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Raúl sale de la sombra de Fidel

El acuerdo con EE UU fija el perfil propio del hermano menor, quien reafirma el apego al modelo socialista y sus tímidas reformas

El presidente de Cuba, Raúl Castro, asiste a la sesión de clausura de la Asamblea cubana, en La Habana.
El presidente de Cuba, Raúl Castro, asiste a la sesión de clausura de la Asamblea cubana, en La Habana. EFE

Ni una línea en el Granma, ni una foto suya en televisión. Tres días después de que el presidente Raúl Castro anunciase a los cubanos el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la isla y Estados Unidos, hasta este sábado Fidel Castro aún no ha dicho una palabra —por escrito o de viva voz— sobre el acuerdo alcanzado con Washington para superar más de medio siglo de distanciamiento y hostilidades. En este episodio de la historia, Raúl es el protagonista. Y así lo asumen los cubanos, sin mayor aspaviento.

El actual líder cubano volvió este sábado al proscenio con su discurso por el cierre de sesiones de la Asamblea Nacional, en el que reafirmó su compromiso con el socialismo. “No debe pretenderse que, para mejorar las relaciones con Estados Unidos, Cuba renuncie a las ideas por las que ha luchado durante más de un siglo”, dijo. Arropado por el aplauso de sus copartidarios, cerró su discurso con vivas a un Fidel ausente como nunca antes del debate público.

Aun estando alejado de la vida pública, la palabra de Fidel Castro nunca había faltado en forma de memorias o artículos, donde solía referirse a temas tan diversos como la posibilidad de una guerra en Corea o la expansión del universo. “A veces salía en la prensa por lo menos un comentario del comandante. Pero por estos días, nada”, comenta Rodolfo, mientras repara el motor Nissan empotrado en su viejo Chevrolet.

La última de estas notas apareció en el diario Granma el pasado 22 de febrero, cuando visitó La Habana el presidente chino Xi Jinping. Ese mismo día, los medios oficiales difundieron una imagen de la reunión que sostuvo con el presidente Xi, donde se le ve de pie, con la mirada extraviada, sujetando con su mano derecha la muñeca izquierda del presidente chino. Esa es la fotografía más reciente que el Gobierno cubano ha mostrado de él, mientras que la última vez que se le vio en público fue el 8 de enero, cuando asistió a la inauguración de una exposición de arte en La Habana.

Cuando Raúl Castro asumió el poder en 2006, se planteó la duda de si sería capaz de encarar las reformas que requería el Estado cubano mientras su hermano Fidel siguiera con vida. En abril de 2011, el pleno del gobernante Partido Comunista fijó las líneas sobre las que se fomentaría un nuevo modelo de gestión económica, política exterior e inversión, para reestructurar un Estado ineficiente, constreñido por la crisis financiera y las demandas sociales. Algunos cambios han ocurrido lentamente desde entonces, y no han transformado aún las viejas estructuras, pero han hecho más llevadera —y costosa— la vida cotidiana de los cubanos: ahora pueden trabajar por cuenta propia en sectores establecidos por el Estado, viajar al extranjero previa autorización gubernamental, comprar y vender autos, y rentar inmuebles a través de las empresas autorizadas por el Estado. Y el gran hito de su gestión es haber acordado este martes por la noche, durante una conversión telefónica con Obama y tras año y medio de secretas negociaciones, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos que podría conducir al fin del embargo.

David, que nació en la década de 1990 —el periodo especial y de la crisis de los balseros, en la que sus tíos partieron al exilio— cree que su historia personal y familiar habría sido distinta si Raúl Castro hubiese asumido antes el poder. “Raúl poco a poco ha ido ganándose el protagonismo, aunque él también ya está soltando [atribuciones] y se lo está delegando todo al primer vicepresidente [Miguel Díaz Canel], que es al que le toca [asumir el poder] por ley de la vida”.

Raúl Castro, ahora de 82 años, anunció en febrero de 2013 que no optará a la reelección al terminar en 2018 su actual mandato, y nombró como su primer vicepresidente del Gobierno al ingeniero civil de 53 años Miguel Díaz-Canel, en sustitución del octogenario José Ramón Machado Ventura.

Díaz-Canel ha actuado desde entonces como el portavoz del “socialismo próspero y sustentable” que Castro se ha propuesto construir sobre las viejas estructuras del Estado revolucionario, y como su eventual sucesor cuando le llegue el día de ceder el poder.

Castro, sin embargo, se ha rodeado también de sus viejos compañeros de armas en cargos clave del Gobierno. El general Leopoldo Cintra, de 73 años, es el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, cargo que en el pasado ocupó Raúl. El general Abelardo Colomé Ibarra, es ministro del Interior y vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros. Y Ramiro Valdez sigue perteneciendo también al Consejo de Estado en calidad de vicepresidente. Mientras, el Ministerio de Planificación y Economía está a cargo del coronel Marino Alberto Murillo.