Bruselas da margen presupuestario a Francia por los ataques terroristas

La Comisión Europea da flexibilidad al Gobierno de François Hollande por el aumento del gasto en seguridad y defensa asociado con los atentados en París

El presidente francés, François Hollande, saluda al secretario de Estado de EE UU, John Kerry, este martes en París.
El presidente francés, François Hollande, saluda al secretario de Estado de EE UU, John Kerry, este martes en París.IAN LANGSDON (EFE)

Las reglas fiscales son sagradas en Bruselas. Al menos hasta que la marea alcanza a los grandes países: la Comisión Europea dio ayer manga ancha presupuestaria a Francia tras los ataques terroristas, que han llevado al Gobierno de Hollande a anunciar un aumento del gasto en seguridad y defensa. París, como consecuencia, incumplirá –de forma flagrante—sus metas de déficit. Los atentados tienen ya implicaciones macroeconómicas: Francia ha dejado claro que la seguridad es más importante que la austeridad, y Bruselas responde con una sorprendente carta blanca para la segunda potencia europea.

“El Pacto de Estabilidad [que engloba las reglas fiscales europeas] es inteligente”, dijo el comisario (francés) Pierre Moscovici. Desde luego que lo es con Francia: París llevaba meses desafiando las advertencias de Bruselas, sin hacer las reformas ni los recortes prometidos. La Comisión le dio hace poco dos años extra para cumplir con los objetivos, pero Hollande lleva meses de brazos cruzados, sin acometer ajustes para no descarrilar la muy modesta recuperación. Los ataques terroristas de París han activado como un resorte al presidente de la república: Francia se declara en guerra y tiene previsto miles de contrataciones y un aumento notable del gasto en defensa y seguridad.

Si alguien esperaba que Bruselas saliera con la cantinela habitual de las sacrosantas reglas fiscales, ayer ocurrió más o menos lo contrario: “La seguridad es ahora la primera de las prioridades. La Comisión lo entiende perfectamente. Francia está atravesando momentos trágicos y las reglas fiscales son flexibles, no rígidas”, dijo un Moscovici que desempolvó así sus viejos impulsos keynesianos. El vicepresidente Valdis Dombrovksis, adalid del ala dura de la austeridad, asentía a su lado.

Francia lleva una Gran Recesión muy sufrida. París ha perdido peso político a ojos vista en relación con el liderazgo de Berlín, en paralelo al menor dinamismo de su economía, que sigue teniendo empresas como portaviones pero que sufre los achaques de una modalidad de capitalismo casi contracultural en los tiempos que corren, en la que el Estado desempeña un papel destacado. Y con un sector público incapaz de cuadrar sus cuentas desde los años setenta, con un gasto que está en torno al 55% del PIB. Eso le permite suavizar los ciclos: en 2009 resistió el embate de la crisis, cuando el PIB alemán caía a tasas del 5%, pero a la hora de salir de ahí viaja a una velocidad de crucero muy apagada, con avances de apenas el 1%.

Hollande era consciente de que un ajuste duro hubiera llevado a Francia a flirtear de nuevo con la recesión: gasolina para la extrema derecha de Le Pen. Los atentados le permiten desembarazarse de la camisa de fuerza que suponen las normas europeas y acometer una expansión fiscal sin preocuparse de la ortodoxia imperante, a sabiendas de que la Comisión está obligada a tolerar incumplimientos para apuntalar la seguridad tras el golpe sufrido.

La opinión sobre el presupuesto francés en Bruselas era dura sobre el papel: la Comisión advertía a Hollande de la necesidad de “tomar las medidas necesarias en 2016 para cumplir los objetivos”, en línea de lo que se pide también a Italia o a España. El informe le exige a París que recorte medio punto de PIB, en torno a 10.000 millones, en 2016. Pero eso, como consecuencia de los ataques terroristas, es ya agua pasada. Y esa manga ancha con Francia obliga a hacer algo parecido con Italia, en ese caso por el impacto de la crisis de refugiados. Incluso con España: la Comisión es consciente de que el Gobierno español no va a tomar una sola medida este año, y que el próximo Gobierno tendrá que presentar un presupuesto actualizado que probablemente no irá tan lejos como quería Bruselas.

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El viento ha cambiado: la Comisión va a esperar y ver, al menos hasta primavera. Solo entonces decidirá. Y algún país se puede llevar un buen susto: las reglas son las reglas, al fin y al cabo. Excepto cuando un Francia o Alemania están en pleno jaleo.

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Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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