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Los franceses aplauden la mano dura de Hollande contra el terror

Consenso político y ciudadano sobre las medidas excepcionales que reclamaban la derecha y la ultraderecha

François Hollande
François Hollande, en el Elíseo. REUTERS

En las tres semanas posteriores a los atentados del 13 de noviembre, el Gobierno socialista de François Hollande ha lanzado una decena de bombardeos en Siria e Irak, ha realizado 2.000 registros sin mandato judicial, ha hecho 210 detenciones y ha cerrado tres mezquitas salafistas. Ahora se dispone a cambiar la Constitución para, entre otras cosas, retirar la nacionalidad a yihadistas con doble nacionalidad aunque hayan nacido en Francia y poder mantener ciertas medidas tras el fin del estado de excepción. Hay pocas voces críticas frente a la dureza antiterrorista. El parlamento ha ratificado casi unánimemente las medidas y la popularidad de Hollande se dispara.

La mejora en el índice de aceptación de Hollande no tendrá una repercusión directa en las próximas elecciones regionales del 6 de diciembre, donde se espera el hundimiento de los socialistas, pero ratifica que Francia responde al unísono a un presidente convertido en jefe de guerra. Durante el estado de excepción vigente se han requisado ya 320 armas, además de asaltar el apartamento en el que se escondían parte de los terroristas del 13 de noviembre, donde planeaban otro atentado en el barrio financiero de París de La Défense.

La policía, además de haber registrado una treintena de lugares de culto musulmán, ha cerrado esta semana tres mezquitas por radicalización y, en paralelo, el Gobierno prepara nuevas medidas legales del agrado del Frente Nacional, como ampliar la posibilidad de retirar la nacionalidad a los yihadistas con doble nacionalidad aunque hayan nacido en Francia. Es un proyecto que inquieta a la izquierda radical, pero también a algún socialista, como Daniel Goldberg. “No votaré a favor”, ha advertido. Frente a las escasas críticas, el Gobierno está a la ofensiva también en el terreno dialéctico: “El estado de excepción es para defender la libertad”, asegura el primer ministro Manuel Valls.

Las voces de los disidentes, como las de André Chassaigne y Jean-Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, o Noël Mamère, ecologista, contra la deriva autoritaria, aplicada incluso a los manifestantes de la Cumbre del Clima, son minoritarias. La firmeza mostrada por Hollande, así como su exposición pública también para encabezar el duelo nacional, le han reportado el alza de popularidad más espectacular de un presidente de la República francesa en ejercicio. Dos sondeos diferentes señalan que el jefe del Estado ha ganado hasta 22 puntos en el nivel de aceptación popular. Es una enormidad si se tiene en cuenta que Hollande batió récords a la baja con hasta solo un 14% de aceptación popular.

Es una mejora que algunos medios señalan como efímera, pero Fréderic Dabi, director adjunto del instituto Ifop, uno de los autores de los últimos sondeos, advierte: “Hemos visto el modelo tras los atentados de Charlie Hebdo y el supermercado de comida judía de enero. Es una mejora que se pierde después solo en parte porque Hollande nunca ha regresado a los índices mínimos precedentes”. Después de enero, su popularidad se disparó del 19% al 40%, pero ahora, antes de noviembre, se situaba en los 28 puntos. Según Ifop, hoy el 50% de los franceses confían en él para defender los intereses de la nación.

La derecha y la ultraderecha, sin argumentos

La ofensiva socialista contra el terrorismo ha vaciado de contenido el programa sobre seguridad del principal partido de la oposición, Los Republicanos, pero también del Frente Nacional, que exige desde hace tiempo la retirada de la nacionalidad de los yihadistas y el cierre de mezquitas salafistas. “Espero que no sean cambios de fachada”, ha dicho hoy Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista. El líder de los conservadores, Nicolas Sarkozy, sigue aireando sus propuestas, como el cierre de webs yihadistas o armar a la policía municipal. Son, sin embargo, medidas ya adoptadas o en preparación. Los niveles de aceptación de ambos partidos apenas han variado tras los atentados.

La encuesta mensual de TNS que muestra cómo se ha disparado la popularidad de Hollande arroja un dato preocupante para Sarkozy: antes de los atentados, solo el 3% de los votantes de Los Republicanos apoyaba al jefe del Estado. Ahora es ya el 19%. “Sarkozy nunca ha llegado a los niveles de aceptación de Hollande cuando él presidía el país”, recuerda Dabi.

A pesar de tan buenos resultados, los sondeos siguen apuntando a una humillante derrota de los socialistas en las elecciones regionales que se celebran este domingo y el domingo 13 en segunda vuelta. Los picos de popularidad “son producto de la mera conmoción”, señala Sarkozy.

El talón de Aquiles de los socialistas es la situación económica. La seguridad ha subido puntos en la preocupación de los franceses, pero la mala coyuntura económica sigue estando a la cabeza. Este mes el paro ha vuelto a subir con 42.000 desempleados más, alcanzando el 10,6% de parados sobre la población activa. Sarkozy, al igual que Le Pen, intenta capitalizar dicha situación en la campaña de las regionales en las que se prevé una holgada victoria de Los Republicanos, partido que se niega a hacer frente común con el partido del gobierno para cerrar el paso a la extrema derecha. El Frente Nacional tiene casi aseguradas, según los sondeos, al menos dos de las trece regiones metropolitanas: Norte-Paso de Calais-Picardía y Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA). De cumplirse los pronósticos, en la primera gobernará Marine Le Pen y en la segunda, su sobrina Marion Marechal-Le Pen. El último sondeo electoral de los múltiples que se publican estos días anuncian que el FN puede ser el partido más votado en seis regiones en la primera vuelta.

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