Un fallo en los motores es la posible causa del accidente aéreo de Taipei

El cuerpo del piloto, fallecido en el siniestro, aún estaba aferrado a los mandos del avión

Operación de búsqueda de las personas desaparecidas.
Operación de búsqueda de las personas desaparecidas.Wally Santana (AP)

Un problema con los motores parece ser, según los datos iniciales que arrojan las cajas negras, la causa del accidente de un avión de las líneas aéreas taiwanesas TransAsia el miércoles en Taipei, en el que murieron al menos 35 personas y ocho se encuentran aún desaparecidas. El vuelo GE235 transportaba a 58 personas -5 tripulantes y 53 pasajeros- en ruta a la isla de Kinmen.

La investigación preliminar del Consejo de Seguridad en la Aviación de Taiwán ha encontrado que uno de los dos motores del avión, el derecho, perdió potencia dos minutos después del despegue. Una señal de alerta comenzó a sonar en la cabina de mandos. En sí, el fallo no hubiera significado una catástrofe: el aparato siniestrado, un ATR72-600, está diseñado para volar con un solo motor. Pero por razones que se desconocen alguien apagó manualmente el motor que aún funcionaba. La aeronave perdió impulso y empezó a caer rápidamente. Los pilotos intentaron frenéticamente encender de nuevo el motor, pero éste nunca llegó a alcanzar la potencia suficiente.

En una rueda de prensa en Taipei, el Consejo de Seguridad de la Aviación de la isla rechazó dar razones acerca de por qué los pilotos apagaron el motor operativo. “Aún no hemos llegado a ninguna conclusión”, declaró el director del organismo, Thomas Wang. Los medios taiwaneses, sin embargo, han comenzado a apuntar la posibilidad de un error humano.

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El piloto, Liao Chien-Tsung, de 42 años y fallecido en el accidente, hizo todos los esfuerzos posibles por evitar las zonas densamente pobladas en torno al aeropuerto. Las imágenes captadas de la caída muestran cómo el avión dio dos giros bruscos en su descenso para evitar chocar contra edificios. Finalmente, tras precipitarse contra un puente elevado y golpear a un taxi, cayó al río Keelung. Cuando encontraron el cuerpo de Liao, mostraba graves fracturas en las piernas. Pero sus manos aún estaban aferradas a los mandos, en un intento desesperado hasta el último momento de controlar el aparato.

“Luchó por seguir aferrado al mando hasta el último momento antes de que el avión se precipitara al río, en un intento de controlar su dirección y reducir el número de víctimas”, afirma el periódico taiwanés China Times, que cita a investigadores del caso. “Intentó controlar los mandos hasta el último momento, para evitar caer sobre los residentes de la ciudad”, declaró el viceprimer ministro taiwanés, Wu Den-Yih, en una visita a la funeraria donde se encuentran varios de los cuerpos.

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Pero mientras llueven los elogios sobre Liao, se acumulan las sospechas sobre la aerolínea. El jueves ya se daba a conocer que el avión había tenido problemas en un motor en su vuelo de entrega y tuvo que hacer escala en Macao para que los técnicos de TransAsia lo cambiaran. Este viernes la Autoridad de Aviación Civil (CAA) taiwanesa ha dado a conocer que el pasado diciembre la compañía aún incumplía un tercio de las mejoras que se le habían exigido tras el accidente de otro de sus aviones en julio pasado, en el que murieron 48 personas cuando el aparato intentaba un aterrizaje de emergencia en medio de una fuerte tormenta en la isla de Penghu.

“A finales de diciembre, la compañía aún no cumple en torno a un tercio de los requisitos que exigían que la compañía mejorara, especialmente sobre seguridad aérea así como formación de su personal y evaluación de su actuación”, afirmó el jefe de la división de estándares de vuelo de la CAA, Clark Lin, citado por la agencia AFP. La compañía tiene aún un plazo de cinco meses para aplicar esas medidas.

Por el momento, la CAA ha ordenado una inspección especial de los 22 aviones similares al siniestrado propiedad de las líneas aéreas taiwanesas. Y ha prohibido a TransAsia optar a nuevas rutas aéreas durante un año.

Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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