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Jamenei mantiene la ambigüedad sobre el pacto nuclear

Partidarios y oponentes del acuerdo se agarran a los discursos del líder supremo

El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, durante un discurso en junio en Teherán.
El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, durante un discurso en junio en Teherán. EFE

Los altos responsables iraníes siempre subrayan que el ayatolá Ali Jamenei, el líder supremo de Irán, tiene “la última palabra” del régimen en las negociaciones nucleares con las seis potencias. Sin embargo, sus pronunciamientos al respecto permiten múltiples interpretaciones. Cada sector político se aferra a diferentes pasajes de sus alocuciones para justificar posturas a menudo contrapuestas. ¿Está el líder supremo a favor o en contra del pacto?

En su último discurso, la semana pasada, Jamenei volvió a elogiar a los negociadores iraníes, de quienes dijo que eran “dignos de confianza, valientes, firmes y devotos”, aunque también afirmó que “es posible que se equivoquen en su discernimiento y actuación”. “Mi apoyo no debe ser considerado como un obstáculo para las críticas, no estoy en contra de criticarlos, incluso lo veo algo necesario”, apuntó en otro pasaje suscitando la inquietud de los observadores.

Durante su intervención muchos ojos estuvieron puestos en el expresidente Mahmud Ahmadineyad, que por primera vez desde que saliera del Gobierno hace dos años se sentaba junto al líder supremo. Este gesto recordaba el apoyo incondicional del máximo cargo iraní a las duras posturas del expresidente en el asunto nuclear, que motivaron las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

¿Estaba autorizando el líder a que los enemigos del diálogo nuclear se lanzaran contra el equipo negociador, y por ende contra el Gobierno de Hasan Rohaní? ¿Era un mensaje para las potencias? Los iranólogos se lanzaron a especular. Desde la Secretaría de Estado norteamericana se zanjó el asunto diciendo que los negociadores occidentales prefieren “concentrarse en lo que pasa en las salas de reuniones”.

Los ultraconservadores iraníes ven con mucho recelo cualquier acercamiento a Occidente, y en particular a EE UU, verdadero interlocutor de Irán en ese diálogo en el que también participan China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania. Desde que se consensuó el Plan de Acción en noviembre de 2013, tanto quienes critican como quienes apoyan al ministro de Exteriores y jefe negociador iraní, Mohammad Javad Zarif, han recurrido a las declaraciones del líder supremo para legitimar sus posturas. Ante esa polarización, la calculada ambigüedad de Jamenei ha intensificado las discrepancias.

El proyecto de ley para la protección de los logros nucleares, que el Parlamento aprobó la semana pasada es un ejemplo de ello. Para los diputados que apoyaron la propuesta se trataba de una medida para cumplir “las órdenes del líder del sistema”. Desde el campo contrario, se veía como un intento de limitar el poder de Jameneí respecto al programa nuclear. Al final el texto sólo fue aprobado, tras ser modificado y moderado para convertirse en una ley que marca unas líneas rojas muy generales, en las que coincide la mayoría de grupos políticos.

“No estoy en contra de las negociaciones nucleares, pero tampoco soy optimista al respecto”, ha afirmado el líder iraní en varias ocasiones, en un verdadero ejercicio de equilibrismo para satisfacer a todos los sectores. De esta manera, ha evitado expresarse a favor o en contra del proceso y se ha guardado la posibilidad de apuntarse un tanto, independientemente de cuál sea el resultado de estas negociaciones maratonianas que ya han entrado en la recta final.