Decena de miles de marroquíes marchan ante la embajada sueca

Los manifestantes rechazan la posición de Suecia respecto al Frente Polisario bajo el lema de “El Sáhara es marroquí y siempre lo será”

Manifestación celebrada el domingo 4 de octubre, frente a la Embajada de Suecia en Rabat.
Manifestación celebrada el domingo 4 de octubre, frente a la Embajada de Suecia en Rabat. FADEL SENNA (AFP)

El Gobierno sueco ha asegurado, por activa y por pasiva, que el reconocimiento del Sáhara Occidental como Estado independiente no está ahora en su agenda. Lo afirmó en marzo el primer ministro sueco, Stefan Löfven, y lo ha ratificado la semana pasada la embajada sueca en Rabat. Lo que sí asume el Gobierno sueco es que su política respecto a este territorio está siendo objeto de un análisis interno cuyo contenido no pretende anticipar. Sin embargo, esas explicaciones no bastan para la decenas de miles de marroquíes -40.000, según los organizadores- que se manifestaron el domingo ante la embajada sueca en Rabat.

Llegaron en autobuses y en coches procedentes de todo el país, convocados por la Organización Marroquí de la Ciudadanía y Defensa de la Integridad Territorial y por diversas organizaciones civiles. Los vehículos quedaron aparcados en un descampado que hay frente a uno de los mejores hoteles de la ciudad. Y los manifestantes marcharon hacia la embajada, bien custodiada por agentes marroquíes. Algunos habían viajado más de 12 horas para llegar a Rabat a las cuatro de la tarde. Muchos de ellos portaban banderas de Marruecos y retratos de rey Mohamed VI. En algunas pancartas se podía leer: “No toques a mí país”. “El Sáhara es marroquí y seguirá siendo marroquí”.

Varios manifestantes aseguraban que estaban dispuestos a morir antes que ceder un solo metro del Sáhara. Otros aclaraban que no tenían nada contra los suecos, pero sí contra su Gobierno, porque pretende “distorsionar la realidad” respecto al Frente Polisario. La manifestación coincidió con el viaje a Estocolmo de varios representantes de tres partidos de izquierda marroquíes que se habían citado con legisladores socialdemócratas suecos para explicarles su visión sobre el Sáhara Occidental.

La polémica se desató este martes cuando fue suspendida la inauguración de una tienda de IKEA en las afueras de Casablanca. La razón oficial era que el Gobierno civil de Casablanca requería un “certificado de conformidad”, que Ikea no estaba aún en condiciones de facilitar. La extraoficial, sin embargo, indicaba que el bloqueo guardaba relación con un supuesto proyecto del Gobierno sueco para reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), bajo el control del Frente Polisario.

Tres días después, el ministro de Comunicación marroquí, Mustafá Jalfi, anunció en conferencia de prensa que su Gobierno iba a boicotear a las empresas suecas ya que, según Jalfi, Marruecos venía padeciendo de forma sistemática, el boicot económico de Suecia. También avisó de que Marruecos no va a tolerar amenazas contra “su estabilidad, su unidad territorial y sus intereses comerciales”.

La embajada de Suecia en Marruecos contestó el viernes al ministro en su página de Internet y mediante un Twitter en el que decía que “Suecia no boicotea ni los productos ni a las empresas marroquíes”. La embajada sueca recordó en un escrito enviado a varios medios marroquíes que su Gobierno no ha reconocido al Sáhara Occidental como Estado. No obstante, aclaró que el Gobierno está “procediendo a un análisis” de la política sueca respecto al Sáhara Occidental, dado “el interés que despierta esta cuestión en la sociedad sueca”.

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Sobre la firma

Francisco Peregil

Redactor de la sección Internacional. Comenzó en El País en 1989 y ha desempeñado coberturas en países como Venezuela, Haití, Libia, Irak y Afganistán. Ha sido corresponsal en Buenos Aires para Sudamérica y corresponsal para el Magreb. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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