ESTADOS UNIDOS

EE UU vuelve a evitar ‘in extremis’ un nuevo cierre del Gobierno

La ley presupuestaria está pendiente todavía de su aprobación en el Senado

La líder de la minoría demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi.
La líder de la minoría demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi. BRENDAN SMIALOWSKI (AFP)

El Congreso de Estados Unidos ha cerrado esta noche una de las etapas de mayor división y frustración de las últimas décadas. Demócratas y republicanos sacaron adelante una ley presupuestaria que pone el broche final -no sin la tensión imprescindible del último momento- a una legislatura marcada por la imposible conciliación entre los miembros de uno y otro partido.

Cuando quedaban menos de tres horas para agotar los presupuestos federales, la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, se embarcó en una votación para salvar su proyecto presupuestario, pendientes del apoyo de al menos 40 demócratas. Los presupuestos, aprobados con 219 votos a favor y 206 en contra, deberán ser ahora ratificados por el Senado y firmados por el presidente Obama, que ya ha confirmado su respaldo.

El episodio de este jueves recordó a anteriores enfrentamientos en los que, en los últimos tres años, las diferencias políticas han amenazado seriamente la viabilidad económica del Gobierno estadounidense. Pero si en anteriores ocasiones la pugna fue entre la Casa Blanca y los republicanos, condicionados por el sector más conservador de su partido, en esta ocasión la batalla la dio un sector del Partido Demócrata, que consideró que el presidente estaba cediendo a las condiciones republicanas.

Cuando quedaban apenas tres horas para que se agoten los fondos de las arcas federales esta medianoche, la Casa Blanca se vio obligada a desplegar su propia campaña, intentando recabar apoyos a una ley que no ha convencido a los demócratas más progresistas. Las dudas estallaron cuando, en la tarde del jueves, los republicanos lograron convocar el voto en la Cámara por una mayoría de apenas dos votos. Para proteger el correcto funcionamiento de la Administración, también negociaron de manera paralela una ley que garantizase los fondos durante los próximos días y evitar así un cierre completo como el de octubre de 2013.

Nancy Pelosi ha manifestado su "decepción" por el apoyo de la Casa Blanca a los presupuestos

En medio de la tensión de las últimas horas, los protagonistas de este último capítulo del 113 Congreso de EE UU, contaban votos en las salas del Capitolio para asegurarse que podían sacar adelante los presupuestos. Ni los republicanos, ni los demócratas, ni la Casa Blanca querían despertar el viernes sin haber aprobado la legislación, pero ninguno de los tres actores en este juego de malabares políticos sabía con seguridad que podría impedirlo.

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Sobre el tablero estaba una ley presupuestaria de más de 1.600 folios para garantizar 1,1 billones de dólares al gobierno federal hasta septiembre del año próximo. Entre todas sus provisiones, demócratas y republicanos han encontrado razones para el desencuentro, como la revocación de algunos aspectos de la reforma financiera de Wall Street que impulsó Barack Obama tras el estallido de la crisis o la ampliación del límite a las donaciones a candidatos políticos.

“¿Para quién trabajamos?” preguntó este jueves la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, en protesta. La demócrata lidera al bloque de legisladores de su partido que se opone a los presupuestos por incluir lo que considera un servicio a los “millonarios, multimillonarios y compañías gigantes con armadas de lobbistas y abogados”.

La ley presupuestaria contempla revocar algunos aspectos de la reforma financiera impulsada por Obama tras el estallido de la crisis

La líder de la minoría demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi, también demostró su “decepción” al conocer el respaldo del presidente Obama a los presupuestos, a pesar de que recortan uno de sus mayores éxitos legislativos, la ley Dodd-Frank en la que se apoya gran parte de la recuperación económica por las regulaciones a los grandes bancos. “Deben sentir que esta es la única manera de sacar adelante los presupuestos”, aseguró Pelosi. “Es la única razón por la que firmarían esta ley”.

Apenas unas horas antes, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, había adelantado que Obama está listo para firmar los presupuestos, a pesar de que fueron concebidos como un castigo por su orden ejecutiva para impedir la deportación de cinco millones de indocumentados. Y este es el aspecto que ha unido, en su rechazo a la ley, a los políticos más progresistas como Warren y a los más conservadores. Los miembros del Tea Party consideran que las diferentes adiciones que han hecho los líderes republicanos a los presupuestos no son suficientemente duras con los intereses del presidente.

Para lograr su apoyo, el presidente de la Cámara de Representantes y líder de la mayoría republicana, John Boehner, ya ha hecho varias concesiones antes del jueves. La más importante de ellas es que los presupuestos excluyen al Departamento de Seguridad Nacional, del que dependen las agencias de inmigración. Solo se le concederán fondos hasta dentro de tres meses, por lo que los republicanos podrán negociarlos al comienzo del próximo año, cuando ya dispongan de mayoría de votos tanto en la Cámara como en el Senado, gracias a su victoria en las pasadas elecciones legislativas.

El vicepresidente Biden y el jefe de gabinete de Obama han participado con reuniones y llamadas telefónicas, según informa el diario The Washington Post, para sacar adelante los presupuestos e impedir que se repita el final de año de 2012, cuando se rozó el cierre del gobierno en las últimas horas del 31 de diciembre. Pelosi, en sus duras declaraciones de la mañana, afirmó que los demócratas estaban siendo “chantajeados”.

Los presupuestos pendientes de aprobación este jueves incluyen partidas como 1.300 millones de dólares para el servicio ferroviario del país, la ampliación de las donaciones personales a políticos -el máximo queda multiplicado por diez, de 32.400 dólares a 324.000-; la asignación de casi 7.000 millones de dólares a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, junto con otros 5.400 millones para la lucha contra el virus del ébola, así como 1.300 millones en ayuda militar a Egipto.

Los republicanos han incluido en el texto también algunas condiciones defendidas por los representantes en las últimas campañas electorales. La ley prohibiría, por ejemplo, destinar fondos federales a financiar abortos y obligaría a las aseguradoras a especificar claramente si la póliza contratada por una persona cubre “servicios abortivos”. El texto es especialmente duro con la reforma sanitaria de Obama. Sin apoyos para revocar la ley, los republicanos han optado por negarle la financiación necesaria para implementarla, por lo que las agencias relacionadas podrían quedarse sin fondos para su funcionamiento.

Estos últimos apartados pueden marcar la ya difícil relación del presidente Obama con el Capitolio, donde a partir del 5 de enero su partido será minoritario en ambas Cámaras, reduciendo aún más su ya deteriorado margen de maniobra para sacar leyes adelante.

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