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Con o sin acuerdo, la batalla por el programa nuclear de Irán continúa

No es descartable que las negociaciones continúen unas semanas o meses y con ellas el cruce de acusaciones

El secretario de Estado de EE UU, John Kerry.
El secretario de Estado de EE UU, John Kerry. AFP

Haya o no haya un acuerdo en Lausana (Suiza) esta noche sobre el programa nuclear iraní, la batalla política está lejos de terminar y la amenaza de un Irán armado con la bomba atómica seguirá planeando durante años sobre Oriente Próximo.

Si las negociaciones de Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia con Irán fracasan, sonará la hora de buscar culpables. Irán responsabilizará a EE UU y EE UU a Irán. Pero las acusaciones circularán en otra direcciones.

En Washington, la Administración Obama, que se ha jugado parte de su crédito internacional en la iniciativa, culpará al Congreso, de mayoría republicana, por su activismo a la hora de torpedear el acuerdo. Los republicanos del Congreso y algunos halcones demócratas verán ratificadas sus sospechas de que se encuentran ante un presidente bisoño, un líder inocente que se ha dejado engañar por un adversario malévolo. Es posible que se intercambien reproches similares Obama y primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aliado de los republicanos en el frente contrario al acuerdo.

También en Teherán harán reproches internos, según vaticina el profesor Nader Habibi, de la Universidad de Brandeis. “Si las negociaciones se abandonan sin ningún acuerdo en junio de 2015, será un revés político duro para Rohaní”, escribe en un foro de debate del Belfer Center de la Universidad de Harvard. El presidente Hassan Rohaní verá su autoridad cuestionada por la facción más intransigente del régimen. La posibilidad de nuevas sanciones que ahoguen la economía le debilitará.

A uno y otro lado, en Washington, Jersualén o Teherán, las voces belicistas se escucharán con más fuerza. Pese a la retórica, nadie plantea por ahora una guerra contra Irán, pero, como escribe en el mismo foro el profesor de Harvard Graham Allison, “Estados Unidos e Irán volverán a lo que ya hacían antes de la congelación [del enriquecimiento de uranio] del acuerdo interino [firmado en noviembre de 2013]: Irán instalando [centrifugadoras] y EE UU sancionando [a Irán]”.

Con el Congreso de EE UU dispuesto a incrementar las sanciones y Obama con pocos argumentos para frenarlas, las dificultades de la economía iraní pueden agravarse, según los expertos citados. Irán, sin inspectores que vigilen su programa nuclear, “avanzará más acerca del objetivo nuclear”, vaticina Allison.

“Como la admisión del fracaso sería peor para ambas partes que continuar las negociaciones, mi apuesta es que las negociaciones continuarán, como mínimo, hasta junio”, concluye.

No es descartable, como señala Allison, que las negociaciones continúen unas semanas o meses y con ellas el cruce de acusaciones: para los republicanos y Netanyahu, el acuerdo permite a Teherán acceder a la bomba; para Obama, pactar es la mejor garantía para impedir un Irán nuclear.

Pero la batalla tampoco termina aunque en las próximas horas o días EE UU y las potencias internacionales lleguen a un acuerdo de principios para levantar las sanciones a Irán. Nuevos frentes se abrirán. Aunque Obama defiende que puede firmar el acuerdo unilateralmente, el Congreso prepara una serie de iniciativas para impedir que, como mínimo, obligarán al presidente a una intensa labor de persuasión.

La interpretación de lo pactado será otro problema. Las partes tendrán hasta finales de junio para afinar la letra pequeña y ahí pueden surgir otros obstáculos.

Otro factor que Obama no puede controlar: la reacción de Israel y de los aliados suníes de EE UU como Arabia Saudí, asustados ante la perspectiva del Irán chií legitimado ante las potencias mundiales, liberado de las sanciones y envalentonado en su expansionismo regional.

El acuerdo que se negocia en Lausana tendría una vigencia de entre diez y quince años. A partir de entonces, las restricciones sobre el programa nuclear iraní se levantarían. Pero incluso antes de vencer este plazo, si Irán decidiese romper el acuerdo, podría conseguir la bomba en el plazo de un año. La posibilidad de un Irán nuclear no desaparecerá definitivamente. Lausana no es el punto final.