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Holanda adiestra para identificar radicales dispuestos a la guerra santa

Las autoridades cifran en “varios centenares” las personas susceptibles de luchar en países como Siria

Ámsterdam, La Haya y Almere, figuran entre los ayuntamientos vigilados por los servicios secretos y el Coordinador Nacional para la lucha contra el Terrorismo y la Seguridad

Soldados del ejército libre de Siria mientras rezan. Ampliar foto
Soldados del ejército libre de Siria mientras rezan. REUTERS

La salida de jóvenes europeos de diversos orígenes hacia países como Siria para luchar en la guerra santa (yihad) afecta también a Holanda, que tiene en su radar a “varios centenares” de ciudadanos susceptibles de llegar a ese extremo. A uno de ellos, Khalid K., de origen iraquí, que ha aparecido en unos vídeos filmados en Siria junto a cinco cabezas cortadas, le será negada la entrada en el país a partir de ahora. Para evitar situaciones parecidas, hay que reconocer a tiempo los signos de radicalización, y el Coordinador Nacional para la lucha contra el Terrorismo y la Seguridad, ha puesto en marcha un plan de adiestramiento que supera los cuerpos policiales. Entre las 5.000 personas involucradas en la detección de posibles extremistas, hay también maestros de primaria y secundaria y directores de escuela, asistentes sociales y oficiales de centros de menores, así como monitores juveniles y ayuntamientos.

Unos 2.000 estudiantes que se preparaban para ser enfermeros o visitadores sociales, han recibido asimismo clases sobre polarización social y extremismo. Otro tanto ha ocurrido con médicos, empresarios e investigadores, en el marco del mismo programa de refuerzo local. Si bien no es secreto, los detalles desvelados este jueves por el rotativo Algemeen Dagblad han favorecido la publicación de los pasos dados por el Gobierno para identificar a posibles terroristas. Teniendo en cuenta que un 10% de los extranjeros luchando en Siria son europeos, salidos de Reino Unido, Francia, Bélgica y Holanda (además de Dinamarca, Alemania, Irlanda, Finlandia y España) la idea es involucrar a la sociedad civil para impedir estos viajes.

“Hablamos de jóvenes que regresan con graves problemas de adaptación y un conocimiento exhaustivo sobre el uso de armas y fabricación de explosivos. Un problema no solo nuestro, es cierto, pero que debemos encarar a escala internacional y nacional”, según Frans Timmermans, titular holandés de Exteriores. A mediados de enero, el propio ministro cifró “en diez, los combatientes holandeses muertos en Siria en los últimos años”. Otros 120 siguen allí, mientras que una veintena ha vuelto a casa, según datos remitidos al Congreso. “Los jóvenes holandeses son aficionados, pero regresan como profesionales. También preocupan los que no han salido y se solidarizan con sus ´hermanos luchadores´. Para muchos ayuntamientos, la situación es nueva y precisan apoyo”, rezan los documentos del Coordinador antiterrorista.

Otras medidas son más generales y fáciles de aplicar. Se trata de la retirada del pasaporte a ciudadanos listos ya para viajar. De momento, hay once en esta situación en el país. Dos personas han sido juzgadas -una de ellas absuelta- por intento de asesinato, y de asalto, y distribución de textos exaltando la guerra santa. Al menos cuatro jóvenes han sido puestos bajo vigilancia del servicio de menores (entre 16 y 23 años). Varias decenas más han visto retirados sus subsidios sociales, y cuatro tienen bloqueadas sus cuentas bancarias. Cuando los signos de radicalización superan las posibilidades de los “ojeadores locales”, expertos antiterroristas se instalan en las ciudades en cuestión. “La radicalización afecta a una sociedad democrática y a la integración. Por eso hay que reforzar los lazos de pertenencia de los grupos susceptibles de abrazar mensajes extremistas”, concluye la exposición del plan antiterrorista holandés.