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Responsables de Cuba Posible: “El Papa legitimará la distensión”

Roberto Veiga y Lenier González, responsables de la plataforma Cuba Posible, analizan el significado de la visita de este domingo de Raúl Castro al Vaticano

Manifestación en La Habana el 1 de mayo.
Manifestación en La Habana el 1 de mayo. EFE

Para Roberto Veiga y Lenier González, la visita del papa Francisco a Cuba en septiembre sellará el proceso iniciado el 17 de diciembre con el anuncio de la normalización de relaciones entre Estados Unidos y la isla.

Los responsables de Cuba Posible, una plataforma de análisis creada por los antiguos editores de la revista de la Iglesia católica cubana Espacio Laical, que durante años sirvió de centro de debate de diversas visiones sobre el futuro político de la isla, visitaron esta semana Washington. Ahí les sorprendió la noticia de que el domingo el presidente cubano, Raúl Castro, visitará al Papa.

Pregunta. ¿Qué significa la visita de Raúl Castro al Vaticano?

Lenier González. El encuentro ratifica la importancia política que el Vaticano y Cuba le confieren a la visita del Papa a la isla en septiembre, en el contexto de la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La visita de Raúl es la mejor antesala posible para la peregrinación del Pontífice a Cuba que será, sin duda, histórica.

P. El Papa ha sido uno de los mediadores clave entre Cuba y EE UU. ¿Qué puede aportar su visita al proceso iniciado ese día?

L. G. Para los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el apoyo de Francisco constituye un blindaje moral y político de primer nivel. Y para Francisco, la visita a Cuba constituirá un apoyo radical a la distensión entre Cuba y Estados Unidos, y entre cubanos.

Roberto Veiga. El Papa va a legitimar el proceso de restablecimiento de relaciones entre los dos gobiernos y el proceso que se está viviendo dentro de Cuba. Va a legitimar los anhelos y las necesidades del pueblo cubano y toda la metodología de la distensión, que es el único camino para conducir los intereses y las gestiones de los poderes en beneficio del pueblo.

P. ¿Pero cómo sigue el camino en Cuba? ¿Pueden los que llevan más de medio siglo en el poder liderar el proceso de cambio?

L. G. El debate es complejo; en los 90 había dos polos: partido único y economía estatal por un lado, y pluripartidismo y economía privada por el otro. En 2015, el abanico de propuestas es casi inmenso y requiere de un proceso de concertación y diálogo ampliado. Yo no sabría responder cuál es el modelo, pero sí que se deben tener en cuenta los grandes consensos que atraviesan la vida nacional, con la necesidad cada vez más amplia de un espacio público abierto para que el país, soberanamente, debata esas opciones. Eso sí sigue faltando, al menos con la intensidad requerida. Y es una condición indispensable para poder consensuar el modelo, que no tiene por qué parecerse al de nadie, simplemente tiene que armar mecanismos de representación que tengan en cuenta las circunstancias cubanas.

R. V. No es fácil, porque hay errores en todas partes y somos muy temerosos de cometer nuevos errores.

De izquierda a derecha, Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, Lenier González y Roberto Veiga.
De izquierda a derecha, Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, Lenier González y Roberto Veiga.

P. ¿Pero hay consenso en que debe cambiar el statu quo?

R. V. Eso lo sabe todo el mundo

P. ¿Y Raúl Castro tiene la fuerza y el liderazgo para encabezar ese cambio?

R. V. Raúl dice que hay que cambiar la economía y las relaciones internacionales para mantener el sistema. Ellos hacen una distinción entre sistema y modelo. Él no niega que hay que cambiar el modelo, y habla entonces parcialmente de que hay que reformar las dinámicas del parlamento, de que hay que descentralizar los poderes ejecutivos… Y va transformando la institucionalidad política.

L. G. Raúl es un hombre que se ha caracterizado por no mostrar la estrategia, hacia dónde conduce la transformación que vive el país. La gran noticia para política interna del 17-D es justamente esa, que en torno a él hay un grupo de hombres dispuestos a hacer lo que haya que hacer para garantizar el tránsito al futuro. Por supuesto que ellos se asumen como actores protagónicos de ese futuro, es por eso que no hablan de una transformación política, pero la transformación será porque el país necesita gobernarse de una manera distinta.

La legitimidad de esos actores, que viene de haber ido a Sierra Maestra, esa legitimidad en sus herederos, en quienes sean los encargados de conducir a Cuba en el futuro tiene que construirse de otra manera, desde otras instituciones. El modelo de partido único, de economía estatal, que se implementa en Cuba en 1976 y que no fue reformado cuando tenía que ser reformado, cuando cayó el campo socialista, ha enajenado al Gobierno de las aspiraciones populares y de los imaginarios de los jóvenes cubanos, y se corre un riesgo muy alto por parte del Gobierno cubano si no se transforma este estado de cosas.

P. ¿Es entonces una transformación inevitable?

L. G. Yo creo que sí. Un ajuste del modelo, de la institucionalidad, es inevitable.

R. V. Pero no es que va a ser, lo está siendo ya. Después del 17-D, los nudos acabaron de desatarse por completo. Se habían ido suavizando y ya están completamente desatados. Ahora solo queda construir.