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China levantará instalaciones militares en sus islas artificiales

Pekín anuncia que terminará "en los próximos días" las obras de fabricación de islotes

Islas artificiales China
Un arrecife en las islas Spratly fotografiado el pasado 11 de mayo. AP

Pekín concluirá en cuestión de días la construcción de algunas de sus islas artificiales en el mar del sur de China y empezará a levantar instalaciones militares en ellas. Sus actividades en zonas en disputa han causado preocupación entre sus vecinos y tensiones entre China y EEUU, que considera que la velocidad a la que ha procedido la segunda potencia mundial y la amplitud de las obras carecen de predecentes. Según Washington, China ha creado más de 800 nuevas hectáreas de superficie terrestre en apenas un año y medio en siete arrecifes de las islas Spratly.

En un comunicado, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino Lu Kang afirmó que “como estaba planeado, el proyecto de construcción de superficie terrestre en algunas islas y arrecifes de las Nansha [el nombre chino de las Spratly] se completará en los próximos días”. Tras finalizar esos trabajos comenzará "la construcción de instalaciones para cumplir los requisitos de funcionamiento necesarios” para sus objetivos civiles y militares, señaló el portavoz.

El ministerio no ha precisado los islotes en los que se terminarán los dragados y empezará la construcción de instalaciones, que según EEUU ya incluyen una pista de aterrizaje y un sistema de radares de alerta aérea rápida en el arrecife Fiery Cross. Tampoco ha proporcionado una fecha concreta o un calendario preciso para comenzar la nueva etapa.

Pekín reclama cada vez con más fuerza la soberanía de las Spratly, Paracel y los bancos de Scarborough, a distancias de hasta 1.300 kilómetros de la costa continental. Media docena de países mantiene reivindicaciones sobre alguna de esas áreas. La disputa, especialmente virulenta con Filipinas y Vietnam, se ha agudizado desde 2012, cuando China incluyó esos territorios en sus “intereses nacionales básicos”, al nivel de Tibet o Taiwán.

China insiste en que la construcción es “legal, razonable y justificada” y “no se dirige contra ningún país, no afecta la libertad de navegación o vuelo… ni ha causado ningún daño al sistema ecológico marino o al medioambiente”, como ha reiterado Lu. Los trabajos tendrán objetivos civiles, como la observación meteorológica o la pesca, pero se complementarán con “las necesidades de la defensa militar”, alega.

Esas necesidades de Defensa son claves para China. Entre sus objetivos prioritarios se encuentra el establecimiento de una Marina militar puntera. Las aguas del sur representan una salida natural para su flota de aguas profundas, en especial, según apunta Tong Zhao, del centro Carnegie-Tsinghua, sus nuevos submarinos atómicos, llamados a ser “la joya de la corona del armamento nuclear” de las fuerzas militares chinas.

Pero EEUU, que ha declarado el pívot hacia Asia Pacífico de su política exterior y defensiva, no ve con agrado que China se haga con el control de un área de intenso tráfico marítimo y por la que atraviesa anualmente un volumen comercial de casi cinco billones de euros en cerca de 50.000 barcos. El 80% de las importaciones chinas y japonesas de productos surca esa zona, cuyo suelo marino también se sospecha que pueda alojar abundantes recursos minerales.

El mes pasado una patrullera china dio órdenes de abandonar el área a un avión espía estadounidense que sobrevolaba las Spratlys. El aparato estadounidense, un P8A-Poseidon - la aeronave de EEUU más avanzada para misiones de vigilancia y de búsqueda de submarinos- hizo caso omiso, alegando que atravesaba espacio aéreo internacional.

Filipinas, un país mucho más débil militarmente que China, ha llevado la disputa sobre la soberanía al arbitraje internacional, un paso que Pekín no acepta. Manila -que, junto a Hanói, también ha llevado a cabo obras de construcción en los islotes que reclama, aunque a una escala mucho menor- teme que Pekín busque crear hechos consumados que influyan en la decisión final de los tribunales.

En Manila, el portavoz del Ministerio de Defensa, Peter Paul Galvez, declaró este martes que “sus actividades, si no se detienen, solo dejarán al mundo más cerca de mayores incertidumbres y de incidentes peligrosos con consecuencias irreparables”.

El mes próximo, el Tribunal de Arbitraje en La Haya celebrará una audiencia para determinar si es competente en la disputa y si los argumentos de Manila merecen su mediación. El anuncio chino sobre la nueva etapa de las obras coincide con el fin del plazo para que Pekín presente argumentos ante la institución.

 

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