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La lucha contra el Califato reconfigura el puzle sirio

Las prioridades de las dos principales potencias en el conflicto, EE UU y Turquía, difieren

JW08 BRUSELAS (BÉLGICA) 28072015.- Vista general de la reunión extraordinaria del Consejo del Atlántico Norte, convocada a petición de Ankara, celebrada en la sede de la OTAN en Bruselas (Bélgica) hoy, 28 de julio de 2015. EFEJulien Warnand
JW08 BRUSELAS (BÉLGICA) 28/07/2015.- Vista general de la reunión extraordinaria del Consejo del Atlántico Norte, convocada a petición de Ankara, celebrada en la sede de la OTAN en Bruselas (Bélgica) hoy, 28 de julio de 2015. EFE/Julien Warnand EFE

Las cancillerías occidentales suspiraron con alivio cuando, tras años de ambigüedades, el pasado día 23 el Gobierno turco inició operaciones militares contra el Estado Islámico (EI) en Siria y anunció la apertura de la base aérea de Incirlik a los aviones de la Coalición que lidera Estados Unidos. La intervención turca se hacía imperativa después del atentado suicida de Suruç, que costó la vida a 33 personas, y del ataque yihadista a un puesto militar turco en el que murió un sargento. Pero la alegría por esta toma de posición de Ankara pronto se convirtió en mueca de preocupación al constatar con el paso de los días que el grueso de esta ofensiva "antiterrorista" no se ha dirigido tanto contra el EI como contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Este hecho embrolla aún más el enrevesado puzle en que se ha convertido la región, como advirtió el ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, pidiendo a Turquía y al grupo armado kurdo que retomen las abandonadas conversaciones de paz: "De otra manera, la ya de por sí complicada situación se hará más difícil". Y es que las bases del PKK bombardeadas por Turquía se encuentran en territorio del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí, firme aliado de EE UU y cuyos peshmerga combaten contra el Estado Islámico. En Siria, la milicia kurda YPG lucha contra los yihadistas "de manera muy efectiva", en palabras de la propia Casa Blanca, que ha prestado apoyo aéreo a este grupo pese a estar hermanado con el PKK, al que Washington considera "terrorista". Y el mismo PKK está también presente en varios frentes de batalla contra el EI en Siria e Irak.

"Turquía, conscientemente, ha puesto a Estados Unidos en un dilema: te permito utilizar la base aérea de Incirlik pero a cambio del apoyo a mi ofensiva contra el PKK", sostiene el exmilitar y analista Metin Gürcan, en declaraciones a EL PAÍS. Desde luego, el uso de esta base militar en el sur de Turquía es un caramelo ya que reduce el tiempo de vuelo necesario para atacar al Estado Islámico de media hora (desde las bases en el Golfo Pérsico) a 6-7 minutos.

La razón de la ofensiva turca es que ve con temor el poder que están logrando y el apoyo internacional que suscitan las fuerzas kurdas. "Todo cambió con la toma kurda de Tel Abyad", sostiene Oytun Orhan, del think-tank ORSAM, en referencia a esta ciudad siria fronteriza con Turquía que se había convertido en el principal punto de paso de yihadistas y que en junio conquistaron las YPG: "Ankara se dio cuenta de que si no actuaba, todo el norte de Siria quedaría bajo control del PKK-YPG".

De ahí que Turquía haya hecho a EE UU aceptar otra de sus demandas: la creación de la "Zona libre de Estado Islámico", un territorio entre las localidades de Yarablus y Azaz protegido por los aviones turcos y de la Coalición en parte del norte de Siria, donde Ankara espera que el bando al que apoya en Siria –la coalición de grupos rebeldes e islamistas radicales Ejército de la Conquista– pueda hacerse fuerte. "Esta es una iniciativa destinada a impedir que los kurdos avancemos", denuncia por vía telefónica el viceministro de Exteriores del cantón kurdo-sirio de Kobane, Idris Nassan: "Nosotros estamos luchando contra el terrorismo para liberar la región, no para controlarla. Y la ofensiva de Turquía contra el PKK debilita esta lucha. Contra Daesh (acrónimo árabe del EI) debemos combatir todos juntos, no pelearnos entre nosotros".

El problema es que, como escribe el columnista turco Semih Idiz, Washington y Ankara tienen una lista de prioridades bien diferentes: "Turquía está en Siria para deponer al presidente Bachar al Asad y frustrar las ambiciones kurdas". El Estado Islámico –al que los líderes turcos ven como un problema temporal frente al más persistente que le suponen los kurdos– "es sólo el tercero de la lista de prioridades", mientras que, para EE UU, acabar con este grupo yihadista es el objetivo número uno.

Anteriores proyectos conjuntos se han revelado un fiasco: en febrero, Turquía y EE UU firmaban un plan para formar en territorio turco una primera hornada de 1.500 rebeldes moderados para luchar tanto contra el régimen como contra el EI. Pero sólo se encontró a 60 que cumpliesen los requisitos y fuesen de confianza para ambos países. Después de tres meses de entrenamiento y pertrechados con armas occidentales fueron introducidos en Siria, pero, a los pocos días, la mitad del batallón había sido capturado, herido o caído en combate tras un ataque de Al Nusra, filial del Al Qaeda en Siria (hoy mismo, EEUU ha apuntado que podrían haber sido capturados otros cinco). Una muestra de que, hoy por hoy, las fuerzas kurdas son, en palabras del think-tank estadounidense ISW, "uno de los únicos socios sobre el terreno efectivos en su lucha contra el EI".

Los protagonistas de la nueva ofensiva

EE UU dirige la coalición internacional contra el Estado Islámico (EI) y bombardea a los yihadistas en Siria e Irak.

Turquía declaró en julio la guerra al EI. Aprovechó para iniciar una campaña de bombardeos sobre el grupo PKK.

Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) lucha desde 1983 contra el Estado turco, y ahora en territorio sirio e iraquí contra el EI.

‘Peshmergas’ combaten contra el Estado Islámico y apoyan a las milicias kurdas.

Siria dirige sus ataques sobre todo contra el Ejército de la Conquista.

Ejército de la Conquista combate, bajo la influencia de Turquía, Arabia Saudí y Qatar, al régimen de El Asad en Siria.