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Cien condenas para el abogado Tamam

El abogado de cien de los hermanos musulmanes condenados a muerte recibió la documentación 15 minutos antes del juicio

El abogado Husein Ali Tamam en su despacho de Minya en marzo. Ampliar foto
El abogado Husein Ali Tamam en su despacho de Minya en marzo.

Las ventanas del despacho de Husein Ali Tamam, en la primera planta de un edificio de la plaza de Saa, están abiertas de par en par. Una cálida brisa vespertina mueve los papeles que se encuentran encima de su mesa, donde Tamam se sienta, casi oculto detrás de un montón de libros y carpetas. Está considerado como uno de los abogados defensores con más experiencia de Minya. Sin embargo, aunque intenta calmarse, parece estar nervioso porque a la vez fuma, lee y escribe. Acaba de sufrir la mayor derrota de su vida. Tamam dirigía el equipo de abogados que representaba a un centenar de los 529 procesados que fueron condenados a muerte el 23 de marzo en un juicio colectivo que duró un día y medio. Todo un récord en Egipto. Entre los acusados había al menos cuatro menores y algún muerto.

Tamam señala un montón de papeles que alcanzan los 15 centímetros de altura. "Esto es solo una parte del auto de procesamiento. En total son 3.500 folios y 14.000 apéndices. ¿Sabe cuándo me los entregaron? Un cuarto de hora antes de que empezara el juicio", dice mientras se quita las gafas y se frota los ojos.

Un juez ausente por motivos de seguridad dictó la sentencia más severa tras solo dos días de sesiones

La mañana siguiente, Michael Mahir, un estudiante universitario, activista cristiano y grafitero, abre el cerrojo de una pesada puerta de madera de una iglesia en la ciudad de Bani Mazar. Entra en el patio repleto de escombros del templo incendiado mientras hace su habitual ronda de inspección a través de la nave arrasada, trepando por las piedras y los fragmentos de vidrio ennegrecidos, entre los restos de una lámpara de araña. El 14 de agosto de 2013, cuando la iglesia fue atacada e incendiada por una turba probablemente dirigida por los Hermanos Musulmanes, Mahir se quedó a regañadientes con su familia en su casa desde donde podía ver el humo que salía por las ventanas y oler el aroma a quemado. Desesperado, intentó llamar a la policía y a los bomberos. "Nadie mueve un dedo por los cristianos. Quieren lo peor para nosotros. Si hubiéramos intentado proteger nuestra iglesia, nos hubieran apuñalado, ahorcado o golpeado hasta la muerte".

Mahir está de acuerdo con la sentencia dictada en Minya. "Me parece justo que estas personas sean ejecutadas", afirma.

¿Y si hubiera inocentes?

"En este país ya no quedan inocentes", dice. "Lo único que se puede hacer es defender las propias creencias, da igual el bando al que pertenezcas".

Mientras Mahir finaliza su paseo rutinario por las ruinas de la iglesia, una mujer llamada Maha Said prepara el desayuno a sus hijos, su suegro y su cuñado. Pero en ese momento ella solo piensa en su marido. Es uno de los 529 condenados a muerte que se encuentra recluido en la cárcel de Wadi Gidal. No ha sabido nada de él desde que fue detenido el pasado 25 de enero. Ni una sola carta. Ni tampoco una llamada.

Después del desayuno, Maha Said friega los platos, hace las camas y pasa la aspiradora, a pesar de que la casa está impecablemente limpia. “Lo hago para mantenerme ocupada. Para no pensar en nada”, explica. “Mi marido es inocente. El 14 de agosto, cuando se produjo el desgraciado incidente, no salió de casa. Lo habría jurado si me hubieran permitido estar en el juicio”.

El 24 de marzo, justo dos días después de que empezara el juicio, el juez Saeed Elgazar —su apellido significa “carnicero”— anunció su sentencia. Solo estaban presentes 147 de los 529 acusados. El resto estaba en paradero desconocido. Decenas de abogados acompañaban a Husein Ali Tamam, el abogado penalista que acababa de recibir el auto de procesamiento. Pero el juez Elgazar no estuvo presente en el proceso por motivos de seguridad, según les dijeron.

Cada uno de los acusados fue declarado culpable de haber participado en las revueltas de agosto, durante las cuales fue incendiada la iglesia del activista cristiano Michael Maher, junto con otras iglesias y propiedades. Durante el atentado, que fue repelido por las fuerzas de seguridad que desmantelan los campamentos de los Hermanos Musulmanes en El Cairo, también se produjo el asalto a una comisaría de policía.

Me parece justo que sean ejecutados”, dice un activista cristiano. Las condenas eran por quemar iglesias coptas

Muchos de los recién condenados se derrumbaron al escuchar la sentencia. Algunos lloraban y otros se mordían los dedos hasta que la sangre fluía. Más de doscientos agentes fuertemente armados vigilaban los alrededores del edificio.

Inmediatamente después, la ciudad de Minya, tradicionalmente el semillero de los Hermanos Musulmanes, acaparó las portadas de los periódicos de todo el mundo. No solo fue un duro golpe para los Hermanos Musulmanes, sino también para la justicia. Un segundo juicio se celebrará el próximo 28 de abril contra otros 700 islamistas, entre ellos el líder de los Hermanos Musulmanes Mohamed Badie. Se espera que se dicten más condenas de muerte.

Minya se cerró a los extranjeros. La policía y el servicio secreto observaban de cerca a los europeos. Les detenían, les interrogaban, les ponían en libertad y a continuación les soltaban advirtiéndoles de que salieran de allí. Un ambiente paranoico se había instalado en la ciudad.

Aquella misma mañana, un coche estaba aparcado delante de una iglesia protestante. La propietaria del vehículo —una mujer que se había bajado para comprar naranjas y lechugas— apareció de repente. Se produjo un gran altercado que terminó cuando la policía calmó los ánimos de los que se congregaron exclamando gritos de rabia. A raíz de la sentencia, Minya se ha convertido en una ciudad paralizada por el miedo.

El activista cristiano Michael Mahir es un hombre bastante agradable. Aun así, no siente especial simpatía por Maha Said, cuyo marido podría ser ejecutado en cualquier momento. Entretanto, el abogado Taman cree que su detención no tardará en llegar. “Después de lo que ha pasado en el juicio, todo es posible”, afirma.

Realmente ¿qué ocurrió en el juicio de Minya? Muchos piensan que los abogados defensores recibieron demasiado tarde el auto de procesamiento, debido probablemente a una falta de organización o tal vez a la propia voluntad del juez. Desde luego, el juez Elgazar tiene fama por dictar sentencias severas. Tal y como lo han narrado un grupo de abogados defensores, aparentemente el juez perdió la calma y dictó una sentencia que seguramente será revocada por un tribunal de apelación. Pero aún no hay ninguna evidencia. Los acusados, de momento, deben vivir con esa incertidumbre. Y sus familias también. Como hace Maha Said, que constantemente limpia su casa por pura desesperación.

“Esta sentencia es algo increíble. Egipto es la octava maravilla del mundo”, afirma el abogado Tamam riendo amargamente. “Pero aquí, un preso que está en el corredor de la muerte se despierta cada mañana pensando que ese será el día de su ejecución. Está esperando el momento final cada día”.

Traducción de Virginia Solans.

© 2014 Der Spiegel