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La Autoridad Palestina rompe los pactos de seguridad con Israel

Abbas suspende los últimos lazos de cooperación en plena campaña electoral israelí

Ahmad Abdelrahman, este jueves.

Después de acaparar la agenda política de las legislativas del día 17 con su polémico discurso ante el Congreso de EE UU, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha dejado patente que la seguridad en Israel es el eje de su campaña. Su esfuerzo ha sido recompensado. Los últimos sondeos asignan al líder del Likud una ligera mejoría tras su intervención en el Capitolio. Aun así, el líder del centroderecha queda empatado (25 de los 120 escaños de la Kneset o Cámara) con sus rivales aliados en la Unión Sionista: el laborista Isaac Herzog y la centrista Tzipi Livni, que han dirigido su programa hacia el debate social y económico. Pero de la cuestión palestina, ligada al nacimiento mismo del Estado judío en 1948, nadie parece querer hablar en unas elecciones marcadas por la amenaza iraní y los problemas domésticos.

Nada más apagarse el eco de Netanyahu en Washington, el presidente palestino, Mahmud Abbas, convocó al Consejo Central de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en una sesión que se cerró este jueves en Ramala con la decisión de cortar los últimos lazos con Israel que aún se mantienen tras los Acuerdos de Oslo de 1993. “No va a quedar más remedio que reajustar la cooperación de seguridad con Israel”, reconocía Kamal al Sheik, miembro del Consejo de Fatah, el partido de Abbas.

Los contactos entre los servicios de seguridad palestinos e israelíes, que han contribuido a impedir atentados y a rebajar la tensión, se van a romper, precisaba una fuente de la OLP en Ramala, “pero se van a reconsiderar tras los comicios”. El propio presidente de la Autoridad Palestina acusaba el miércoles a Israel de chantajear a su Gobierno al suspender desde diciembre la transferencia de los tributos que recauda en su nombre por un monto que alcanza ya 450 millones de dólares (409 millones de euros). La transferencia de tributos representa las dos terceras partes de los ingresos presupuestarios, de manera que los 140.000 funcionarios palestinos han visto rebajados sus sueldos en un 40 %.

“La Autoridad Palestina se ha mostrado reacia a cortar los últimos lazos con Israel, pero necesita hacer un gesto de firmeza ante la población que se ve afectada por la reducción salarial”, argumenta Said Zidani, profesor de la Universidad Al Quds y analista político.

Una lista única intenta concentrar el voto árabe para condicionar pactos

El Ejecutivo de Netanyahu tomó la medida de bloquear los fondos de los tributos inmediatamente después de que el Gobierno palestino solicitase su adhesión al tratado que rige la Corte Penal Internacional (CPI), que se hará efectiva el próximo 1 de abril. “No vamos a presentar formalmente ninguna demanda contra Israel”, revela una fuente consultada en la OLP, “pero contamos con que el tribunal actúe de oficio, después de abrir una investigación, respecto al conflicto registrado en Gaza el pasado verano”. Los analistas de Ramala entienden que, aunque Israel no ha suscrito el Estatuto de Roma de 1998, constitutivo de la CPI, la justicia penal internacional puede examinar hechos ocurridos en un territorio palestino, como Gaza.

Mahmud Abbas también saludó en su discurso del miércoles ante el máximo órgano entre congresos de la OLP la presentación de una lista conjunta árabe en las elecciones legislativas de Israel. “Les deseamos un gran éxito. No se trata de una interferencia [en la política israelí], sino de nuestro derecho a apoyarlos como miembros de una misma nación”, advirtió el presidente palestino.

Los árabes con nacionalidad israelí representan un 20 % de la población y en torno a un 15 % de los votantes. La lista de unidad está integrada por tres partidos árabes y un cuarto árabe-israelí. “Los sondeos le asignan una horquilla de entre 10 y 15 escaños, en función de la participación de los votantes árabes en las urnas”, explica el profesor Zidani. “Parece claro es que será casi imposible bloquear la reelección de Netanyahu para un tercer mandato consecutivo sin contar con el grupo árabe de Kneset”.

No se trataría en ningún caso de formar una coalición del centroizquierda sionista con el grupo árabe, que rechaza la definición de Israel como Estado judío, sino de que apoyara sin entrar en el Gobierno la investidura de Herzog como alternativa a Netanyahu. “Los partidos árabes no han tenido más remedio que aliarse para sobrevivir”, puntualiza Gideon Raat, analista electoral y profesor de Ciencia Política de la Universidad Hebrea. “El Gobierno saliente de centroderecha les ha obligado a ello al subir el listón mínimo que permite el acceso al Parlamento del 2 % al 3,25 % de los sufragios”, añade.

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