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Los servicios de inteligencia afganos dicen que el mulá Omar murió en 2013

La presidencia afgana no confirma la información sobre el emblemático líder talibán

Mulá Omar
El mulá Omar. REUTERS

El mulá Omar está muerto, según un portavoz de los servicios de inteligencia afganos, que aseguró este miércoles que el líder de los talibanes falleció en abril de 2013 en Pakistán. La oficina del presidente del país, Ashraf Ghani, confirmó la información con un sucinto tuit tras haber mantenido la intriga todo el día frente a los rumores que insistían en que Omar estaba muerto. Los talibanes no han respondido a una noticia que implicaría que se presentan descabezados a la ronda de negociaciones de paz con Kabul que comienza el jueves.

El paradero de Omar era un misterio desde hacía años, a pesar de que los talibanes continuaban firmando los comunicados en su nombre. Omar no ha sido visto en público desde que huyó cuando el grupo islamista fue expulsado del poder por la coalición liderada por Estados Unidos que en 2001 invadió Afganistán en castigo por sus vínculos con Osama Bin Laden y Al Qaeda.

Un misterio que dura más de 14 años

Enigma. Se desconocen tanto su fecha de fallecimiento como la de nacimiento (en torno a 1959, según una investigación del New York Times).

Tras los atentados del 11-S es sospechoso de haber albergado a Osama Bin Laden. Por esa razón EE UU atacó Afganistán en 2001. Esa fue la última vez que se le vio.

Una recompensa de 10 millones de dólares pesaba sobre su cabeza.

Rumores. Hacía años que el mulá no participaba de las decisiones diarias de los talibanes. Sus opiniones se reservaban para asuntos estratégicos que transmitían sus fieles.

Su mística derivaba de que fue él quien impulsó la victoria talibán en 1996 tras la guerra civil en el país.

Las informaciones sobre la muerte de Omar, juzgadas como “creíbles” por la Casa Blanca, llegan en la víspera de las negociaciones de paz entre Kabul y los talibanes, previstas para jueves y viernes. La incertidumbre acerca del destino del mulá Omar podría profundizar las divisiones entre facciones talibanes y terminar de dinamitar un proceso de paz muy inestable. No sólo entre los guerrilleros hay partidarios y detractores de las negociaciones, lanzadas por el presidente Ashraf Ghani, que en sus 10 meses en el poder no logra estabilizar su posición sobre un tablero político muy inestable. A este respecto, una fuente de la inteligencia paquistaní citada por Reuters acusaba a ciertos sectores del Gobierno de Afganistán de estar emponzoñando el ambiente de diálogo: “Es interesante preguntarse por qué esta noticia [el fallecimiento del mulá Omar] se ha revelado hoy. (...) Sobre todo cuando se trata de una muerte supuestamente ocurrida hace dos años. Genera preguntas sobre los intereses de las personas que no quieren que estas conversaciones sigan adelante”.

Los anuncios y desmentidos sobre el mulá se han sucedido en los últimos años, y el miércoles se convirtieron en una cascada incontenible. Tras horas de especulaciones en las que participaron miembros y exdirigentes de los servicios secretos afganos, el portavoz de los mismos, Haseeb Sediqi, aseguró que Omar murió hace más de dos años. “El mulá Omar está muerto. Murió en un hospital de Karachi (sur de Pakistán) en abril de 2013 en circunstancias misteriosas”, anunció a la agencia France Presse.

La supuesta muerte de Omar plantea numerosas dudas sobre quién ha estado guiando a los talibanes en los últimos tiempos y quién lo hará en el futuro. El grupo continúa con una actitud beligerante, avanzando posiciones dentro de Afganistán gracias al vacío de autoridad que Ghani no consigue llenar por culpa de las tensiones entre facciones políticas. Al mismo tiempo, los integristas se dividen entre los partidarios de firmar la paz y los que desean seguir combatiendo. Fuentes talibanes citadas por la BBC aseguran que los dirigentes del movimiento que se encuentran en el exilio en Pakistán llevan tiempo debatiendo relevar a Omar.

En los últimos tiempos incluso algunos jefes intermedios de los talibanes habían planteado sus dudas sobre el estado de salud y la capacidad del mulá para dirigir el movimiento. Esta extraña situación es difícil de explicar sin entender el enorme misterio que siempre ha rodeado a Omar. Reputado por ser el hombre que estabilizó a la insurgencia talibán en 1996 tras la guerra civil que siguió a la victoria sobre los soviéticos en 1989, apenas había imágenes suyas. Tuerto por una herida de combate, muchos talibanes lo consideraban su inspiración y un “príncipe de los creyentes” pese a su escasa formación teológica.

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