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Patricia abandona México

El Gobierno levanta la alerta en los Estados más expuestos: Jalisco, Colima y Nayarit

Se mantendrá la viglancia durante días ya que aún persiste el riesgo de inundaciones

El que amenazaba con ser el huracán más potente de la historia se deshizo al tocar la tierra mexicana. La fuerza de sus vientos, de 325 kilómetros por hora, y la velocidad de su desplazamiento, de 31 por hora, hicieron esperar lo peor a las regiones costeras del Pacífico mexicano. Pero el monstruo solo ha causado daños menores: árboles caídos, postes de luz y cristales rotos. Convertido en depresión tropical, el peligro ahora está en el riesgo de inundaciones.

Este sábado por la tarde se ha levantado la alerta en los Estados que estuvieron más expuestos al impacto: Jalisco, Colima y Nayarit. Se mantendrá la vigilancia y precauciones durante varios días por las trombas de agua que ha dejado a su paso el huracán. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha señalado en un primer balance este sábado que se han visto afectadas 3.500 viviendas. Para poder avanzar en el recuento de desperfectos se ha establecido un frente común con los gobiernos estatales y municipales.

México vivió el viernes horas de angustia. El pánico a que se produjera una catástrofe nacional provocada por el huracán Patricia vació las calles de los municipios costeros y produjo atascos kilométricos en la salida de las principales ciudades de los Estados de Jalisco y Colima. Con los supermercados bajo mínimos, se instalaron centros de acopio en todo el país para proveer a los compatriotas de la playa, donde se esperaba que los vientos levantaran coches y casas de lámina.

Patricia abandona México

En apenas ocho horas, todo se calmó. Desde los refugios de Puerto Vallarta, los turistas y vecinos solo veían llover levemente y no se escuchaba un solo ruido. El temido huracán se había desviado hacia el sur y azotó los pueblos de Jalisco que colindan con Colima. “Volaron las láminas y se puso peligroso. Cuando el huracán ya estaba aquí todavía había gente en la calle y la policía municipal les pedía que se guardaran”, cuenta Eli Montaño, que vive en una casa pequeña y sencilla en Manzanillo (Colima).

Alrededor de 6.300 turistas se desplazaron hacia el interior, principalmente a Guadalajara, capital de Jalisco, según los datos que ofreció el Gobierno del Estado. “Llegamos hace dos días y solo vimos un día el mar. Esta mañana nos dijeron que teníamos que irnos del hotel y trasladarnos a Guadalajara”, contaba la noche del huracán Estephanie, de 27 años. Ella y seis amigos vinieron de Los Ángeles a pasar una semana de vacaciones a la paradisiaca costa tapatía y han decidido regresarse.

Se mantendrá la vigilancia y precauciones durante varios días por las trombas de agua que ha dejado a su paso el huracán

En su camino hacia el noreste, Patricia chocó contra la Sierra Madre y terminó de debilitarse. “La naturaleza fue bondadosa con nosotros, lo envió a la montaña y le quitó fuerza. Sufrimos el embate del agua y del viento, pero las instalaciones resistieron”, apuntó ayer Gerardo Ruiz Esparza, secretario general de Comunicaciones, quien anunció que no hubo grandes daños en las carreteras y puertos, que reanudaron sus actividades habituales desde ayer al mediodía.

Riesgo de inundaciones

Las inundaciones y los corrimientos de tierra podrían afectar aún a 14 Estados, la mayor parte del país: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas están en alerta por lluvias intensas; Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Colima, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato y San Luis Potosí, por lluvias muy fuertes; y Chihuahua y Querétaro por lluvias fuertes. Se desplazaron a las zonas afectadas alrededor de 25.000 efectivos de la Marina, el Ejército y la Policía Federal.

Un día después, todo sigue en la costa como si nada hubiera pasado. La confusión por la escasez de daños ante lo que se preveía como la mayor catástrofe atmosférica de la humanidad se extiende por todo el país. Las autoridades están limpiando algunas carreteras donde se produjeron deslaves pequeños y donde hay algunos árboles derrumbados. “No fue mucho desastre, en la tarde nos guardamos y sólo se escuchaba el viento. Ya en la noche estuvo tranquilo. Nada más llovía”, contaba Azucena Hernández, empleada de un restaurante de Manzanillo.

El fenómeno ha dejado boquiabiertos también a los expertos. Nunca se había formado un huracán de una manera tan veloz, así lo había manifestado el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Y con la misma velocidad con la que se gestó, la Sierra Madre mexicana lo ha disuelto hasta expulsarlo, poco a poco, del territorio nacional.

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