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Tsipras no se atreve a recortar en Defensa

Pese a la dramática situación de Grecia, el Gobierno es reticente a reducir gasto militar

Grecia
Un grupo de soldados abandona la Acrópolis, en Atenas, este martes tras el izado de la bandera. AP

A últimos de junio, cuando el acuerdo entre Grecia y los socios parecía a punto de firmarse, flotaba sobre la mesa de negociaciones un disenso que, por su cuantía, parecía insignificante: las instituciones europeas demandaban un recorte de los gastos militares de 400 millones de euros, mientras que Atenas sólo se declaraba dispuesta a ahorrar 200. No fue la única diferencia entre ambas partes —las que frustraron la firma del acuerdo atañían al IVA y las pensiones—, pero sí la más llamativa, pues revela la importancia que reviste para el Gobierno griego —cualquiera, de cualquier signo político— la inversión en Defensa. El que dirige Alexis Tsipras no es una excepción.

La OTAN, preocupada por una posible salida de Grecia del euro

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha minimizado la parte de responsabilidad que el presupuesto militar, y en especial la contribución a la Alianza, tiene en la crisis griega. “Los gastos en Defensa no son la causa de los problemas de Grecia. Los problemas son mucho más complicados que el hecho de que el país haya aceptado mantener sus compromisos” de financiación de la OTAN, aunque reduciendo de manera progresiva su participación en misiones multinacionales desde que empezó la crisis, dijo Stoltenberg . “Grecia es y será miembro de la OTAN”, añadió, subrayando el papel fundamental del país en el sur de Europa y, sobre todo, en la estabilización de los Balcanes. Pese a la adopción por parte del Gobierno de Alexis Tsipras de una política exterior multilateral en la que Atenas ha intensificado las relaciones con Moscú, “ha sido y sigue siendo un socio de confianza”, enfatizó. Stoltenberg admitió que una salida del país del euro constituye “una preocupación real” para la Alianza.

Aunque el presupuesto militar en Grecia ha mermado desde que empezó la crisis, desde el 2,7% del PIB, o 6.000 millones, en 2010 (el año que se firmó el primer rescate) al 2,2% en 2014 (unos 4.000 millones), es el tercero más alto de la OTAN en relación con el PIB tras los de Estados Unidos y Reino Unido (y medio punto porcentual superior a Turquía, mucho más extensa y con un PIB mayor).

A comienzos de este siglo la inversión griega rondaba el 3%, y la compra de material militar y equipamiento —a empresas alemanas y francesas, sobre todo— era un negocio tan jugoso que alentó numerosos casos de corrupción de los que pocos acabaron en los tribunales, como el del exministro socialista de Defensa Akis Tsojatzópulos, en la cárcel por cobro de sobornos y lavado de dinero. Ese dispendio, sin embargo, se ha convertido en un modesto monto de 428 millones cada uno de los últimos tres.

La mayor partida son los gastos de personal, el 50% del total (el 70%, antes de la crisis), según el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI). La composición de las fuerzas armadas griegas, un bastión muy conservador, y además muy irritado por los recortes salariales impuestos en 2012 por el entonces primer ministro Andonis Samarás —y declarados no inconstitucionales en 2014—, obliga a Tsipras a andarse con pies de plomo a la hora de meter nuevamente tijera en este ámbito.

La peliaguda situación geográfica del país, a horcajadas entre Europa y Asia, entre los Balcanes y Turquía, le confiere una importancia estratégica singular pero también lo enfrenta a un sinfín de riesgos, acrecentados en los últimos tiempos por la amenaza yihadista, las guerras en Siria o Irak o incluso el polvorín de Libia, de ahí el continuismo del Gobierno de Tsipras en política de Defensa, secundado por el Fondo Monetario Internacional, cuyas reglas excluyen exigir recortes militares como parte de un programa de rescate. Entre los asuntos más candentes de la agenda figuran el sempiterno casus belli con Turquía (habituales incursiones en el espacio aéreo o aguas territoriales), la cuestión de Chipre y, en los últimos meses, la presión migratoria, a la que intentan hacer frente el Ejército y la militarizada Guardia Costera.

Ministro entregado

Por todo ello, la defensa en Grecia es una cuestión nacional, pero también nacionalista, y por eso el primer ministro eligió a Panos Kamenos, líder de la derecha soberanista de Griegos Independientes (ANEL, socio de Gobierno de Syriza), para dirigir el ministerio. Kamenos lo hace de una manera tan entregada que luce traje caqui en sus visitas casi diarias a los cuarteles, y además inauguró el cargo realizando una provocadora visita —vestido también con traje de campaña— a Imia, el islote cuya soberanía estuvo a punto de provocar una guerra con Turquía en 1996. El inflamado patriotismo del que el ministro hace gala fortalece en teoría la lealtad de los uniformados al Gobierno.

El entusiasmo de Kamenos ha llegado hasta el extremo de solicitar un programa en la televisión pública dedicado únicamente a las Fuerzas Armadas, o a asegurar, en vísperas del referéndum del pasado domingo, que el Ejército “garantiza la seguridad y la unidad nacionales en estos momentos difíciles”, un comentario que fue tildado de “incitación guerracivilista” por parte de varios analistas locales.

Si Tsipras se ve obligado a recortar más gasto público para cerrar un hipotético acuerdo, todas las fuentes consultadas se inclinan a creer que lo hará salvaguardando el statu quo militar, y a costa de rebanar presupuestos en otras partidas sociales.

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