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La retirada de la OTAN amenaza con devolver a las afganas a la indefensión

Una diputada y activista de los derechos de la mujer, que sufrió un atentado, promete seguir “trabajando por la gente”

Fuerzas de seguridad afganas, en el lugar del ataque, el 17 de noviembre Ampliar foto
Fuerzas de seguridad afganas, en el lugar del ataque, el 17 de noviembre EFE

“Desde el domingo he llorado varias veces, cada vez que recuerdo el ataque”, confiesa Shukria Barakzai en su cuenta de Facebook. Resulta difícil imaginarse llorando a esta afgana que en su día plantó cara a los talibanes y desde la intervención estadounidense de 2001, tampoco se ha mordido la lengua. Pero el suicida que el domingo se hizo estallar contra el vehículo blindado de la diputada mató a tres personas y dejo heridas a una veintena, incluidos ella y su conductor. Aunque los atentados sean casi una rutina en Kabul, éste tiene un especial simbolismo al dirigirse contra una destacada defensora de los derechos de la mujer.

Barakzai, de 42 años, es una aliada del nuevo presidente, Ashraf Ghani, y su nombre ha sonado para ministra de la Mujer o de Educación. Ghani, que aún no ha logrado formar Gobierno, condenó el atentado. Los extremistas la habían amenazado de muerte en varias ocasiones. Sin embargo, un portavoz de los talibanes, Zabiullah Mujahid, negó cualquier responsabilidad de su grupo.

“Voy a seguir trabajando por la gente, no se olviden de rezar por mí”, aseguró la activista desde la cama del hospital donde aún se encuentra ingresada.

En el centro de sus esfuerzos están la lucha contra la mortalidad materna e infantil, la erradicación de los matrimonios forzosos, especialmente de niñas, y la violencia contra las mujeres que, sobre todo en las zonas rurales de Afganistán, son prácticas habituales y aceptadas. Tras el derribo del régimen talibán, fundó el semanario Aina-e-Zan (El espejo de las mujeres) para difundir los derechos de la mujer.

Su carrera política se inició en la comisión constitucional de 2003, donde ella y sus colegas se esforzaron para que se incluyera la igualdad de género. Ayudadas por la presencia internacional, incluso lograron que se reservara una cuota del 25% de los cargos electos para las mujeres. Desde entonces ha sido diputada en la Cámara Baja del Parlamento, la llamada Wolesi Jirga, que en la actualidad cuenta con 71 mujeres entre sus 249 miembros.

Pero eso puede cambiar a partir de ahora con las fuerzas internacionales en retirada. Barakzai y muchos afganos educados temen por el futuro de las mujeres en un país calificado de discriminatorio y desigual por las feministas. De momento, los diputados más conservadores lograron a principios de año reducir al 20% la cuota femenina en la Asamblea Nacional y los Consejos Provinciales.

“Nuestro Parlamento es una colección de señores de la guerra, señores de la droga y señores del crimen”, ha declarado en varias ocasiones ante el peso de esos poderes fácticos que convierten la democracia en un mero formulismo.

Ella misma ha contado cómo se convirtió en una activista a raíz de que la policía religiosa la azotara cuando gobernaban los talibanes. En aquella época Barakzai, que poco antes había interrumpido sus estudios en la Universidad de Kabul debido a la violencia política, organizaba clases clandestinas para las niñas, a las que esos extremistas no dejaban acudir a la escuela. Su activismo prosiguió tras la intervención estadounidense que derribó el régimen talibán.

“Los afganos no decidimos, deciden por nosotros”, se quejaba hace un par de años durante una conversación con esta corresponsal, “los donantes tienen su propia agenda y no somos nosotros los que tomamos las decisiones”. También se quejaba de la falta de seguridad, la pobreza extrema de la mayoría de la población, el avance de las mafias del narcotráfico, y la corrupción. “Ha habido una ausencia total de estrategia por parte de la comunidad internacional, y en especial de Estados Unidos”, denunciaba.

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