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Una pandilla rota por la masacre

Concluye la identificación de los 129 fallecidos mientras 221 heridos siguen hospitalizadas

Una mujer llora en un homenaje ayer en París.
Una mujer llora en un homenaje ayer en París. AP

Víctor tenía 24 años. El viernes 13 se encontraba en la terraza de La Belle Équipe celebrando un cumpleaños. Su cuerpo fue de los primeros que rescataron los equipos de emergencia tras el ataque indiscriminado de los terroristas. Pero no pasó la noche. Es una de las 129 víctimas mortales de los atentados que ensangrentaron el centro festivo de París y el Estadio de Francia. La cumpleañera recibió un estallido de bala en la médula espinal por la que ha sido sometida a una operación de 20 horas. Sigue ingresada. A otra amiga de esta pandilla que se conocía del instituto le han amputado un pie. Una tercera, la pierna. Los tres amigos restantes sobreviven con sus traumas.

El padre de Víctor, José Muñoz, antiguo colaborador de Anne Hidalgo en el Ayuntamiento de París y ahora delegado para la zona Euromediterránea de Suez, recuerda a un joven “lleno de optimismo, de proyectos, curioso y educado en los valores republicanos”. Un joven, sobre todo, combativo. “Como se dice en español, era un activo”, dice Muñoz, hijo de exiliado. “Siempre tuvo esa visión de un mundo hecho de culturas, de personas, de confesiones, de inteligencias diferentes y la tolerancia era clave en su vida”, añade. Acababa de mudarse con su novia Alexandra a un piso a dos pasos de La Belle Équipe, estaba a punto de recibir su diploma de la escuela de comercio, había terminado unas prácticas en una start-up y se había especializado en webmarketing y SEO (optimización para motores de búsqueda).

Era un enamorado de Barcelona, ciudad en la que nació y vivió su primera infancia, y un fanático del Barça. José Muñoz era entonces director general de la Galería Maeght y su madre profesora de historia geografía en el liceo francés. La familia se mudó a París cuando Víctor tenía nueve años. “Llegó a París preguntando dónde estaba el cielo azul y la piscina”, recuerda ahora con una sonrisa Muñoz. “Pero pronto se sintió cómodo en esta ciudad y en particular este distrito, el 11, tan multicultural, donde hay tanta fraternidad”, añade.

La noche del viernes, Muñoz y su esposa, Dominique Kielemoes, adjunta al Ayuntamiento del distrito 11 de París, la pasaron recorriendo una quincena de hospitales en busca de su Víctor. Aquella noche había salido de casa sin documento de identidad. “Como cualquier joven inocente que sale en una ciudad de libertad, no tenía en mente que sería asesinado en los momentos que seguirían”, dice Muñoz. El sábado a mediodía, el instituto de medicina legal les comunicó que tenían a una persona que correspondía con su descripción. Siguió otro largo día de angustia. El procedimiento en caso de terrorismo obliga a que la confirmación se realice acompañado por dos policías. No fue hasta el domingo que pudieron reconocer el cuerpo de su hijo. “Tenía una expresión plácida, estaba guapo, no le habían dado en la cara”.

Lo que le ayuda a aguantar son las pequeñas anécdotas que recuerda con ilusión, como el viaje a Normandía en el que Víctor preguntaba dónde estaba el mar de verdad, el azul del mediterráneo, el apoyo de su hijo mayor, Eduardo, de 29 años, y el cariño de amigos y familiares. Lo más duro, cuenta, sigue siendo recorrer sus fotos. Su escuela convocó este miércoles un acto para rendirle homenaje.

En total, los atentados del viernes se han cobrado la vida de 129 personas y han dejado 352 heridos, según el último balance. Unas 221 seguían el miércoles ingresadas, 57 de ellas en reanimación. La totalidad de las víctimas mortales están ya identificadas.

 

Fe de errores

En una versión anterior de esta información se decía que Víctor Muñoz tenía 25 años al ser asesinado cuando en realidad tenía 24.