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Ucrania y Rusia se acusan un año después del derribo del vuelo MH17

La guerra y la propaganda interfieren en las investigaciones internacionales

Residentes de Grábovo, en la ceremonia por las víctimas.
Residentes de Grábovo, en la ceremonia por las víctimas. AP

¿Quién derribó el Boeing 777 de las Líneas Aéreas de Malasia en ruta de Amsterdam a Kuala-Lumpur el 17 de julio de 2014? Un año después de la tragedia, la guerra en el este de Ucrania obstaculiza el esclarecimiento de la verdad sobre el vuelo MH17, que se precipitó sobre los campos de girasoles de la región de Donetsk que por entonces se disputaban encarnizadamente las tropas de Kiev y los insurgentes separatistas apoyados por Moscú.

El viernes, el líder de la autodenominada República Popular de Donetsk (RPD), Alexandr Zajárchenko, inauguró una placa en memoria de las “298 personas víctimas inocentes de la guerra civil” en Grábovo, el pueblo donde cayó gran parte del Boeing, que antes había ido perdiendo altura, ardiendo y desintegrándose en el aire, en una larga trayectoria, según testigos del suceso.

Zajárchenko iba uniforme de camuflaje, rodeado de guardaespaldas armados y acompañado de Denís Pushilin (en ropa de civil), el representante de la RPD en las conversaciones de Minsk auspiciadas por la OSCE. El líder de los insurgentes pidió un minuto de silencio a los presentes, entre ellos los vecinos de Grábovo, que acudieron portando iconos tras asistir a un responso en la iglesia local. También había periodistas y otros invitados. Ausentes estaban los parientes de las víctimas y representantes oficiales de sus países de procedencia. Sus banderas, sin embargo, ondeaban sobre el campo, donde también había enseñas azules, rojas y negras de la RPD.

En espera del resultado de la investigación internacional sobre los sucesos, anunciada para octubre, la política y la propaganda dominan la narrativa de la tragedia.

“El monumento que hoy inauguramos, es una muestra de respeto para todos los que perecieron en el cielo sobre nuestra bella región”, dijo Zajárchenko. La “bella región” sigue siendo hoy un territorio en guerra, más crónica que en 2014, pero atemperada por el foro de Minsk, que ha creado una plataforma de diálogo (Francia y Alemania además de Ucrania, Rusia y los representantes de la RPD y de la República Popular de Lugansk) y mantiene un relativo alto el fuego con ayuda de los observadores de la OSCE.

Hace un año, en la zona donde cayó el Boeing los representantes del Kiev utilizaban aviones de combate y los separatistas respondían con misiles tierra-aire y lo hacían con creciente éxito a juzgar por los aviones derribados en los días que precedieron a la tragedia del Boeing. Cuándo éste fue abatido, las opiniones, apoyadas con sus correspondientes argumentos se dividieron:

Ucrania y Occidente culparon a los insurgentes de haber empleado un complejo lanzamisiles Buk (con alcance de hasta 10.000 metros). El Estado Mayor Ruso acusó a los ucranianos de haber disparado o bien desde un caza SU-25 o bien con un misil Buk bajo su control.

La guerra de versiones continúa hasta hoy y la compartida por Ucrania y Occidente ha servido de base para imponer sanciones a Moscú. La investigación oficial internacional es dirigida por Holanda, por ser este país el que más ciudadanos perdió en la tragedia, y en ella participan cuatro países más (Bélgica, Ucrania, Australia, Malasia). Rusia no está incluida en el grupo, pero la empresa Almáz-Antei, fabricante de los Buk (y objeto de sanciones occidentales) colabora con ella, facilitando información cuando se la piden, según afirmaba el servicio RBK citando a Oleg Storchevói, vicejefe de Rosaviazia (la entidad rusa responsable de la aviación civil). Además, en Rusia hacen sus propias pesquisas el Comité de Investigación junto al ministerio de Defensa y la Unión de Ingenieros.

Australia y Bélgica pidieron al Consejo de Seguridad que autorice la creación de un tribunal penal internacional para determinar culpas en la catástrofe del Boeing 777. Les apoyaron Holanda, Ucrania y Malasia. El presidente Vladímir Putin ha considerado que un tribunal es “prematuro y contraproducente” y que antes hay que concluir la investigación.

En Grábovo, Zajárchenko dijo que la RPD nunca tuvo a su disposición equipo bélico capaz de derribar un avión de pasajeros. “No tenemos ese equipo y nunca lo tuvimos”, afirmó el líder de la RPD. Señaló además que los responsables de la RPD habían ayudado en los trabajos de rescate y en las pesquisas “desde el primer día después de que se cometiera este horrible crimen”. “También ahora estamos dispuestos a prestar toda la ayuda necesaria a la gente que de todas maneras logrará averiguar la verdad y castigar a las autoridades ucranianas que permitieron esta tragedia”, sentenció.

Uno de los puntos a esclarecer es por qué el Boeing sobrevoló la zona de conflicto y no fue desviado por los responsables del control aéreo. El informe de la Junta de Seguridad de Holanda no esclarece quien derribó el avión en el borrador distribuido este mes, según el servicio de información ucraniano ZH.

En Kiev, el presidente Petró Poroshenko insistió en que los culpables del derribo fueron los insurgentes. Según Poroshenko, el avión pudo ser derribado con “armas de alta tecnología que solo pudieron venir de Rusia”. “Por desgracia este avión civil y las 298 personas a bordo fue el blanco de un ataque terrorista despiadado desde el territorio ocupado por los insurgentes apoyados por Rusia en el Este de Ucrania. Las armas de alta tecnología con las cuales fue derribado el avión solo pudieron llegar a mano de los terroristas desde Rusia. Esto no pudo suceder sin participación, sin orden directa de la alta dirección política y militar del Estado vecino”, afirmó el presidente en un comunicado.

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