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El líder espiritual chií urge al pueblo de Irak a luchar contra el terror

El ayatolá Sistani, que predicó contención durante la guerra sectaria, llama ahora a las armas

El conflicto iraquí se profundizó este viernes con la intervención del principal líder espiritual de los chiíes de Irak. El gran ayatolá Ali Husein Sistani pidió a los iraquíes que tomen las armas para frenar la ofensiva de los extremistas suníes que han puesto en jaque al Gobierno de Bagdad. La televisión estatal mostró imágenes de los voluntarios, mientras el primer ministro, Nuri al Maliki, intentaba tomar la iniciativa con un plan de defensa de la capital, que ya está rodeada por los rebeldes en tres frentes.

“Los ciudadanos que puedan empuñar un arma para combatir a los terroristas y defender su país, su pueblo y los lugares santos, deben presentarse voluntarios y apuntarse a las fuerzas de seguridad para llevar a cabo ese objetivo sagrado”, instó Sistani durante la plegaria del viernes, a través de su representante en la ciudad de Kerbala.

Es la primera vez que el venerado ayatolá, guía espiritual de la mayoría de los chiíes de Irak, hace un llamamiento semejante. Durante los peores momentos de la guerra sectaria que desangró en país a mediados de la pasada década, Sistani siempre predicó contención a sus seguidores (quienes llevaron la peor parte), y no aprobó las milicias vengadoras como las que formó Múqtada el Sadr. Aunque los políticos (chiíes) siempre le han consultado las grandes decisiones, él se ha mantenido al margen de las cuestiones de gobierno.

Imagen sin fecha del clérigo Ali al Sistani.
Imagen sin fecha del clérigo Ali al Sistani. AFP

Sistani, nacido en Irán hace 83 años pero que desde joven vive en la ciudad seminario de Nayaf, aseguró que “la responsabilidad de hacer frente [a los yihadistas] compete a todos”, sin distinción de confesión o militancia política. A pesar de ese ecumenismo, sus palabras equivalen a una escalada en el conflicto que ha puesto al país al borde de la guerra civil y amenaza su integridad.

Inevitablemente, la respuesta vino de la comunidad árabe chií, que supone el 60% de la población y ha sentido como una provocación la amenaza del el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL) de avanzar hasta Nayaf y Kerbala. La televisión mostró a centenares de voluntarios en esta última subiendo a autobuses para dirigirse a Bagdad. Las dos ciudades más sagradas del islam chií se encuentran a 150 kilómetros al sur de la capital, lejos del alcance de los yihadistas.

Pero éstos rodean Samarra, otro lugar muy sensible, donde están concentrando refuerzos y se teme un asalto, según France Presse. Tal vez para conjurar esos rumores, y en todo caso en un reconocimiento de la importancia simbólica de esa ciudad, Al Maliki viajó ayer a ella, según informó la cadena estatal Al Iraqiya. El ataque a la mezquita de Samarra en 2006 fue el desencadenante de dos años de violencia sectaria.

El primer ministro también anunció un plan de seguridad para defender Bagdad, con un gran despliegue de fuerzas de seguridad y el reforzamiento de los servicios secretos. Además, helicópteros militares atacaron posiciones rebeldes en Tikrit, incluida una de las principales mezquitas de la ciudad, según testigos citados por France Presse. Al Maliki ha pedido a las tribus que ayuden a las tropas a echar al EIIL. Muchos analistas se muestran convencidos de que sólo el apoyo de la población ha hecho posible su rápida conquista.

Los milicianos del EIIL, que a principios de esta semana tomaron Mosul (provincia de Nínive) y Tikrit (Saladino), capturaron en la madrugada de ayer otras dos localidades en la provincia oriental de Diyala, donde el Ejército intentaba evitar que avanzaran sobre la capital, Baquba. De lograrlo, completarían un medio círculo alrededor Bagdad, con el que ya amenazan desde la provincia de Al Anbar por el oeste.

Más al norte, en la región autónoma de Kurdistán, las autoridades han optado por cerrar todos los pasos con esas provincias, cortando de hecho las comunicaciones terrestres con el resto de Irak. Varias decenas de personas esperaban ayer frente a las oficinas de Iraqi Airways en Erbil, la capital kurda, a la espera de ser las primeras, cuando abran hoy, para conseguir un sitio en el vuelo diario a Bagdad.

Mientras tanto, en Ginebra, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, expresó su “enorme preocupación” por las ejecuciones sumarias, violaciones, asesinatos de venganza y bombardeo de civiles que se están produciendo en Irak. En un comunicado, dijo tener noticias de que los milicianos del EIIL “han buscado de forma activa, y en algunos casos asesinado, a soldados, policías y otros, incluidos civiles, a los que consideran asociados con el Gobierno”.

"Para quienes preguntan quiénes somos, somos soldados del islam"

Comunicado de EIIL

La ONU, según Pillay, ha recibido informaciones de que “soldados iraquíes fueron ejecutados de forma sumaria durante la toma de Mosul, al igual que 17 civiles que trabajaban para la policía, el 11 de junio”. Aunque admitió que se desconoce el número de víctimas civiles, habló de “centenares”, en la primera estimación desde que se iniciara la ofensiva yihadista el pasado lunes.

El EIIL asegura que da a los soldados y policías “una oportunidad de arrepentirse”, según un comunicado traducido por Reuters. “Para quienes preguntan quiénes somos, somos soldados del islam y hemos tomado la responsabilidad de restaurar la gloria del califato islámico”, añade. De momento, eso se traduce en la prohibición de drogas, alcohol y tabaco, y un edicto que obliga a las mujeres a cubrirse y ocultar las formas del cuerpo.

De acuerdo con las autoridades kurdas, 300.000 habitantes de Mosul han cruzado a la región autónoma huyendo de la violencia. Con ayuda de las agencias de la ONU, se han establecido tres campamentos, uno en la provincia de Dohuk y dos en la de Erbil. El resto de los desplazados, hasta el medio millón que señaló la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se encuentran aún en la provincia de Nínive. La OIM suma ahora otros 40.000 desplazados de Tikrit y Samarra, por lo que teme una “emergencia humana prolongada”.

Además, unos 80 ciudadanos turcos (medio centenar de empleados del Consulado en Mosul y 31 camioneros) siguen en manos del EIIL.

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