Guerra sucia en Sonora

Las elecciones locales de este Estado al norte de México se han convertido en un laboratorio hacia las presidenciales de 2018

Javier Gándara, candidato del PAN en Sonora.
Javier Gándara, candidato del PAN en Sonora.JOSÉ PAZOS FABIÁN (NOTIMEX)

Las elecciones locales en Sonora se han convertido en el laboratorio de las presidenciales de 2018. Gustavo Madero, del PAN y Manlio Fabio Beltrones, del PRI, han usado ese Estado al norte de México, que el domingo elegirá nuevo gobernador, 33 diputados y 72 alcaldes, como escenario de su intensa lucha. En este combate han echado mano de las herramientas más sucias: escuchas telefónicas, calumnias, acusaciones de corrupción y demandas penales.

Claudia Pavlovich, del PRI, podría convertirse en la primera mujer que gobierna un Estado con una larga tradición agrícola y ganadera. La candidata, elegida sobre el aspirante más popular, cuenta con el respaldo de Manlio Fabio Beltrones, el líder del PRI en la Cámara de diputados y uno de los hombres más importantes en el partido en el Gobierno. El político, originario de Sonora y exgobernador del Estado, ha hecho suya esta elección. “Está de coordinador y estratega de la candidata. Su intención es clara y tiene que ver con sus aspiraciones”, dice Guillermo Noriega, un analista local.

Beltrones dejará de ser diputado el próximo septiembre, pero planea un asalto a la presidencia del partido. La elección de Sonora será su primera prueba. “El mando de la campaña le fue concedido a Beltrones. Al Gobierno federal se ha visto muy poco, parece que el proceso de Sonora importa poco al presidente Peña Nieto”, dice Noriega. “César Camacho, el presidente del PRI, no vino al cierre de la campaña de Pavlovich”, apunta el periodista Luis Alberto Medina.

Gustavo Madero, el presidente del PAN, acusó a Beltrones de trastocar las elecciones locales. A lo largo de la campaña el líder de la derecha mexicana imputó a la candidata del PRI de diversos delitos. “Madero ha utilizado como bandera el espionaje político”, señala Medina. El panista presentó conversaciones telefónicas que revelaban supuestos desvíos y desveló un presunto conflicto de interés cuando Pavlovich pidió en una grabación a un empresario que le prestara un avión para ir a Las Vegas.

El presidente del PAN, Gustavo Madero, ha utilizado como bandera el espionaje político Luis Alberto Medina, periodista

Madero pretende que su candidato, Javier Gándara, un exitoso empresario que militó en el PRI hasta 2003, retenga uno de los bastiones del panismo. El gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, es uno de los operadores más importantes del presidente del PAN. “Madero busca construirse un perfil presidenciable hacia el 2018. Su alianza también busca potenciar a Padrés para que tenga cargos en el partido”, señala Noriega.

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El PRI también ha participado en la guerra sucia ventilando diversas sospechas de corrupción del gobernador Padrés. Entre ellas, la de poseer una presa ilegal en su rancho. Sobre Gándara también pesan acusaciones de corrupción por la compra fraudulenta de terrenos mientras era alcalde de Hermosillo, la capital del Estado.

“Esta es la campaña más sucia que hemos visto en Sonora”, afirma Medina. Ambos partidos usaron el espionaje telefónico, las calumnias e incluso entraron en territorios personales y familiares. Las acusaciones se hicieron virales en las redes sociales manchando los nombres de los candidatos. “Se rebasaron todos los límites. Nunca ha habido una elección tan convulsa”.

La izquierda carece de peso en Sonora. Ni Andrés Manuel López Obrador, de MORENA, ni Carlos Navarrete, del PRD, los líderes de los partidos, fueron a respaldar a sus candidatos en sus cierres de campaña.

La guerra sucia ha creado un lodo turbio y denso que hace imposible dar un ganador claro de la contienda. Todos los sondeos publicados arrojan un empate técnico de los candidatos del PRI y el PAN. La incertidumbre marca una apuesta que definirá la carrera hacia el 2018. Hasta ahora el mensaje es claro: todo vale en la lucha por el poder.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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