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Primarias en México

La derecha mexicana refrenda la política de pactos con Peña Nieto

La elección del moderado Gustavo Madero como presidente del PAN descabalga a los calderonistas y abre una nueva etapa

Gustavo Madero bromea con fotógrafos en septiembre de 2013
Gustavo Madero bromea con fotógrafos en septiembre de 2013 EFE

El Partido Acción Nacional (PAN), la formación hegemónica de la derecha mexicana, dio anoche por cerrada una etapa de poder y decadencia. En unas concurridas primarias, los militantes eligieron como presidente del partido al pragmático Gustavo Madero, principal muñidor de los pactos con el PRI. Este resultado encumbra al sector más moderado de la organización dejando para el recuerdo la era calderonista, representada por la candidatura de Ernesto Cordero, el epígono de Felipe Calderón, último presidente panista de México (2006-2012) y quien, desde la sombra, ha maniobrado para hacerse con el control de Acción Nacional.

En las primarias, sin precedentes en la historia el PAN, participó el 72% de sus 219.000 afiliados. Madero obtuvo el 57% de los votos frente al 43% de su contrincante. Tras conocer la victoria, el recién elegido presidente de Acción Nacional lanzó un mensaje de mano tendida y pacificación. Y puso como gran objetivo la presidencia de la República en las elecciones de 2018. “Todos somos necesarios en esta tarea. No quiero triunfalismos ni venganzas”, afirmó en tono sereno ante una militancia eufórica.

La victoria de Madero garantiza ante todo la continuidad de la política de pactos con el gobernante PRI. Esta alianza estratégica ha dado luz a la mayor agenda de reformas vivida por México en décadas. Sectores tan simbólicos como el petróleo o las telecomunicaciones han visto abrirse los candados constitucionales que los agarrotaban. Pero esta ola de cambios también ha desatado las iras de los seguidores del expresidente Calderón. Agrupados en torno a su exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero, han puesto en duda hasta el último momento el espíritu y la utilidad de los acuerdos, a los que consideran un ejercicio de entreguismo cuyo único beneficiario es su gran rival: el PRI.

Frente al cogobierno defendido por Madero, los calderonistas han apostado por una alternativa de resistencia, que se cobrase a buen precio cada pieza entregada e hiciera pagar al PRI el obstruccionismo practicado durante los últimos años de Calderón. La polarización del PAN ha derivado en los últimos meses en ásperos enfrentamientos. Esta crispación hacía temer que las primarias desembocasen en una espiral de denuncias por fraude. Pero Cordero evitó cualquier choque. En el mensaje a sus seguidores, rechazó impugnar los resultados y aceptó su derrota. “Nuestra batalla es ética, no legal”, zanjó. 

La victoria de Madero, pese a la tensión de la campaña, no representa ninguna sorpresa. Presidente del partido desde 2010, con fuertes anclajes en las principales agrupaciones de Acción Nacional, este empresario de 58 años partía desde el inicio de la contienda como favorito. En parte porque, como explica la investigadora política Soledad Loaeza, profesora del Colegio de México, su estrategia de pactos es consustancial al PAN: “Es un partido conservador; lo antinatural es que firme acuerdos con el PRD [la izquierda], pero no con el Gobierno. Históricamente se ha mostrado dispuesto a cogobernar, es su forma de ser”.

Pero los próximos pasos de Madero, sobrino nieto del mítico Francisco I. Madero, padre de la Revolución Mexicana, no se limitan a mantener viva la llama de la estabilidad y las reformas. Ante sí se alzan desafíos que bien pronto le pueden quemar. El presidente del PAN, ocupa la cúspide de una organización de fuerte base católica, conservadora en temas como el aborto y la homosexualidad, que representa los intereses de amplias capas de las clases medias mexicanas. Una fuerza fraguada históricamente en la oposición al PRI más absolutista y que antaño representó los valores de honradez y transparencia. Esta percepción, según las encuestas, ha sufrido una grave erosión tras dos sexenios en el gobierno (2000-2012). El propio balance de gobierno de Calderón ha quedado marcado por el brutal combate contra el narcotráfico, cuyos métodos están siendo fuertemente cuestionados ahora en México. A ello se suman los escándalos de corrupción que han alcanzado a colaboradores próximos al recién elegido presidente. 

Sobre este sustrato, Madero debe sacar adelante en primer lugar una estrategia que le permita salir airoso de los comicios de 2015. En estas elecciones se renuevan la Cámara de Diputados (actualmente con mayoría simple del PRI) y los gobiernos de nueve estados. El objetivo, como dio a entender Madero en su discurso de anoche, es recuperar terreno para dar el salto definitivo en la contienda presidencial de 2018. Será el momento en que el PAN tendrá que mostrar inteligencia suficiente para presentar un candidato que recupere los votos perdidos. Desde la victoria de Vicente Fox en 2000 (42,5% de votantes), el respaldo electoral al PAN ha rodado cuesta abajo hasta quedar como tercera fuerza (25%) en las pasadas presidenciales, por detrás del PRD.

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