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Alemania, Francia e Italia se unen a un banco asiático creado por China

El proyecto busca modificar el orden financiero de las últimas décadas

El ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, clave en el deshielo entre EE UU y China en 1972, ha sido recibido este martes en Pekín por el presidente chino Xi Jinping (en la foto). “No hubiera imaginado que vería un día a China y EE UU discutiendo juntos sobre la paz”, dijo tras la recepción. Ampliar foto
KISSINGER, EN PEKÍN.  El ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, clave en el deshielo entre EE UU y China en 1972, ha sido recibido este martes en Pekín por el presidente chino Xi Jinping (en la foto). “No hubiera imaginado que vería un día a China y EE UU discutiendo juntos sobre la paz”, dijo tras la recepción. efe

En el delicado juego de ajedrez que representan EE UU y China por el control del sistema financiero internacional, Pekín se ha apuntado un jaque importantísimo. Una semana después de que lo hiciera el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia desafiaron este martes las objeciones de Washington y anunciaron su participación en el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB), una de las entidades que promueve Pekín como alternativa a las instituciones multilaterales actuales.

“Francia, Alemania e Italia, en estrecha colaboración con los socios europeos e internacionales, tienen la intención de colaborar con los miembros fundadores del AIIB para construir una institución que siga los mejores principios y las mejores prácticas en materia de gobernanza y de políticas de salvaguarda, de sostenibilidad de la deuda y de contratos”, indicó en un comunicado el Tesoro italiano. Los Ministerios de Finanzas alemán y francés confirmaron la adhesión en términos similares.

El banco, lanzado en octubre pasado, contará con un capital inicial de 50.000 millones de dólares (47.000 millones de euros). Con sede en Pekín, está previsto que comience a funcionar este año y tendrá como misión financiar proyectos de infraestructura en Asia, un sector donde se calcula que las inversiones necesarias en la próxima década rondarán los ocho billones de dólares.

La adhesión europea, todo un símbolo del cambio en la realidad económica global, representa un importante triunfo para China. No solo los países europeos han puesto de manifiesto su preferencia por colaborar con la República Popular y atraer sus inversiones en lugar de implicarse en una guerra fría política e ideológica, apunta Gauri Khandekar, del centro de estudios FRIDE en Bruselas, sino que Pekín “emerge como la sangre nueva de la economía internacional, que busca un cambio y sus ideas no son necesariamente malas”.

Fuentes diplomáticas españolas indicaron que el Gobierno aún no ha adoptado una decisión y que esta corresponderá, sobre todo, al Ministerio de Economía. No obstante, Exteriores es en principio partidario de que España forme parte del núcleo fundador, al igual que Reino Unido, Italia, Francia y Alemania.

Pekín, ya convertida en la segunda economía del mundo, ha presionado durante años en favor de reformas de las instituciones multilaterales que reduzcan la cuota de poder estadounidense en favor de economías emergentes. Pero la resistencia del Congreso de EE UU, dominado por los republicanos, las ha bloqueado hasta ahora, generando frustración entre los europeos y países emergentes y motivando las propuestas alternativas de China.

En una audiencia este martes en el Congreso de EE UU, el secretario del Tesoro, Jack Lew, advirtió contra esa inacción estadounidense. Los retrasos “están causando que otros países, incluidos algunos de nuestros aliados, pongan en duda nuestro compromiso con el FMI y otras instituciones multilaterales... Nuestra credibilidad internacional y nuestra influencia están siendo amenazadas”.

Durante meses, la Casa Blanca había presionado para evitar que sus países aliados se sumaran a un proyecto que percibe como rival del Banco Mundial —donde EE UU es la nación que mayor capital aporta— y del Banco Asiático de Desarrollo, que tiene a Japón como socio principal. Washington alega temores a que la nueva institución sea más laxa a la hora de conceder créditos a proyectos de viabilidad dudosa o que no respeten los derechos laborales o el medioambiente.

En una declaración que equivale a reconocer la derrota, el secretario de Estado adjunto de EE UU para Asia Pacífico, Daniel Russell, declaró en Seúl que “cada país puede decidir por sí mismo si la manera de conseguirlo es adhiriéndose antes de que se hayan aclarado los términos del acuerdo o bien esperando a ver qué aspecto tienen las cosas una vez que el banco comience a funcionar”, declaró el alto funcionario norteamericano.

Según China, 27 países ya han presentado su candidatura como países miembros, entre ellos India, Filipinas o Tailandia. Australia, que inicialmente siguió la línea estadounidense, ha dicho que decidirá “pronto” si pide el ingreso. El plazo para solicitarlo finaliza el día 31. La agencia china, Xinhua, ha apuntado que Suiza, Luxemburgo o Corea del Sur —que inicialmente tampoco aceptó la invitación china— también podrían estar interesadas.

Para Alice Ekman, investigadora del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), la adhesión de los europeos representa “un hito”. “Da más peso a una institución encabezada por China, que se percibe como una alternativa a las instituciones lideradas por EE UU o Japón”.

El AIIB es el proyecto más avanzado de la serie de instituciones promovidas por China ante la falta de reformas en las entidades actuales. El año pasado se lanzó el Nuevo Banco de Desarrollo o Banco de los BRICS. “Se está dando un verdadero giro hacia un nuevo orden mundial”, en el que China emerge como líder en el diseño de un nuevo sistema económico que rivalice con el de Breton Woods, opina Khandekar, y en el que estarán integrados los países europeos, precisamente los arquitectos del viejo modelo.