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La evolución de las sanciones como arma geopolítica

La comunidad internacional afina las restricciones financieras para lograr más eficacia

Una mujer el sábado en La Habana ante un bici-taxi.
Una mujer el sábado en La Habana ante un bici-taxi. AP

“Estos 50 años han demostrado que el aislamiento no ha funcionado. Ha llegado la hora de un nuevo enfoque”. El presidente de Estados Unidos admitía esta semana que el embargo comercial impuesto por Estados Unidos a Cuba durante los últimos 54 años (desde el embargo parcial dictado por Eisenhower o 52 años si se cuenta a partir del total decretado por Kennedy) no ha cumplido su objetivo, si como tal se entiende un cambio de régimen o la evolución del sistema político hacia otro más democrático.

El embargo comercial sobre Cuba es solo uno de los cientos de sanciones económicas impuestas por la comunidad financiera internacional en el último siglo, aunque fue en la década de los años 90 cuando esta herramienta de política exterior fue usada con mayor profusión. El principal cambio en estos años ha sido el tipo de sanciones impuestas, cada vez más alejadas del embargo comercial y económico del caso de Cuba y más centradas en el ámbito financiero y energético, como en los casos de Irán y Rusia. La efectividad de las sanciones, en todo caso, resulta discutible.

De las casi 200 sanciones impuestas en el último siglo, apenas un 34% ha tenido cierto éxito en sus objetivos, el informe de referencia en la materia —Reexamen de las sanciones económicas, en su tercera edición, de Gary Clyde Hufbauer, Jeffrey J. Schott, Kimberly Ann Elliott y Barbara Oegg, del Instituto Peterson de Economía Internacional—. Otros expertos, como Robert Pape, reducen ese porcentaje al 4% porque consideran que en muchas ocasiones se ha usado la fuerza, directa o indirectamente. En todo caso, resulta difícil medir el efecto económico de las sanciones, aunque los expertos del Peterson Institute calculan que en la mayoría de los casos apenas ha alcanzado el 1% del PIB. “Las sanciones a menudo tienen un efecto económico mucho menor que otros shocks, como los que producen un fuerte deterioro del comercio, una crisis financiera o algunos desastres naturales”, apunta Andrew Kenningham, economista de Capital Economics en Londres y autor de un reciente estudio sobre los efectos económicos de las sanciones. Hay excepciones notables, sin embargo, como las represalias impuestas contra Irak entre 1991 y 2003, que redujeron su PIB más de un 50%, o las que afectaron a la antigua Yugoslavia, por encima del 10%.

No hay, en todo caso, un manual de qué sanciones funcionan y cuáles no. Sí parece que aquellas medidas que se toman unilateralmente tienen, en general, menos efecto que aquellas que se toman por un amplio conjunto de países. “El largo embargo de EE UU contra Cuba ha sido mucho menos efectivo de lo previsto porque muchos otros países han seguido manteniendo relaciones comerciales con La Habana”, recuerda Kenningham. Desde el colapso de la Unión Soviética y los avances hacia un mundo multipolar, Estados Unidos ha ido abandonando las medidas unilaterales para buscar el apoyo, sobre todo, de la Unión Europea.

“Hay otras características que se consideran importantes para que las sanciones logren su objetivo. A mayor tamaño de la economía, más capacidad del país de absorber las restricciones y de ser más autosuficiente. Asimismo, influyen los lazos económicos y políticos que se tengan antes de las sanciones”, sostienen los expertos del Instituto Alemán de Análisis Económico (DIW, en sus siglas en alemán) en un estudio sobre las sanciones impuestas a Rusia. Un claro ejemplo de este último punto son las restricciones impuestas contra Irán. La UE fue capaz de acordar una prohibición total de las importaciones petroleras de Irán en 2012 en buena medida porque ningún país dependía del crudo persa para su suministro. “Sería mucho más difícil imaginar un acuerdo de los 28 para cesar totalmente las importaciones energéticas de Rusia”, recalca Kenningham.

Aun así, las multas de EE UU contra los bancos que se han saltado el embargo financiero contra Irán han acabado propiciando un castigo multimillonario a algunas entidades europeas, como BNP Paribas o Commerzbank, y suponen una clara advertencia de lo que podría pasar en el caso de Rusia, con quien los bancos franceses o austriacos tienen importantes vínculos.

Pese a su eficacia solo relativa, “las sanciones económicas seguirán aplicándose en el futuro”, sostiene el analista de Capital Economics. En buena medida, porque las operaciones militares son cada vez más impopulares entre las poblaciones y carecen muchas veces de legitimidad. Pero también porque, en ocasiones, las sanciones económicas permiten a los Gobiernos lanzar un mensaje de contundencia a sus votantes sin que sus intereses se vean afectados si las medidas son lo suficientemente genéricas, los objetivos poco realistas y se adoptan de forma unilateral. La diplomacia de las sanciones tiene muchos ángulos.