Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La señora de Sudáfrica

Thuli Madonsela, la defensora del pueblo se erige como “baluarte contra la corrupción”

La defensora del Pueblo de Sudáfrica, Thuli Madonsela, en febrero de 2012 Ampliar foto
La defensora del Pueblo de Sudáfrica, Thuli Madonsela, en febrero de 2012 Getty

Anda Sudáfrica buscando un referente nacional que devuelva la esperanza a un país que, tras haber acabado pacíficamente con el apartheid, es consciente de que la reconciliación racial no será plena hasta una mejor redistribución de la riqueza. Muerto el mito Nelson Mandela y caído el ídolo Oscar Pistorius, la sociedad está huérfana de sueños y orgullo colectivos, aunque surge un personaje a tener en cuenta, como una inyección de confianza. Es Thuli Madonsela, la defensora del pueblo que ha puesto contra las cuerdas al poderoso presidente, Jacob Zuma, y se erige como “baluarte contra la corrupción”.

Hace unos meses, Nadene Wessels, exmisionera afrikáner de 72 años, retrataba la realidad, que poco después la revista Time confirmó, al nombrar a Madonsela como una de las 100 personalidades más influyentes del mundo, con Barack Obama, el Papa o Hillary Clinton. Decía Wessels que “con Mandela se fue un santo pero con Madonsela el país gana un gran modelo”.

¿Quién es Madonsela y qué tiene para levantar tantas pasiones? Es negra y mujer, nacida en el gueto de Soweto en 1962, el mismo año en que Mandela entraba en prisión y las leyes relegaban a los no blancos a ser tan solo mano de obra barata. La niña Thuli se crió en una familia de vendedores callejeros, a quienes la policía les requisaba los caramelos porque carecían de licencia, y en un ambiente de fuerte activismo social.

Madonsela se ha convertido en la mejor cruzada contra la corrupción de las altas instancias sudafricanas

Quizá esos referentes le guiaron hasta la Facultad de Derecho de Suazilandia, minúsculo país vecino libre del apartheid, para especializarse en derechos humanos. Todo lo que siguió a esos años de estudiante han sido éxitos en una carrera que en 1994 la llevó a ser una de los 11 redactores de la nueva Constitución democrática y en 2009 a ser escogida por unanimidad como la Defensora del Pueblo. Madre soltera de dos veinteañeros, esta mujer representa como pocas el triunfo del espíritu de la superación que tanta falta hace aún en la Sudáfrica multirracial.

Desde su despacho institucional, Madonsela se ha convertido en la mejor cruzada contra la corrupción de las altas instancias sudafricanas. Primero, hace unos años, investigando a dos ministros y al jefe supremo de la policía, que acabaron en la cárcel por fraude y negocios sucios. Y después, siguiendo el hilo de una denuncia periodística que alertaba de que las obras de rehabilitación de la casa del presidente Zuma se cubrían con el presupuesto público.

Ignorando amenazas a su integridad, insultos y una campaña en su contra, Madonsela compareció en marzo para anunciar que la factura de las obras ascendía a 246 millones de rands (más de 16 millones de euros), al tiempo que pedía a Zuma que devolviera parte del dinero. Es un informe duro, la antítesis de su rostro relajado, de su aspecto perpetuamente pulido y de su voz susurrante y suave.

Desde el Gobierno y grupos afines a Zuma sólo ha recibido descalificaciones por desprestigiar al partido. El ataque más bajo proviene de un líder sindical negro a quien no se le ocurrió otra cosa que fijarse públicamente en “la grande y fea nariz” de Madonsela.

Dicen los que la tratan que ha llevado a su cargo no solo brillantez intelectual sino la voluntad de trasladar a la esfera pública la humanidad en el trato y la inquebrantable voluntad de acabar con la corrupción “que destruye el espíritu empresarial y el suelo de la tierra de la nación”, según sus palabras.

“No pararé de buscar la verdad”, avisa. “Si puedo hacer que un solo ciudadano esté mejor cada día, entonces la vida vale la pena”, apunta esta mujer que ha sucumbido también a Twitter.