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La UE hará un registro de pasajeros para luchar contra el terrorismo

Las aerolíneas deberán proporcionar a los Estados hasta 19 datos de sus clientes

Los eurodiputados votan en una sesión parlamentaria en Estrasburgo. PATRICK SEEGER EFE Quality Producciones

El Parlamento Europeo ha desbloqueado este jueves en Estrasburgo una de las herramientas más reclamadas por los países miembros para luchar contra el terrorismo: el registro de pasajeros aéreos. Esa nueva norma obligará a las compañías aéreas a proporcionar a los Estados hasta 19 datos de las personas que viajan en avión. Entre esos detalles figuran la identidad, el tipo de pago, el trayecto, los posibles acompañantes o las maletas. Se rastrearán tanto en vuelos extracomunitarios (por ejemplo, entre Madrid y Estambul) como en intracomunitarios (de Londres a Roma). Aunque la directiva deja estos últimos a criterio de cada país, los 28 Estados se comprometen a abarcar también los trayectos en el ámbito europeo, según una declaración del Consejo Europeo que se incluirá en la adopción final del texto, el próximo 21 de abril.

La Eurocámara ha mostrado siempre grandes recelos a este proyecto, en tramitación desde 2011, aunque la presión ejercida por los Gobiernos tras los atentados de París y Bruselas ha acabado por surtir efecto. “Los atroces atentados terroristas de París y Bruselas han mostrado una vez más que Europa necesita elevar su respuesta común contra el terrorismo y adoptar medidas concretas para combatirlo”, ha defendido el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, tras conocer la aprobación parlamentaria. Hubo 461 votos a favor, 179 en contra y nueve abstenciones.

El proyecto pretende detectar, antes de que tomen el vuelo, a posibles terroristas que se desplacen en avión, así como facilitar las investigaciones posteriores de las fuerzas de seguridad. Cuando la norma entre en vigor, las compañías aéreas deberán proporcionar a cada país datos del pasajero, que se almacenarán durante cinco años. Transcurridos los seis meses iniciales, quedarán encriptados y solo serán accesibles bajo petición concreta de las autoridades por sospechas de terrorismo.

Cada Estado deberá crear una unidad de información de pasajeros encargada de recibir los datos de las aerolíneas. Esas unidades almacenarán los datos de manera homogeneizada y podrán compartirlos con el resto de Estados miembros -bajo demanda expresa-, aunque el texto precisa que solo para fines de lucha antiterrorista. La directiva añade otra cautela: ninguno de esos datos debe llevar a archivar información sensible del viajero (raza, religión, orientación sexual…), una exigencia difícil de garantizar en la práctica.

Yihadistas europeos

Los Gobiernos europeos consideran que esa documentación sobre trayectos aéreos puede resultar muy útil para detectar un fenómeno que desborda a la UE: el de los llamados combatientes extranjeros. Se trata, en su mayoría, de jóvenes con pasaporte europeo y ascendencia árabe que pueden tratar de viajar a Siria y volver radicalizados. Al menos uno de los suicidas de los atentados de Bruselas (Ibrahim el Bakraoui) fue detenido por Turquía cuando trataba de cruzar a territorio sirio, aunque finalmente las autoridades belgas no procesaron ese aviso. Con el registro de pasajeros aéreos, los países confían en obtener una alerta temprana en caso de viajes sospechosos. Los Veintiocho disponen de dos años para aplicar la nueva directiva, aunque todos se han comprometido a hacerlo cuanto antes.

Se da la paradoja de que esos datos aéreos, que los Veintiocho aún no comparten entre sí, se transfieren ya desde Europa a tres países: Estados Unidos, Canadá y Australia. En el caso de Canadá, el intento de profundizar el acuerdo de transferencia de información, como se hizo con Washington en 2012, acabó con el envío del nuevo pacto al Tribunal de Justicia de la UE para que determine si vulnera los tratados europeos.

La Eurocámara mostró, en la votación y en su debate del miércoles, la difícil convivencia entre estas medidas y el respeto a la privacidad. El texto ha sido aprobado claramente por el Partido Popular Europeo y el grupo CRE, que engloba a los tories británicos y otros conservadores y euroescépticos. Socialdemócratas y liberales han votado mayoritariamente a favor, mientras la izquierda minoritaria y los verdes se han opuesto. La eurodiputada alemana Birgit Sippel explicó por qué no podía adherirse al proyecto: “El terrorismo es un desafío para toda Europa, pero centrarnos en la colecta de datos supone alejarnos de la solución. Ya tenemos muchas herramientas, pero los Estados miembros simplemente no están preparados para intercambiar la información”. Más resignado, Axel Voss, del Partido Popular Europeo, defendió la medida. “Nos enfrentamos a una tremenda amenaza”, alegó.

Para contrarrestar este aval al registro de pasajeros que durante mucho tiempo la Eurocámara se negó a dar, los eurodiputados han hecho coincidir la votación con el respaldo definitivo a la nueva norma de protección de datos en la UE, que adapta las normas de privacidad a la era de Internet. Se trata de un reglamento y de una directiva que reforzarán las garantías de privacidad del usuario respecto a las otorgadas en la anterior ley, de 1995.

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