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Los kurdos acosan a los yihadistas para retomar la mayor presa de Irak

Los ‘peshmerga’ rodean el dique de Mosul apoyados en los bombardeos de EE UU

Un soldado kurdo patrulla la presa de Mosul.
Un soldado kurdo patrulla la presa de Mosul. AP

Las fuerzas kurdas (peshmerga) llegaron ayer hasta la estratégica presa de Mosul, en manos del Estado Islámico (EI) desde el pasado día 7 de agosto. Su avance ha sido posible gracias a la cobertura de la aviación estadounidense que desde el sábado bombardea posiciones yihadistas en la zona. Aunque algunas fuentes aseguraban anoche que la infraestructura ya estaba bajo su control, todo apunta a que el asalto final se producirá esta noche.

Un despacho de la agencia France Presse dio la presa por reconquistada. Sin embargo, poco después un reportero de la cadena semioficial Rudaw que viaja empotrado con los peshmerga aseguraba que esas fuerzas aún se encuentran a entre dos y tres kilómetros de las instalaciones, y que preparaban el asalto decisivo. Al parecer controlan los alrededores, pero aún tienen que limpiar la zona de explosivos antes de avanzar. “No tengo detalles militares, pero lo que es seguro es que los combates prosiguen”, declaró a EL PAÍS el gobernador de Erbil, Nawzad Hadi.

Situada a orillas del río Tigris, unos 50 kilómetros al norte de Mosul, la presa de Chambarakat (su nombre oficial tras haber borrado el de Sadam Husein, el antiguo dictador) es la mayor de Irak. Abastece de electricidad a aquella ciudad y controla el abastecimiento de agua a toda la región. El temor era que el EI pudiera cortar el suministro o provocar una inundación.

Con anterioridad, responsables militares habían asegurado que los uniformados kurdos controlaban ya “el lado oriental” del pantano. Por la mañana, fuentes kurdas anunciaron la toma de las localidades de Telsqof, Sharafiya y Batnaya, una zona eminentemente cristiana a unos 30 kilómetros de la presa, pero aún al este de la carretera nacional 2, en manos de los yihadistas tras la toma de Mosul en junio.

De hecho, los taxis que hacen la ruta entre Dohuk y Erbil, apenas dos horas y media (162 kilómetros) por esa carretera, optan ahora por dar un rodeo (220 kilómetros) que alarga una hora el viaje. Aunque en el camino no se percibe actividad militar, los controles de los peshmerga son numerosos, e incluso patrullan localidades como Chra o Rovya, en la provincia de Nínive y que, formalmente, quedan fuera de la región autónoma kurda.

El avance de los peshmerga hacia la presa ha sido facilitado por los bombardeos de EE UU sobre las posiciones yihadistas. La página web del Mando Central de EE UU asegura que ayer llevaron a cabo 14 ataques para “apoyar a las fuerzas de seguridad iraquíes y las fuerzas de defensa kurdas (…) en su lucha contra el EI”. El texto parece indicar que Washington ha ampliado el cometido de sus operaciones en el norte de Irak más allá del inicial respaldo a los esfuerzos humanitarios.

Un sabotaje a la presa causaría enormes pérdidas humanas y materiales. Tras la invasión estadounidense en 2003, ya se temió que las tropas de Saddam volaran el dique en su retirada. Un informe militar estimó que causaría una ola de 20 metros sobre Mosul y sus efectos se sentirían incluso en Bagdad. Entonces, una milicia kurda garantizó la seguridad del medio millar de trabajadores.

El EI ya ha utilizado el agua como arma en Faluya. Cuando a principios de año se hizo con la presa cercana a esa ciudad de la provincia de Al Anbar, anegó una amplia zona, lo que interrumpió el abastecimiento al sur del país y forzó el desplazamiento de miles de personas cuyas casas quedaron sumergidas.

Sin embargo, el problema en Mosul es mayor. Debido a su localización en un terreno que se disuelve fácilmente con el agua, la mera ausencia de mantenimiento podría desatar una catástrofe. Sin llegar a eso, el EI también puede utilizarla para financiar su autoproclamado califato, chantajeando al Gobierno central para seguir dando agua y electricidad.

Los responsables kurdos se apresuraron en junio a asegurar la instalación cuando los yihadistas se hicieron con la tercera ciudad del país. Sin embargo, el repentino avance de estos hacia las fronteras de la región autónoma a principios de este mes los ha puesto al límite de su capacidad. “Sólo tenemos viejas armas rusas y los extremistas se han hecho con modernos equipos que EE UU facilitó al Ejército iraquí”, se queja el gobernador de Erbil.

 

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