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Sarkozy vuelve a estar al acecho del Elíseo

Los socialistas continúan perdiendo terreno en todos los centros de poder

El primer ministro francés, Manuel Valls (izquierda). Ampliar foto
El primer ministro francés, Manuel Valls (izquierda).

La reconquista del Senado francés por el centro derecha es todo un símbolo del rumbo de la política francesa: el ascenso permanente de la UMP, la constante pérdida de peso de la izquierda en el poder y la amenaza latente de un Frente Nacional que aprovecha, como este domingo, todas las oportunidades. Como telón de fondo, el presidente François Hollande y su primer ministro, Manuel Valls, sufren la pérdida de apoyos para gobernar un país en crisis cuando el jefe del Estado aún está a mitad de su mandato de cinco años.

La pérdida del Senado por parte de los socialistas es doblemente simbólica. Hace tres años, el triunfo de la izquierda en las elecciones parciales al Senado fue el arranque definitivo del ascenso del Partido Socialista al poder. Por primera vez desde la instauración de la V República en 1958, la izquierda pasó a controlar la Cámara Alta. Su senda hacia la gloria quedó revalidada cuando, en 2012, ganó primero las presidenciales y después las generales.

En el camino de vuelta, la entrega del control del Senado confirma la deriva en la permanente erosión socialista. Perdieron en marzo las municipales, donde obtuvieron el 40,5% de los votos frente al 45,9% de la UMP. Y fracasaron en mayo en las europeas, en las que el FN fue el más apoyado con el 26% de los votos, seguido por la UMP con el 20,6% y el PS con solo el 13,8%.

Sus propias guerras internas han derivado en otro mazazo para la estabilidad del Gobierno. En julio y septiembre, una treintena de diputados socialistas rebeldes se abstuvieron en votaciones clave para sacar adelante las reformas y han hecho perder a Valls la mayoría absoluta con que contaba en la Asamblea.

El mes que viene, esa ausencia de mayoría absoluta augura nuevos disgustos para Hollande y Valls. Los díscolos amenazan con abstenerse también en la votación de los presupuestos para 2015, que incluyen unos recortes en el gasto público de 21.000 millones, casi la mitad de los 50.000 previstos en el Pacto de Responsabilidad de Hollande.

Éste arrancó su mandato con el decidido apoyo en ambas cámaras de ecologistas y comunistas. Desde hace meses, los ecologistas votan ya divididos las principales reformas, mientras los comunistas han dado la espalda al Ejecutivo. De hecho, la pérdida efectiva del control del Senado ya era prácticamente una realidad hace meses.

En solo dos años, la foto fija es radicalmente diferente. En 2012, la izquierda dominaba los municipios, los departamentos o provincias, las regiones, la Asamblea Nacional, el Senado y el Elíseo. Hoy, les queda la presidencia de la República y una mayoría debilitada en la Asamblea.

Los sondeos reflejan este deterioro. Hollande solo cuenta con la comprensión del 13% de los ciudadanos, un récord para un jefe de Estado en la V República. Valls, que inició su mandato en abril con más del 55% de apoyo ciudadano, supera hoy solo ligeramente el 30%.

Mientras, el hiperactivo Sarkozy irrumpe dispuesto a ser el más beneficiado como la única alternativa al poder actual. Para ello, acusa primero a Hollande de “traicionar” a sus electores. Pero, sobre todo, dirige sus cañones a los desencantados que se inclinan por el FN. Promete una política migratoria dura, acabar con el límite de las 35 horas semanales, reducir el número de funcionarios, meter en cintura a los sindicatos y relajar las medidas medioambientales a favor de la industria.

Las batallas se saldan a favor de Sarkozy. La guerra final, con Marine Le Pen entre los protagonistas, en 2017.

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