se invierten. “Si el Daesh (acrónimo peyorativo en árabe para referirse al ISIS) llega aquí, será una masacre. Pero el Ejército sirio no lo va a permitir”, dice desde el este de la ciudad Mouna al Fajar, de 23 y estudiante de bellas artes. Con la escalada bélica, los grupos rebeldes también intensifican los ataques con morteros sobre la parte este de la ciudad, matando este domingo a 13 personas, entre ellas varios niños. Al menos 100.000 civiles han huido ante el avance del ISIS en la norteña localidad de Azaz, para agolparse ante unas fronteras selladas por muros y guardas fronterizos turcos. Médicos Sin Fronteras alertó este jueves de la gravedad de la situación y llamó a Turquía a abrir un pasaje seguro para estas gentes, y a Europa a “honrar su compromiso moral y legal proveyendo asilo a aquellos que huyen de la guerra”. Entrando en su sexto año, el conflicto sirio se ha cobrado más de 270,000 vidas y desplazado de sus hogares a la mitad de los 23 millones de sirios.

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