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La ola de violencia arruina la temporada de Navidad en Tierra Santa

El turismo en Jerusalén y Belén sufre las consecuencias del enquistamiento del conflicto

Un palestino lanza una piedra con una honda a soldados israelíes, con varios hombres vestidos de Santa Claus a su espalda, en Belén.
Un palestino lanza una piedra con una honda a soldados israelíes, con varios hombres vestidos de Santa Claus a su espalda, en Belén. REUTERS

El revuelo de ambulancias y vehículos policiales ante la puerta de Jaffa, el principal acceso al recinto histórico amurallado de Jerusalén, en la víspera de la Nochebuena acabó de espantar a los escasos visitantes de la Ciudad Vieja. Las callejuelas se quedaron mudas tras un ataque que se saldó con dos israelíes muertos y otro herido, y sus dos agresores palestinos abatidos a tiros por las fuerzas de seguridad. Fue un eslabón más en la rutina de apuñalamientos que en los últimos tres meses ha desencadenado la mayor ola de violencia en ciudades de Israel y Palestina desde el fin de la segunda Intifada, hace ya una década. El destello de luces y ornamentos navideños ante la basílica de la Natividad de Belén o en el barrio cristiano de la Ciudad Santa apenas pueden ocultar el vacío de los bazares ni la pobre ocupación en el negocio de la hostelería. La escalada de atentados parece haber arruinado ya la principal temporada turística en la cuna del cristianismo.

Con las negociaciones para buscar una salida al conflicto suspendidas desde hace casi 20 meses, y con uno de los Gobiernos más conservadores y nacionalistas de la historia al frente del Estado judío, la violencia sigue golpeando de lleno sobre la vida cotidiana en Tierra Santa. Mientras tanto, el presidente palestino, Mahmud Abbas, amenaza con disolver la Autoridad Palestina tras acusar a Israel de incumplir los Acuerdos de Oslo.

En este clima de creciente tensión, las autoridades israelíes han anunciado medidas para intentar suavizar durante las celebraciones las restricciones de movimientos que afectan a los cristianos palestinos. La Administración Civil del Ejército en los territorios ocupados desde 1967 autorizará a varios centenares de ellos para que puedan viajar entre Gaza y Cisjordania y participar en ceremonias religiosas. Su presencia difícilmente podrá contribuir a disipar los nubarrones que se ciernen sobre la temporada turística en Palestina.

Según el Departamento Central de Estadísticas israelí, citado por el diario Haaretz, el número de visitantes a Israel cayó un 4,6% en noviembre respecto al año anterior y un 18,3% sobre 2013, último ejercicio previo a la intervención miltar en Gaza. Antes de que estallara la ola de violencia, el turismo parecía haberse recuperado el pasado agosto con niveles similares a los de 2013.

El padre Jamal Jader, el rector del Patriarcado Latino (católico romano) que habitualmente oficia la misa del Gallo en Belén, recordaba hace poco que “la gente está empezando a perder la esperanza en un futuro en paz”. El Ayuntamiento de Belén ha recortado los actos de su programa navideño en plena ola de violencia, según reconoció la alcaldesa Vera Babun en el acto de presentación de la programación festiva. Sin fuegos artificiales y con menos villancicos que de costumbre, “la capital de la Navidad”, como la definió su regidora, volteó las campanas de sus iglesias en un llamamiento de solidaridad al mundo.

Sin turistas en las calles ni autobuses estacionados ante monumentos y bazares, jóvenes palestinos de la zona de Belén se enfrentan a las fuerzas de seguridad israelíes disfrazados de Papá Noel. La ministra palestina de Turismo, Rula Maaya, reconocía hace poco que la cifra de visitantes de este año será previsiblemente inferior a la de 2014, un ejercicio que estuvo marcado en el sector por las consecuencias de la guerra en Gaza. La ocupación hotelera en torno a Belén y Jerusalén Este difícilmente superará el 50% en plena temporada navideña.

“Necesitaremos tiempo para recuperarnos”, admite Maaya, quien achaca a la ocupación israelí el bloqueo de la economía palestina, con una tasa de paro que en la ciudad del nacimiento de Jesucristo se eleva hasta el 27,4%. “Lo único que queremos por Navidad es justicia”, es el lema de la campaña festiva palestina, mientras los países occidentales advierten a sus ciudadanos de que deben adoptar precauciones si quieren viajar a Jerusalén y Cisjordania.

En su mensaje de Navidad, el presidente de la Autoridad Palestina ha responsabilizado al Gobierno de Benjamín Netanyahu de “acelerar las políticas que conducen a las destrucción de la solución de los dos Estados”. “Estas Navidades llegan en un periodo particularmente difícil, cuando resulta desesperadamente necesaria la protección internacional del pueblo palestino”, alertó el rais, quien mencionó expresamente la ocupación de tierras para la construcción de nuevos tramos del muro de separación tanto en Belén como en la vecina ciudad cristiana de Beit Jala.

Los cristianos abandonan la cuna de su religión

Juan Carlos Sanz

En la cuna del cristianismo, solo quedan unos 210.000 cristianos, de los que 52.000 –menos del 2% de la población– viven en Palestina (apenas 4.000 permanecen aún en Gaza) y el resto en el norte de Israel. El padre franciscano Artemio Vitores, antiguo vicecustodio de Tierra Santa, lleva más de 45 años en Jerusalén, donde hoy se ocupa de acompañar a los peregrinos, mantiene vive la memoria de la presencia cristiana en la zona.

“En Jerusalén eran algo más del 20% de los residentes, una cifra que se mantuvo constante hasta la fundación del Estado de Israel en 1948. En la actualidad solo quedan unos 12.000 en la Ciudad Santa un 1,4% de la población”, puntualiza el fraile Vitores. “En Belén, por ejemplo, los cristianos representaban el 90% de la población en 1948, que se redujo al 70% tras la ocupación en 1967 y que ahora ha caído hasta el 12%”.

“Quedan pocos y están muy divididos, con una docena de obispos en Jerusalén, uno para cada rito. Tierra Santa se está quedando sin cristianos. Sin trabajo y sin perspectivas, muchos miran hacia Europa, a Latinoamérica y sobre todo a Chile, donde existe una gran colonia de cristianos palestinos”, explica el padre franciscano en la sede de la Custodia en la Ciudad Vieja de Jerusalén, desde donde se administran propiedades centenarias —casas y fincas— para intentar retener a la población cristiana palestina en su tierra. “Unos 350.000 cristianos se han marchado de Tierra Santa desde la fundación el Estado de Israel. Ahora, tras la situación creada por la guerra de Gaza y por las amenazas del Estado Islámico a los cristianos en Oriente Próximo muchos piensan también en la inmigración”.