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CRISIS DE CRIMEA

Ucrania acusa directamente a Moscú de la matanza del Maidán

Kiev hace responsables del centenar de muertos al expresidente Yanukóvich y a los servicios secretos rusos

Francotiradores en Kiev durante las protestas en febrero. Reuters Live!

Con un dedo apuntando a Moscú y otro a Crimea, hasta hace dos semanas territorio de Ucrania y desde entonces parte de la Federación Rusa, las nuevas autoridades de Kiev han responsabilizado este jueves de la sangre derramada a mediados de febrero en el Maidán al entonces presidente Víctor Yanukóvich, contra el que decenas de miles de personas protestaban desde finales de noviembre. Pero si Yanukóvich, líder del prorruso Partido de las Regiones, fue el autor intelectual de la masacre, en la que perdieron la vida un centenar de personas -muchas de ellas a manos de francotiradores-, los colaboradores necesarios fueron docenas de agentes de los servicios secretos rusos (FSB, antigua KGB), que facilitaron la represión de la revuelta. El Gobierno ucranio sospecha además que varios de los ejecutores materiales se ocultan en Crimea, anexionada por Moscú el pasado 21 de marzo.

En un ejercicio de exorcismo colectivo demandado por buena parte del movimiento de protesta, el ministro de Interior ucranio, Arsen Avekov; el fiscal general, Oleg Majnitski, y el jefe de los servicios de seguridad (SBU), Valentín Nalivaichenko, dieron lectura a las conclusiones de una investigación preliminar sobre lo sucedido en la plaza de la Independencia de Kiev, sede de la contestación a Yanukóvich. Los tres se cuidaron mucho de acusar a los agentes rusos de apretar el gatillo, como sostienen ciertas facciones del Maidán, aunque sí deslizaron que lo hicieron por mano interpuesta. “Planificada como una operación antiterrorista, la organización de asesinatos masivos se produjo a instancias directas de Yanukóvich. Estos grupos [los agentes rusos] participaron en la planificación y puesta en práctica de las medidas adoptadas en la operación”, dijo Nalivaichenko.

Francotiradores de la unidad Alfa, armados con fusiles de fabricación alemana y apostados en varios edificios de la plaza, habrían acabado con la mayoría de las víctimas, según el informe. El resto de los muertos fue obra de otros agentes del orden y de provocadores armados a sueldo del Ministerio del Interior del Gobierno de Yanukóvich. Doce agentes de las Berkut, las fuerzas especiales antidisturbios, fueron detenidos ayer como sospechosos de participar en los hechos. Entre ellos está el comandante de la conocida como “unidad negra”, responsable, según la investigación, de 17 muertes con armamento suministrado directamente por los rusos, que habrían proporcionado para la operación “toneladas de armas y explosivos”.

Los agentes de las Berkut y los miembros de la unidad Alfa que aún no han sido detenidos se ocultan en Crimea, aseguró Nalivaichenko, una acusación que motivó una agria respuesta por parte del número dos del Gobierno local, Rustam Temigaliyev.

El 22 de febrero, dos días después de la masacre, Yanukóvich huyó a Rusia, donde se halla refugiado y con una orden de busca y captura internacional pendiente. En una entrevista concedida este jueves a la televisión rusa, se escudó en su presunta debilidad para negar la represión de la revuelta. “Me tembló la mano a la hora de hacerlo. Siempre he considerado que conservar el poder no merece que se derrame una sola gota de sangre. Jamás ordené disparar, y, por lo que yo sé, nadie dio armas a los destacamentos especiales que defendieron los edificios oficiales”.

La acusación directa a los agentes del FSB inflamará aún más la tensión entre Kiev y Moscú, sobre todo si se confirma, y cobra cuerpo, la incipiente caza de brujas desatada a ambos lados de la frontera. Según la televisión rusa NTV, 25 ciudadanos de Ucrania han sido detenidos en Rusia en las últimas horas por preparar actos subversivos en varias regiones del país. Kiev, por su parte, acusa a Moscú de instigar las ansias separatistas en el sureste del país, habitado por importantes minorías rusas.

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