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Hollande reacciona a la desesperada para rescatar a la izquierda francesa del abismo

A un año de las elecciones, el presidente busca aliviar tensiones en la calle, su partido y su Gobierno pero sin rectificar su política

El presidente francés, François Hollande, a la derecha, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, el miércoles en París. Ampliar foto
El presidente francés, François Hollande, a la derecha, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, el miércoles en París. AP

Consciente de ser el presidente menos popular de la V República, contestado en las calles y en su propio partido, François Hollande emprendió este jueves una ofensiva para explicar su estrategia a los franceses a solo un año de las elecciones presidenciales que auguran un desastre para la izquierda gobernante. En su primera comparecencia televisiva de esta ofensiva, sin embargo, no hizo el más mínimo propósito de enmienda. Y tampoco ofreció ninguna idea nueva. “Mi rumbo ha sido modernizar el país protegiendo su modelo social. Voy a seguir hasta el final. Reformaré todos los días de mi mandato”.

Con esa frase, pronunciada al inicio de en un programa de 90 minutos en France 2, el jefe del Estado dejó claro que no rectificará su política reformista, pese a que no saca al país de su estancamiento, apenas reduce el paro y no satisface a sus votantes, que la consideran socioliberal. “No retiraré la reforma laboral”, aseveró, pese a que dijo “comprender” la cólera que ese y otros proyectos levantan sobre todo entre los jóvenes.

Cuatro años después de llegar al poder, el balance para él es “más crecimiento, menos déficit, más competitividad, más margen para las empresas, menos impuestos...” Aparente satisfacción, por tanto, pese a saberse el mandatario francés menos querido desde la II Guerra Mundial. Incluso el 66% de sus electores no quieren que vuelva a ser candidato, según una encuesta de Odoxa difundida este jueves en el diario Le Parisien.

Por eso, el líder socialista demostró valor al enfrentarse durante ese largo programa de anoche a las preguntas de cuatro ciudadanos a cual más complicado para él. Desde una madre de un joven yihadista muerto en enero en Siria —”¿qué hace a esa juventud desesperada emprender el camino hacia la muerte?”—, a un desilusionado bloguero simpatizante de los indignados —”los jóvenes vivimos peor que en 2012”— a un votante del ultraderechista Frente Nacional —”los franceses también necesitamos las ayudas que el Gobierno da a los refugiados”—.

Hollande se limitó a responderles con las medidas que ha ido tomando su Gobierno en estos años. No aceptó responsabilidad alguna en ninguno de esos terrenos. Ni siquiera en que el FN se haya convertido estos años en el primer partido de Francia. “El extremismo crece en toda Europa y aquí ya era importante antes”.

A las protestas y críticas internas a Hollande, se suman ahora tensiones con su primer ministro

A las numerosas y crecientes críticas a su mandato, el presidente suma ahora una poco disimulada tensión con su primer ministro, Manuel Valls. En pleno programa, Hollande no dudó en responder con rotundidad que “no habrá prohibición (del velo) en la universidad”. Un día antes, el jefe del Gobierno había dicho lo contrario.

Estas discrepancias con Valls se suman a otras recientes. En el último reajuste ministerial en febrero, Hollande incluyó como titular de Exteriores al anterior primer ministro, Jean-Marc Ayrault, declarado enemigo de Valls. Con permiso del jefe del Estado, acaba de presentar su propia formación política el ministro de Economía, Emmanuel Macron, rival de Valls. Y las titulares de Medio Ambiente o Educación, Ségolène Royal y Najat Vallaud-Belkacem, respectivamente, han contradicho en público al jefe de Gobierno por la construcción de un polémico aeropuerto o por el asunto del velo en la universidad.

Todos los sondeos coinciden en que el presidente con récord de impopularidad —solo le apoya entre el 13% y el 15%— no pasaría ni siquiera a la segunda vuelta si las presidenciales se celebraran ahora. Cualquier candidato de la derecha le superaría en una primera ronda que ganaría la ultraderechista Marine Le Pen. En el seno de su partido, los críticos piden unas primarias para seleccionar un mejor caballo de carreras o, al menos, para exigir un cambio de rumbo de última hora.

Hollande aseguró ya hace meses que no se presentará de nuevo como candidato al Elíseo si no mejoran las cifras de paro (10,4%). Anoche dijo que en 2015 se hubo un saldo neto de 100.000 empleos. Y que serán 150.000 este y el año que viene. ¿Le basta para volver a encabezar la lista socialista? “Lo decidiré a fin de año”.

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