Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

José Mujica pide a Europa que sea una alternativa a China

Una conferencia en Sciences Po propone la diversificación productiva para superar la desaceleración económica

¿Cómo están las relaciones entre Europa y América Latina? ¿Cuál es la situación económica de la región tras la desaceleración que sufre su principal inversor: China? ¿Cómo colaboran los dos continentes contra el cambio climático? La III Conferencia patrocinada por la CAF (la Banca Latinoamericana de Desarrollo) sobre los desafíos de las relaciones interregionales ha tratado este martes de responder a algunas de estas preguntas. La jornada la ha iniciado a primera hora de la mañana el expresidente uruguayo José Mujica con una ácida y pesimista exposición en la que ha reclamado a Europa que haga de contrapeso a China.

El anfiteatro Jacques Chapsal de la sede central de Sciences Po en París, con capacidad para 250 personas, estaba repleto a primera hora para escuchar a Mujica en este acontecimiento en el que EL PAÍS es entidad colaboradora. Enrique García, presidente de la CAF, ha presentado al político como “un hombre que dice lo que piensa y piensa lo que dice”. Mujica no defraudó. Se ha quejado de la falta de gobernanza política a nivel mundial, lo que deja en manos del mundo comercial y financiero el devenir del planeta, con una insoportable concentración de la riqueza. “Es un aspecto que me llena de angustia”, ha dicho.

El problema de la falta de gobernanza política afecta especialmente a América Latina, cuyo primer cliente es China. El expresidente uruguayo reclama a Europa que se erija como alternativa en razón de las raíces y la cultura de América Latina, que están en Europa y no en Oriente. “Si dejamos mandar a la economía vamos a cambiar la subordinación a Estados Unidos por la subordinación a Pekín”, ha añadido.

No podía quedar fuera el eterno problema latinoamericano de la ausencia de integración regional, de la creación de un bloque sólido capaz de negociar con una sola voz a nivel internacional. A este respecto, el exsecretario de la Segib (Secretaría Iberoamericana) Enrique Iglesias cree que la fijación de metas en exceso ambiciosas cortocircuitan los intentos de integración. “Mejor es reducir nuestras aspiraciones de manera que sean más sencillas de cumplir”, ha añadido. “Queremos una integración no para cerrarnos en nosotros mismos, sino para abrirnos al mundo”, afirma la actual secretaria de la Segib Rebeca Grynspan.

Mujica no cree en la integración. Tampoco el profesor de Sciences Po Olivier Dabène, que ve en la geometría variable de los diferentes bloques instituidos en la región una oportunidad para hallar agendas asumibles. “El diálogo político entre 60 países es siempre decepcionante”, asegura.

Para el exprimer ministro italiano Enrico Letta, profesor de Sciences Po, la ausencia de integración complica enormemente la relación de Europa con América Latina. Pero es también una gran debilidad del subcontinente en el terreno económico. Según Mujica, el comercio interregional supone solo el 20% del total. Este año, indica Osvaldo Rosales, exdirector de comercio internacional y de integración de la CEPALC (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), las exportaciones de la región se han reducido en un 14% y sumará ya el tercer año consecutivo de reducción. Pero, además, lo que más se ha reducido es justamente el comercio interregional.

“La estructura productiva de América Latina está detrás de los problemas”, considera Rosales. Incorporarse a las cadenas de valor es esencial. “Hay que reducir la dependencia de los recursos naturales”, reclama Mario Pezzini, director del centro de desarrollo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Para José Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia y exministro de Economía de Colombia, el bajo crecimiento de América Latina se debe, entre otras cosas, a la caída de los precios de los productos básicos. “Hay que diversificar la oferta”, coincide Enrique García.

El desarrollo económico y social que América Latina ha registrado en los últimos treinta años, destacados por Rebeca Grynspan, que pide un Erasmus para la región, no es suficiente todavía para competir a nivel mundial. “Las empresas no consiguen talento, no logran capital humano”, dice Germán Ríos, director de asuntos estratégicos de la CAF. Letta añade a este respecto que América Latina debe crear un espacio de conocimiento e invertir en investigación.

Una de las mesas redondas de la jornada se ha centrado en el cambio climático. Para Teresa Ribera, directora del IDDRI (Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales), de Sciences Po, este combate “ofrece la oportunidad de asentar una prosperidad diferente e incluyente”. Es un buen terreno de cooperación entre Europa y América Latina según Fernando Tudela, exsubsecretario de Estado de Medio Ambiente de México. Ligia Castro, exministra de Medio Ambiente de Panamá y directora de medio ambiente de la CAF, ha recordado que 21 países latinoamericanos han presentado ya sus contribuciones nacionales para la próxima Cumbre del Clima de París, la COP21, y que esos planes de desarrollo suponen una total transformación productiva sostenible.