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Cuatro frentes secesionistas en la UE

Recorrido por los separatismos europeos, desde las tensiones entre flamencos y valones en Bélgica a la reforma territorial francesa, pasando por el auge de los populismos en Italia

Salmond, ministro principal de Escocia, con el acuerdo para el referéndum. Ampliar foto
Salmond, ministro principal de Escocia, con el acuerdo para el referéndum.

Escocia celebra un referéndum de independencia en septiembre con el beneplácito de Londres, y Cataluña pretende realizar una consulta, sin el permiso del Gobierno de Mariano Rajoy, el próximo noviembre. Pero no son los únicos movimientos separatistas en la Unión Europea. Desde el ascenso de los populismos en Italia a las tensiones entre flamencos y valones en Bélgica, pasando por la reforma territorial francesa, he aquí un recorrido por cuatro frentes secesionistas.

Cuatro frentes secesionistas en la UE

Italia (Padania) | Ascenso populista y desprecio hacia la UE

Decía este martes Leoluca Orlando, el peculiar y casi eterno alcalde antimafia de Palermo —lo ha sido en cuatro ocasiones desde 1985—, que Beppe Grillo es “el termómetro de la enfermedad de Italia; es útil para conocer la gravedad de la situación, pero no sirve para curar”. La metáfora también puede aplicarse a la Liga Norte y, en menor medida, a otros movimientos secesionistas de menor calado que surgen por todo el país y, en especial, en la región del Véneto. El malestar de Italia consigo misma y con Europa se agranda hasta alcanzar la xenofobia cuando el norte mira hacia el sur a través del cristal de sus prejuicios y solo ve manos que piden sin dar. El desprecio de la Liga Norte hacia la “Roma ladrona” —el más suave de sus apelativos— se hace ahora extensivo, con toda la virulencia de la campaña europea, a Bruselas.

No hay mejor ejemplo del nivel de populismo que vive Italia —y sobre el que de vez en cuando chapotea hasta el propio primer ministro, Matteo Renzi— que la intervención reciente del diputado Gianluca Buonanno, candidato al Parlamento Europeo por la Liga Norte, en un programa de televisión. “Nosotros los del norte”, resumió el diputado, también famoso por la virulencia de sus discursos homófobos, “estamos hartos de pagar la recogida de basuras de Nápoles, Catania o Palermo, estamos hartos de esta Europa dirigida por los bancos, que no combate la inmigración clandestina y que ha empobrecido a los italianos con su moneda criminal. Es una Europa que nos da asco. Basta ya con el nazismo financiero impuesto por Angela Merkel”. Dicho lo cual, y ante la pasividad de Maurizio Lupi, ministro de Infraestructuras y Transporte del Gobierno de Renzi, hizo trizas una bandera europea, la tiró, la pisoteó y, finalmente, se limpió la nariz con ella. Acto seguido, orgulloso de su acción, subió el vídeo a su cuenta de Twitter para disfrute de sus seguidores. Por Pablo Ordaz (Roma).

Bélgica (Flandes) | Los flamencos apartan la secesión

En Bélgica, la región con ansias separatistas representa algo más que un reducto: es el grueso del país. Flandes, con casi el 60% de la población y la mayor parte de la riqueza, vota mayoritariamente a un partido, la N-VA, cuya primera reivindicación es la independencia. La difícil cohabitación entre flamencos y valones (los habitantes de la otra gran región, francófona y más desfavorecida) ha marcado la historia de este país, con momentos álgidos —como ocurrió en 2008— en los que la ruptura parecía inminente.

Desde entonces, la pugna entre dos comunidades que viven de espaldas no ha cesado, pero sí lo ha hecho la retórica independentista. Porque los nacionalistas flamencos han optado por aparcar las reivindicaciones secesionistas y explorar el amplísimo marco de competencias que ya tienen los dos territorios (además de Bruselas, que es una región autónoma y que actúa de nexo entre ambas porque ni Flandes ni Valonia están dispuestas a renunciar a ella). Con la certeza de que solo el 20% de la sociedad respalda la independencia, la N-VA procura una mayor autonomía de sus ciudadanos —y una menor solidaridad con Valonia— sin apelar a la partición del país. Por Lucía Abellán (Bruselas).

Francia (Bretaña) | Una reducción del número de regiones

En Francia, el cuestionamiento identitario y el sentimiento de pertenencia y reagrupamiento en torno a una comunidad son cuestiones que han sido casi monopolizadas (diríase que fagocitadas) en el discurso político, no tanto por las minorías regionales sino por los jefes de Estado y de Gobierno (y por cualquier político que aspire a ocupar dichos cargos). El nacionalismo corso y el bretón, así como sus manifestaciones violentas, han perdido fuelle en el siglo XXI, y el repunte más reciente en Bretaña ha estado más ligado a cuestiones ecológicas, económicas y culturales que a un renacer del independentismo bretón. Ciertamente, la identidad regional volverá a primera línea de la actualidad con la proyectada reforma administrativa (iniciada por anteriores Gobiernos) del Gobierno socialista, que preconiza la reducción —por fusión o absorción— del número de regiones.

En cuanto a la lengua, uno de los principales argumentos que, en otros países de Europa, sirven de argamasa para construir un discurso político teñido de nacionalismo, sigue siendo en Francia una cuestión marginal. Los hablantes de lenguas minoritarias no disfrutan del amparo y el tratamiento institucional que tienen el euskera y el catalán: Francia es uno de los países que no ha ratificado aún (está en ello) la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias del Consejo de Europa, 15 años después de haberla firmado en 1999. El ejemplo más claro de la actitud del Elíseo está en el célebre discurso, pronunciado en Caen (Normandía) en marzo de 2007, del expresidente Nicolas Sarkozy. En él, el líder conservador negaba la posibilidad de poner una lengua minoritaria al mismo nivel de reconocimiento institucional que el francés y aseguraba, tajantemente: "Tengo la convicción de que en Francia no hay ninguna minoría oprimida". Por Juan Peces (París).

Reino Unido (Úlster) | Repercusiones de Irlanda en Escocia

La victoria de los independentistas en el referéndum escocés tendría repercusiones directas en Irlanda del Norte porque pondría sobre la mesa un elemento que en estos momentos está fuera del debate: la convocatoria de un referéndum sobre la unidad de la isla de Irlanda.

El que fuera líder de los unionistas moderados del Úlster, artífice del proceso de paz y antiguo ministro principal de la provincia, lord David Trimble, lo expresó así la semana pasada: “Si el referéndum en Escocia va en dirección hacia lo que yo veo como el resultado equivocado, eso cambiaría el contexto político en Irlanda y provocaría tensión. Convertiría lo que ahora es un problema inexistente [la posibilidad de un referéndum] en un problema de primera fila que, obviamente, sería un factor de división”.

La BBC interpretó esas palabras como una advertencia de que, según Trimble, la victoria del sí en Escocia es “la mayor amenaza para la paz en Irlanda”, a lo que este respondió: “Ni he dicho eso ni pienso eso”. “En realidad, una victoria del sí en Escocia reforzaría el argumento contra la violencia porque sería la demostración de que se puede conseguir un gran cambio político a través del proceso político”, matizó lord Trimble. Por Walter Oppenheimer (Londres).

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