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Bruselas busca frenar a los europeos que van a combatir a Siria

Más de 2.000 ciudadanos comunitarios se han enrolado con los yihadistas

Combatientes rebeldes sirios cargan un lanza mortero, en Alepo el pasado enero. Ampliar foto
Combatientes rebeldes sirios cargan un lanza mortero, en Alepo el pasado enero. AFP

Más de 2.000 europeos han abandonado su apacible vida en el continente para enrolarse en la guerra siria. El fenómeno, de intensidad creciente desde que estalló el conflicto, asusta a las autoridades europeas por el impacto que estos combatientes tienen en su entorno y el riesgo de que regresen a Europa radicalizados. Bruselas acoge este jueves una cumbre de alto nivel en la que diferentes países comunitarios tratarán de coordinar sus actuaciones con Estados Unidos —inquieto por la posibilidad de que esos yihadistas acaben recalando en su territorio—, además de Turquía y otros países de la región.

El encuentro, organizado por el Gobierno belga, es el primero que reúne a representantes de países tan diversos para encarar el problema. Los llamados combatientes extranjeros en Siria arrojan cifras desconocidas en anteriores conflictos. Mientras en Afganistán este grupo nunca superó las 4.000 personas, el enfrentamiento sirio reúne ya de más de 10.000 voluntarios del exterior. Aunque la mayoría proceden de países vecinos, el hecho de que de Europa hayan salido ya más de 2.000 (según cifras conservadoras que maneja la Unión Europea) inquieta enormemente a los mandatarios.

Los ministros del Interior de los países más afectados por este tráfico (Alemania, Francia, Reino Unido, España, Bélgica, Holanda y Suecia) tratarán este jueves de pactar soluciones con sus homólogos estadounidense, turco, marroquí, jordano y tunecino. Estos dirigentes intentarán aplicar nuevas medidas “dada la gravedad del fenómeno”, asegura el Ministerio del Interior belga.

El objetivo es coordinar medidas de prevención: control policial, vigilancia en Internet e integración social para evitar que estos ciudadanos —con pasaporte europeo pero de ascendencia árabe en muchas ocasiones— penetren en Siria. También se pretende mejorar la identificación en fronteras. Para ello es esencial la colaboración de Turquía, país por donde acceden a Siria casi todos los combatientes comunitarios.

Europa lleva más de un año tratando de contener ese extremismo de sus propios ciudadanos, aunque los remedios propuestos son hasta ahora modestos. Las competencias de lucha antiterrorista son nacionales, pero el coordinador de la UE para este cometido, Gilles de Kerchove, que también asiste al encuentro de este jueves, ha presentado varias sugerencias y los países han ido aplicando algunas. La principal, que pretende trasladarse a toda Europa, es modificar la definición de terrorismo, de forma que incluya el entrenamiento pasivo como delito. Francia y Bélgica ya penalizan esas conductas. Este último país, el que más combatientes tiene en función de su población (unos 200), priva también de las prestaciones sociales a quienes incurren en esas prácticas. Dinamarca y Holanda, por su parte, retiran el pasaporte al ciudadano que ha ido a luchar a Siria.

Los países europeos organizaron otras tres conferencias internacionales de este tipo en 2013, aunque de momento las cifras no han remitido. Estados Unidos ya acudió a la última, celebrada en diciembre. Aunque apenas hay ciudadanos estadounidenses involucrados en la guerra, Washington teme la llegada a su territorio de algunos de los europeos que regresen radicalizados del combate en Siria gracias a la facilidad de visados entre ambos bloques.

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