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El portazo de Pekín a Hong Kong desalienta a los democrátas

La perspectiva de que las protestas no tengan efecto desanima a la oposición

Vigilia multitudinaria en Hong Kong en junio al cumplirse el 25º aniversario de la masacre de Tiananmen Ampliar foto
Vigilia multitudinaria en Hong Kong en junio al cumplirse el 25º aniversario de la masacre de Tiananmen The Yomiuri Shimbun

Cinco días después de que Pekín diera un mazazo a las reclamaciones de una mayor apertura democrática en Hong Kong en las elecciones de 2017 planteadas por Occupy Central (OC), los dirigentes de ese movimiento cívico se encuentran en una encrucijada sobre su futuro. Uno de sus líderes, el profesor de Derecho de la Universidad de Hong Kong Benny Tai, ha admitido que la iniciativa “está perdiendo apoyo”. Los grupos estudiantiles, mientras tanto, proponen una huelga en los centros de estudio. Y los analistas afirman que una sentada en el centro de Hong Kong, la última carta en la manga del movimiento, apenas tendrá impacto económico.

Pekín anunció el pasado domingo una reforma electoral en la excolonia que descarta por completo la nominación popular de candidatos en las elecciones locales que reclamaba OC. Si la respuesta inicial del movimiento, en boca de Tai, fue proclamar “una era de desobediencia civil”, días después este líder reconocía que su organización —que amenazaba con llevar a cabo una serie de sentadas en el distrito financiero de Hong Kong si la decisión de Pekín les era contraria— pierde apoyo popular. “Occupy falló porque la ocupación era un último recurso de presión, la última carta bajo la manga”, declaró Tai.

Tras este desánimo parece esconderse la constatación de que, pase lo que pase, Pekín no cederá, como han dejado claro sus enviados a la excolonia británica, regida desde 1997 bajo la fórmula “un país, dos sistemas”. Ahora, el gran interrogante es —en caso de que realmente se convoque la protesta— el número de participantes y la duración de la ocupación callejera, además de cuál sería la respuesta policial.

Edward Chin, gerente de fondos buitre (hedge funds) y miembro organizador del movimiento, vaticina que una eventual sentada callejera no sería prolongada y que el impacto sobre la economía de Hong Kong sería ínfima. En su opinión, algunos analistas han exagerado el potencial impacto negativo para amedrentar a simpatizantes. En contraste, Ho Lok-sang, profesor de economía de la Universidad de Lingnan, advierte: “La inestabilidad social afectará la competitividad de la ciudad y desalentará al inversor”. Ho concuerda con Chin en que la envergadura y el impacto inmediato de una sentada sería mínimo.

Liu Mei-heung, columnista experta en economía, cree que Pekín, si bien no tomaría medidas punitivas contra Hong Kong por su “desobediencia civil”, podría mostrar cada vez más reservas hacia la ciudad o inclinarse por alternativas como Shanghai a la hora de lanzar nuevas políticas de apertura financiera.

La reforma electoral debe ser ratificada por dos tercios de los 70 miembros del Consejo Legislativo de Hong Kong. Un total de 27 legisladores de la oposición han manifestado que la vetarán, lo que supondría que las elecciones de 2017 se celebrarían bajo el sistema vigente hasta ahora.