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ANÁLISIS

Rescates: ¿purga o bálsamo?

Los programas para Grecia ¿son purga de aceite de ricino o poción mágica curalotodo?

Un trabajador tras un cartel electoral de Syriza, hoy en Atenas
Un trabajador tras un cartel electoral de Syriza, hoy en Atenas REUTERS

Los rescates a Grecia ¿son la purga de aceite de ricino, devastadora y victimizante?, ¿o la poción mágica curalotodo, el bálsamo de Fierabrás? ¿Austericidio o cirugía fina?

Distingamos entre los tres programas, porque difieren entre sí.

El primer rescate, mayo de 2010, fue cruel. Más aún que por los recortes y reformas, porque los escenarios/objetivos de crecimiento y de déficit eran demasiado optimistas. Y pues, el ritmo e intensidad de la austeridad, excesivo e imposible de cumplir. Y las contrapartidas del préstamo europeo, demasiado rácanas: tipos de interés de hasta el 7% y plazos cortos. Tanta severidad era la coartada para que se rascasen el bolsillo quienes se venían negando a ello (Alemania, Holanda). Tanta moralina ordenó el sistema, pero agravó la crisis hasta el paroxismo.

El segundo (2011-2012), que incluyó una quita parcial de la deuda en manos privadas, fue mejor. Las condiciones de los créditos se ablandaron: el tipo se redujo al entorno del 3% y los plazos de amortización se ampliaron hasta 30 años. El peor error fue no compensar a los más vulnerables. Los excluidos fueron legión. Y la aplicación práctica de las reformas fue irregular: de la ley al reglamento y de este a su vigencia va un abismo. No en vano hasta el Código de circulación se incumple por sistema. Miles de motoristas aún conducen ilegalmente en Grecia sin casco.

El tercer rescate, acordado este agosto, es más sensato. El ajuste fiscal para el trienio (entre el 4% y el 5% del PIB) es notorio. Pero los objetivos son más cadenciados, más suaves, la experiencia enseña. Donde antes se preveía un superávit presupuestario primario (sin intereses de la deuda) del 3,5% para 2015, ahora se pospone a 2018, tras una senda menos brusca (déficit del 0,25% este año, y superávit del 0,5% en 2016, 1,75% en 2017 y 3,5% en 2018).

Económica y socialmente es más realista, incluso más blando. Busca compensar cada apretón de tuercas: aumenta los tipos del IRPF incluso en los tramos más bajos, pero consagra el programa de emergencia social de Syriza; endurece las condiciones para protegerse de los desahucios, pero apoya más a los deudores vulnerables de buena fe. Y es exigente contra los abusos en jubilaciones, IVA, trampas con el gasóleo agrícola, corporativismos profesionales y corrupción.

La mayor dureza es política, un control detallista. Las 29 páginas del memorándum contienen muchos emplazamientos, períodos máximos en los que realizar las reformas comprometidas. Muchos. ¡Hasta 168!