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Beppe Grillo, una fuerza a la deriva

La decisión de mantener sus principios, como no pactar con nadie en Italia, causa perplejidad y bajas en el Movimiento 5 Estrellas, que pierde apoyo ciudadano

Grillo, en una protesta en Palermo, en 2014.
Grillo, en una protesta en Palermo, en 2014.

El triunfo en Grecia de Syriza y el vertiginoso ascenso en España de Podemos vuelven la mirada hacia Italia, donde el Movimiento 5 Estrellas (M5S), liderado por el cómico Beppe Grillo, fue el primero en convertir el descontento hacia los políticos de siempre en un gran éxito electoral al grito de “todos a casa”.

En las elecciones legislativas de 2013, Grillo —que ya había conquistado algunas alcaldías importantes y un gran resultado en Sicilia— logró casi nueve millones de votos que se tradujeron en 109 diputados (de 630) y 54 senadores (de 315). Aquellos 163 parlamentarios que decidieron cobrar solo 3.000 de los 14.000 euros mensuales que les correspondían y rechazar los 42 millones de euros de financiación pública llamaron enseguida la atención por su juventud —28 años de media— y por su absoluta falta de experiencia en política. Había una tercera característica que los convertía en bichos raros no solo de la política, sino también de Italia, donde todo es susceptible de ser negociado: decidieron no pactar con nadie, ni siquiera a cambio de jubilar definitivamente a Silvio Berlusconi. Dos años después, aquella decisión fundacional —¿integridad o integrismo?— se traduce, según las urnas y las encuestas, en una pérdida continua de votos y en grescas internas que han provocado la expulsión o el abandono de 18 diputados y 18 senadores.

La caída del M5S

En las elecciones legislativas de 2013, el Movimiento 5 Estrellas (M5S), liderado por el cómico Beppe Grillo, logró casi nueve millones de votos, que le permitieron obtener 109 diputados (de 630) y 54 senadores (de 315).

La media de edad de los parlamentarios era entonces de 28 años.

Los diputados y senadores decidieron cobrar 3.000 euros en lugar de los 14.000 que les correspondían.

El partido renunció a percibir 42 millones de euros que debía pagarle el Estado por sus resultados electorales.

Dos años después de las elecciones de 2013, las encuestas vaticinan al M5S una importante pérdida de votos. Además, 18 diputados y 18 senadores han dejado el partido o han sido expulsados.

Uno de sus máximos dirigentes, el diputado Alessandro Di Battista, y uno de los represaliados, el senador Luis Alberto Orellana, analizan la deriva del M5S, mientras el prestigioso sociólogo Domenico De Masi recurre a Séneca para explicar el momento actual: “Ningún viento es favorable para el marinero que no sabe a dónde quiere ir”.

La primera decepción de una parte de su electorado —y también de algunos de sus parlamentarios electos— llegó cuando, a principios de 2013, decidieron no pactar con el Partido Democrático (PD) un gobierno de centroizquierda que eliminara del paisaje a Berlusconi. El diputado Di Battista, de 35 años, no se arrepiente: “Si yo, antes de lanzar mi candidatura en el M5S, hubiese leído en su programa que iban a hacer alianza con esos partidos, jamás hubiese sido candidato. La razón es sencilla: el PD, al que llegué a votar, me había traicionado demasiadas veces. Y, además, yo pedí votos para el M5S diciéndole a la gente que nunca pactaríamos. Nuestra misión es controlar el sistema, alumbrar al ladrón para que robe menos. Si Berlusconi sigue vivo es culpa de ellos”.

Pero aquella negativa a tender puentes provocó las primeras rupturas cuando, para formar gobierno, Matteo Renzi llamó a consultas a Beppe Grillo y éste le dio —en vivo y en directo— con la puerta en las narices. “Yo fui expulsado en febrero del año pasado”, explica el senador Orellana, de 53 años. “En aquel encuentro, Grillo fue muy agresivo y algunos compañeros quedamos muy decepcionados porque ni siquiera nos dejó hablar. Así lo expresamos y nos expulsó —primero a cuatro y luego a cinco más— de forma totalmente antidemocrática”.

Aquellas expulsiones y otras que se produjeron después tienen, según Alessandro Di Battista, una razón muy clara: “Tenemos que tener los ojos muy abiertos. Cuando sacamos a algunas personas es porque tenemos la duda de que hayan sido captadas por el sistema, porque empiezan a portarse como viejos políticos. Si estás mucho tiempo aquí, te vuelves como ellos”.

Para el díscolo senador Orellana no es todo tan fácil: “La fuerza del M5S se basa en un mensaje muy simple: todos los demás son corruptos, malos, ladrones… Los únicos buenos somos nosotros. Es algo casi infantil. Se prometen soluciones fáciles a problemas complejos. Pero no es así. Y algunos lo entendimos cuando llegamos a las instituciones. Hay diferencias entre los partidos e incluso dentro de los partidos”.

Del 25% de los votos que el M5S logró en las elecciones generales de 2013 —fue el partido más votado— bajó al 21% en las europeas de 2014, en las que Renzi acudió al rescate del PD, y los sondeos posteriores muestran un débil pero continuo declive. No obstante, según el diputado Di Battista, sus bases por la honestidad siguen estando ahí, aunque la sangría de diputados es continua, y hacia ellos no hay piedad que valga. “Yo lo pasé bastante mal”, recuerda el senador Luis Alberto Orellana, “me mandaron un sobre con unas balas como amenaza de muerte. Me rompieron el coche. No fue fácil. Y ahora ha vuelto a pasar con otros nueve compañeros”.

Para el sociólogo Domenico De Masi, al partido de Grillo le sucede lo que a buena parte de la sociedad: “El M5S es hijo de la ausencia de modelo. Son en su mayoría jóvenes, descontentos con la situación actual, a la búsqueda de un gurú que les marque una estrategia, pero este gurú sabe solo la táctica. Sabe indicar las batallas, pero no la guerra. Y esta es su tragedia. Estos jóvenes flotan sobre una fuerza sin potencia. Y es una desgracia, porque son la fuerza intelectualmente más honesta. Beppe Grillo se ha encontrado con que tiene que gestionar la fuerza más combativa sin tener una estrategia. Es un marinero que no sabe dónde quiere ir”.

Un mensaje a Pablo Iglesias

Dice el diputado Alessandro Di Battista que le gustaría mandar un mensaje a Pablo Iglesias: “El poder se va a defender. Actualmente, el poder no te mata físicamente, pero te mata a través de los medios, e infiltrándose en tus propias filas”. Di Battista es uno de los cinco diputados que parten el bacalao en el M5S, después de que Beppe Grillo haya adoptado en los últimos tiempos una actitud guadianesca, tal vez fruto del cansancio o de la batalla continua con unos medios de comunicación a los que consideró, desde el principio, parte fundamental de la casta. La figura histriónica y vociferante del cómico ha ido dejando paso al perfil más amable de Di Battista y de sus jóvenes compañeros, que esperan ganar peso político y visibilidad para las generales de 2018. “Pero es él”, lo defiende el joven diputado, “quien sigue llenando las plazas de gente, quien les sabe hablar al corazón. ¿Quién si no consiguió los casi nueve millones de votos? Es una persona honesta, valiente, que dice su opinión en el blog, pero que a los parlamentarios nos deja actuar con autonomía”.

Para el senador Luis Alberto Orellana no está tan claro: “El control del M5S es absoluto por parte de Grillo y de su amigo Gianroberto Casaleggio [el cofundador del movimiento]. Son ellos quienes manejan todo, tienen un control total. Al menos al principio, algunos diputados iban de Roma a Milán a recibir órdenes y luego imponían la decisión de los jefes de una forma poco transparente. A pesar de la transparencia que predican, no hay democracia interna”.

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