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El día después del sí en Escocia

Divisa, UE, deuda y petróleo son los puntos claves de la negociación con Londres

Acto reivindicativo independentismo escocés en Loch Lomond.
Acto reivindicativo independentismo escocés en Loch Lomond. Getty

Si el jueves ganan el referéndum, los independentistas aspiran a proclamar la independencia de Escocia el 24 de marzo de 2016, coincidiendo con el aniversario de la unión de las dos coronas en 1603 y de la fusión de los dos Parlamentos en 1707. Pero antes tendrán que negociar muchas cosas con Londres y con diversas instituciones internacionales y, en particular, la Unión Europea. Cuestiones que van desde la moneda al reparto de la deuda pública, el petróleo, el Ejército, el traslado del programa nuclearo quién tiene la ciudadanía escocesa.

Tras el nerviosismo de los mercados, la negociación más urgente es la polémica cuestión de la moneda. Ante la evidencia de que la incertidumbre puede ser catastrófica, el líder independentista, Alex Salmond, ha confirmado que buscará un acuerdo inmediato con Londres en ese tema, o al menos una decisión cuanto antes.

“Creo que deberíamos tomar decisiones enseguida”, declaró el domingo en el programa político dominical de la BBC. Salmond recordó que entre el referéndum y la proclamación de la independencia “el Banco de Inglaterra sigue teniendo el control de los mercados monetarios”. “Y su gobernador ha sido muy explícito: él es responsable de la estabilidad financiera en ese periodo. Es un punto muy importante. Y está claro que es del interés de todos que tomemos las decisiones sobre ese asunto lo antes posible”.

La transición deberá, por un lado, poner en marcha una larga serie de negociaciones paralelas y al mismo tiempo adecuar el marco constitucional. Para lo primero, se formará lo que los independentistas llaman el team Scotland, el equipo Escocia, que constará de tres niveles. Por un lado, un grupo de expertos escoceses e internacionales; por otro, representantes de la sociedad civil (desde organizaciones benéficas a pymes o grupos de voluntariado); y, finalmente, políticos que representen el espectro más amplio “para unir el país”.

El traslado del programa de disuasion nuclear es un asunto delicado

En paralelo se pondrá en marcha una plataforma constitucional para “proveer las bases” sobre las que deberían operar el Parlamento y el Gobierno escocés durante el periodo transitorio. Según los documentos del Ejecutivo escocés, esa plataforma “posibilitará la transferencia de soberanía de Westminster a Escocia” y, en particular, el poder del Parlamento escocés para proclamar la independencia, eliminar los efectos del Tratado de Unión de 1707 o prepararse para la transición de miembro de la Unión Europea no ya como parte de Reino Unido sino como Estado miembro.

La cuestión de la UE, que meses atrás centraba buena parte del debate independentista, apenas ha aparecido en la campaña, coincidiendo con una suavización de la postura de la Comisión Europea. Salmond ha insistidoen que, a diferencia de Cataluña, la posición de Escocia se fundamenta en el acuerdo previo del proceso con el Gobierno británico. El líder independentista aseguró el domingo que ha hablado de ello con todos los socios de la UE, incluidos España, Francia, Italia y Bélgica, que tienen sus propias tensiones territoriales internas.

Los independentistas han admitido que la secesión les deja legalmente fuera de la UE, pero sostienen que eso se puede evitar por la vía del artículo 48 del Tratado de Lisboa. Este permite a un Estado miembro (en este caso, Reino Unido si accede a ello) pedir una modificación de los tratados para que Escocia siga en la UE sin solicitar el reingreso por la vía lenta del artículo 50.

Escocia debería negociar también su posición en otras instituciones internacionales, como la OTAN o la ONU, aunque ahí se vislumbran menos problemas.

Los secesionistas creen que les tocan 143.000 millones de los bienes británicos

Uno de los temas más delicados es el traslado del programa de disuasión nuclear Trident, en la base militar de Clyde, al oeste de Escocia, que costaría una fortuna a Londres. Es materia innegociable para Edimburgo, salvo quizá la flexibilidad en el calendario.

Otro tema delicado es el reparto de los ingresos del petróleo, en los que los independentistas confían para mantener el equilibrio de sus cuentas públicas.

Las dos partes tienen que repartirse muchas más cosas, desde la deuda pública las reservas de oro, la BBC, las embajadas y otros bienes británicos en el extranjero, el personal y los bienes de las fuerzas armadas, como los buques, la artillería o los aviones.

Los independentistas calculan que los bienes británicos a repartir valen 1,3 billones de libras (1,62 billones de euros), de los que estiman que a Escocia les corresponderían unos 143.000 millones de euros, si se reparte en base a la población, y 161.000 millones si se distribuye en función de los impuestos aportados al Tesoro.