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ANÁLISIS

De Rohaní a Rohaní

El pacto nuclear con Irán es un éxito que prueba el valor de la tenacidad negociadora de las partes

El presidente iraní, Hasan Rohaní
El presidente iraní, Hasan Rohaní, en la cumbre de los BRICS en Ufá, Rusia, el 9 de julio. EFE

Hoy, con Hasan Rohaní como presidente de la República de Irán, se culmina un proceso de negociación que auspiciamos los europeos cuando el mismo Rohaní era el negociador, en calidad de secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional. La Unión Europea ha estado desde el principio en la mesa de negociaciones y eso debe hacernos sentir muy orgullosos.

En esta ocasión la importancia del éxito se mide también por las consecuencias que hubiera tenido su fracaso. No haber alcanzado un acuerdo hubiera significado la imposibilidad de alcanzar la estabilidad en Oriente Medio. Y, visto lo que ha ocurrido en los últimos días, también hubiera supuesto la ruptura de prácticamente el único consenso que hay entre los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que integran el P5+1.

Habría sido de una gravedad extrema romper el consenso ante un tema tan importante como es la proliferación nuclear y en un momento en el que la unidad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas parece perderse.

Los términos del acuerdo, que más adelante se recogerán en una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, obligan a Irán a limitar durante 15 años el enriquecimiento de uranio hasta un máximo de 3,67% (cuando para fabricar una bomba nuclear es necesario hacerlo al 90%), a reducir su stock de uranio y el número de centrifugadoras. La Administración Obama dispone de sesenta días para que el Congreso de Estados Unidos apruebe el acuerdo y cuenta con 290 votos seguros, por lo que el apoyo parece estar garantizado.

El acuerdo, aunque estrictamente nuclear, debiera suponer una mejora en las relaciones entre Estados Unidos e Irán que puede dar lugar a muchos más avances de los que se recogen en el texto. La normalización del programa nuclear de Irán puede propiciar las conversaciones con Arabia Saudí y llevar a la colaboración en cuestiones esenciales, como la lucha contra el Estado Islámico y la cooperación en otros conflictos de la región.

Para muchos, Irán puede convertirse en un gigante militar tras el levantamiento de las sanciones. Merece la pena recordar que su gasto militar en 2014 fue de 15.000 millones de dólares, aproximadamente un 9% de lo que destinaron a ese fin los países del Golfo. Arabia Saudí, en solitario, lo supera más de diez veces. Pongamos las cosas en perspectiva.

Soy consciente de los obstáculos que se pueden presentar, pero el acuerdo negociado es, sin duda, la mejor salida. Tras este primer entendimiento nace la esperanza de llegar a muchos más acuerdos que, aunque requieran tiempo, son vitales para la estabilidad en la región.