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Los kurdos de Irak se hacen con dos campos de petróleo en el norte

El avance de los ‘peshmergas’ complica la relación con Bagdad

Policías iraquíes inspeccionan el lugar tras la explosión de una bomba en Kirkuk.
Policías iraquíes inspeccionan el lugar tras la explosión de una bomba en Kirkuk. EFE

Pocos atienden en un restaurante de la calle Saadoun, en el centro de Bagdad, al canal estatal Al Iraqiya. El ministro del Petróleo iraquí, Abdul Karim Luaibi, denuncia que peshmergas, fuerzas armadas kurdas, han tomado dos yacimientos de petróleo en el norte del país. Es Ramadán. Los que allí almuerzan son, sobre todo, viajeros sin obligación de respetar el ayuno. El ministro, entre el bullicio de platos y tazas, recrimina a los peshmergas el asalto y alerta de las posibles consecuencias. Unas horas antes, el titular de Exteriores, Hoshiyar Zebari, anunciaba que el bloque kurdo, con el que comparte etnia, se retiraba de las negociaciones para formar nuevo Gobierno. La escalada de tensión entre el Kurdistán iraquí y Bagdad sube de peldaño.

Las palabras de Zebari llegaban 48 horas después de que el primer ministro saliente, el chií Nuri al Maliki, acusase al Gobierno regional kurdo, autónomo en el noreste iraquí, de alojar a los “terroristas” del Estado Islámico (EI). Hace ahora un mes que los peshmergas tomaron el control de gran parte de Kirkuk –donde ayer 28 personas murieron en un atentado con coche bomba, según indicó un responsable médico de la zona a la agencia France Presse—, ante el abandono de los soldados del Ejército por la llegada de los yihadistas. Kirkuk está situada a unos 80 kilómetros al sur de Erbil, capital del Kurdistán iraquí.

Lo que menos necesitaba la frágil convivencia entre chiíes, suníes y kurdos era que miles de yihadistas atravesaran la frontera siria. La gestión de la crisis, más las divisiones sectarias, han obstaculizado la formación de un nuevo Gobierno. Y ya van tres meses desde las elecciones. Dirigentes de uno u otro partido coinciden en que la Constitución impone el “consenso”. Desde la intervención estadounidense, ese consenso pasa además por elegir a un presidente kurdo, un primer ministro chií y un presidente del Parlamento suní. Hasta ahora, los kurdos ponían de condición para dialogar que se negociasen los tres cargos de una tacada y no uno a uno. Desde este viernes, ni siquiera quieren sentarse a la mesa.

Los peshmergas se hicieron al alba con los yacimientos de Kirkuk y Bai Hasan, echaron al personal de la estatal Compañía de Petróleo del Norte y lo sustituyeron por nuevos empleados. “El Gobierno se ha visto obligado a actuar para proteger las instalaciones”, ha manifestado un miembro del Gobierno kurdo a Reuters, “tras conocer que funcionarios del Ministerio del Petróleo planeaban sabotearlas. Desde ahora estarán bajo nuestro mando y esperamos reiniciar las operaciones pronto”.

El comercio de petróleo pasa por el control de Bagdad. En el caso del crudo extraído de los pozos kurdos, el Estado cede a cambio un 17% de los ingresos, aunque las autoridades kurdas cifran en un 10% lo recibido, y aspiran a un 25% del pastel. Desde que el EI partiese el norte en pedazos —controla la mayor refinería del país, en Baiji—, el Gobierno regional kurdo, presidido por Masud Barzani, ha aprovechado para multiplicar el bombeo y exportar sin permiso estatal a través del puerto turco de Ceyhan. Según cálculos de la Agencia Internacional de la Energía, el Kurdistán duplicó en junio su producción hasta los 360.000 barriles al día (el total en Irak ronda los 2,6 millones).