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Continúan desaparecidas 98 personas que viajaban en el ferri italiano

El capitán se enfrenta a la acusación de naufragio imprudente y homicidio imprudente

Traslado de uno de los supervivientes en el incendio del ferri.
Traslado de uno de los supervivientes en el incendio del ferri.

Cuatro días después de que se declarase el incendio a bordo del ferri Norman Atlantic sigue sin saberse nada de 98 personas. Según ha precisado el fiscal jefe de Bari, Giuseppe Volpe, de las 179 a las que se había perdido la pista el martes solo 80 náufragos han llegado a Grecia a bordo de un buque mercante privado que había apoyado las labores de rescate en el Adriático. Y no se tiene noticia de que haya más pasajeros evacuados en ninguna otra nave, ya sea en aguas italianas, griegas o albanesas, donde todavía está lo que queda del ferri, a la espera de ser remolcado a Brindisi (Puglia) en cuanto las condiciones meteorológicas lo permitan.

Lo que sí se da por cierto a estas horas que es que aparecerán más cadáveres en las bodegas de la embarcación: los de un número indeterminado de inmigrantes clandestinos embarcados en Grecia con destino a Italia (el ferri cubría el trayecto Patras-Igoumenitsa-Ancona) que podrían haber quedado atrapados por las llamas. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, era el primero en reconocer el lunes en rueda de prensa la posibilidad de que viajaran escondidos en los bajos de los más de un centenar de camiones que transportaba el ferri. Tres de ellos (dos afganos y un sirio) han podido ser rescatados y aseguran que, como ellos, al menos una decena de clandestinos se lanzaron al mar escapando del fuego. Una cifra que se quedaría corta según los testimonios de alguno de los muchos camioneros, en su mayoría griegos, que viajaban en el Norman Atlantic. Todo apunta también a que alguno de ellos, en contra de las más elementales medidas de seguridad, durmiera en la cabina de su vehículo cuando se desató el fuego. Algunos pasajeros aseguran además que los camiones eran tantos y tan voluminosos que algunas cisternas cargadas de aceite tocaban, con el vaivén de la nave en pleno temporal, el techo del garaje.

“Confusión y caos”, “La Nave de los Misterios”: los medios italianos han dejado de elogiar la labor del personal de salvamento, a quienes todos los supervivientes agradecen los esfuerzos realizados, para enumerar las muchas incongruencias de la tragedia del Norman Atlantic. Fuentes de la Guardia Costera italiana daban una cifra inicial de 466 personas a bordo, que después pasaron a ser, oficialmente, 478. Hasta que ayer la Fiscalía de Bari añadía un “overbooking” de 18 pasajeros y los tres clandestinos: en total 499.

Aún más desconcertante es la duda en torno al número de supervivientes: el lunes el Gobierno italiano confirmaba que 427 personas estaban a salvo. 24 horas más tarde, de nuevo la Fiscalía de Bari bajaba la cifra a 310.

Detrás de la frialdad del baile de cifras está el dolor de los familiares de los pasajeros. “Estamos desesperados. Es increíble que hayan pasado ya 60 horas sin que nadie nos haya llamado, ni la Unidad de Crisis ministerial ni la Marina, las únicas noticias nos llegan a través de sus compañeros, es una vergüenza”, se lamentaba desde Sicilia al periódico La Stampa Calogero Mancuso, hijo de Giuseppe Mancuso, 57 años, pasajero del Norman Atlantic del que no se sabe nada desde el domingo. En Nápoles Maria Spina, mujer de Carmine Balzano camionero de 55 años, se queja ante las cámaras de televisión de que Italia tardara horas en tomar el mando de la operación de salvamento porque cuando se declaró el incendio el transbordador “no estaba en aguas italianas”. El domingo por la mañana su marido la llamó desde un bote salvavidas “Mari, hay un problema en la nave… hay un fuego pero yo ya estoy en un bote salvavidas, estate tranquila que vendrán a salvarnos”. Desde entonces, su móvil no da señal. A ella le han pedido que reconozca el cuerpo de una de las víctimas, que podría ser el de Carmine, pero se ha negado: “Me han dicho mis hermanos que les han enseñado la foto de un cadáver que lleva una cadena con una cruz, mi marido es evangélico y no la llevaría, no puede ser él”, explica.

El único número que se mantiene es el de 11 víctimas mortales confirmadas, a las que sumar el fallecimiento el martes por la mañana de dos marineros albaneses cuando intentaban amarrar el transbordador para llevarlo hasta el puerto de Vlorë (en italiano Valona). Y tampoco las circunstancias en las que se produjo este incidente están claras: las autoridades italianas insisten desde el primer momento en que la inspección del interior de la nave forma parte de la investigación, y que por lo tanto corresponde a Italia recuperar el casco de la embarcación.

Los 214 náufragos que llegaron el martes por la noche a Brindisi a bordo del buque militar anfibio San Giorgio tuvieron que responder a las preguntas de las autoridades antes de poder ser trasladados a algún hotel o, en el mejor de los casos, acompañados a su casa. Hay demasiados testimonios que apuntan a que la señal de alarma llegó tarde al pasaje, que ya se había dado cuenta de la presencia de humo al menos una hora antes de escuchar la señal. Y también hay dudas sobre el funcionamiento de los sistemas de seguridad: no todos los pasajeros tenían sitio en los botes salvavidas ni todos los botes fueron echados al agua. También se tomarán los testimonios de los 38 supervivientes desembarcados este miércoles en Taranto (sur de Italia) del buque mercante maltés Aby Jeannette, otra de las naves comerciales que acudieron al May Day lanzado por el capitán del ferri a las 4.30 horas de la madrugada del domingo. Aunque elogiado por haber sido el último en abandonar la nave, Argilio Giacomazzi, de 62 años, ha tenido que responder durante más de cinco horas al fiscal Ettore Cardinali y los oficiales de la Capitanería del Puerto de Bari. Tanto él como el armador del Norman Atlantic se enfrentan a la acusación de “naufragio imprudente” y “homicidio imprudente múltiple” hasta que se logren esclarecer las muchas dudas que rodean la tragedia.