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Boston corre su primer maratón tras los atentados

La edición se celebra con récord de participantes y público y entre fuertes medidas de seguridad

Meb Keflezighi celebra con su mujer la victoria en el maratón. REUTERS / ATLAS

El norteamericano de origen eritreo Meb Keflezighi se ha impuesto en el maratón de Boston. Su victoria hubiera sido simbólica solo por el hecho de convertirse en el primer atleta de EE UU en ganar esa carrera en 31 años. Keflezighi pasará a la historia, sin embargo, por alzarse con el triunfo de la prueba un año después de que dos bombas colocadas en la línea de llegada que él ha cruzado primero acabaran con la vida de tres personas e hirieran a 260, sembrando de miedo y caos la localidad.

Keflezighi ha sido uno más de los casi 36.000 corredores que este año han querido participar en la carrera para demostrar que, un año después de los atentados, la localidad ha recuperado la normalidad. “Será una celebración viva de la resistencia y la superación de la ciudad”, señaló el pasado 15 de abril, durante la conmemoración del aniversario de los atentados, el alcalde de Boston, Marty Walsh.

Con 9.000 corredores más que en 2013, la 118 edición del maratón más antiguo del mundo se ha convertido en la segunda con mayor asistencia de su historia, en los 42 kilómetros de su trazado y en los alrededores, donde cientos de miles de espectadores han abarrotado las calles de la ciudad para animar a los atletas.

La este lunes, sin embargo, no ha sido la típica maratón. La inusitada presencia policial y las extremas medidas de seguridad han reflejado la vulnerabilidad en la que aún está sumido Boston tras los atentados del año pasado. Alrededor de 4.000 agentes, más de medio millar de paisano, de los cuerpos de Policía local y estatal y del FBI, han blindado el recorrido entre Hopkinton y la calle Boylston, en la que, el 15 de abril de 2013, los hermanos Dzhokhar y Tamerlan Tsarnaev detonaron dos bombas caseras ocultas en sus mochilas.

Este año, ninguno de los espectadores ha podido llevar mochilas, como las de los Tsarnaev, o bolsas voluminosas en las zonas cercanas a la línea de meta. A los corredores también se les ha prohibido disponer de sus propias bolsas al comienzo de la carrera. La presencia de ambulancias y equipos médicos también se ha incrementado.

“Boston es hoy una ciudad mucho mejor que hace antes. La gente ha aprendido a lidiar con la tragedia”, señaló la semana pasada Thomas Menino, el alcalde de la ciudad durante los atentados. El proceso no ha sido fácil. Muchas de las personas afectadas por los atentados han sufrido amputaciones o secuelas a las que les está siendo muy difícil adaptarse.

Los más de 260 heridos y los cuatro fallecidos durante los atentados han sido objeto de un minuto de silencio antes de comenzar el maratón. Algunas de las víctimas han cruzado de manera simbólica la meta al terminar la edición, otras han podido finalizar los 42 kilómetros y consumar una carrera todo un año inconclusa.

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