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La UE y EE UU temen una escalada rusa tras la independencia de Crimea

El Kremlin veta un proyecto de resolución de la ONU contra el referéndum

La embajadora de EE UU en la ONU, Samantha Power, habla con Vitaly Churkin, su homólogo ruso.
La embajadora de EE UU en la ONU, Samantha Power, habla con Vitaly Churkin, su homólogo ruso. AFP

Europa aguarda con inquietud el momento en que la llamada República de Crimea se declare independiente de Ucrania. Nadie en Bruselas duda de que ese será el resultado del referéndum de este domingo; la única incógnita consiste en aventurar cómo reaccionará el presidente ruso, Vladímir Putin, tras esa consulta, que toda la comunidad internacional considera ilegal, ilegítima y amenazante para la estabilidad mundial. Los Veintiocho saben que el mandatario es imprevisible y temen que reaccione de manera más agresiva para garantizar el nuevo estatus de Crimea.

La Unión Europea recela de los corrimientos de fronteras. En primer lugar, porque son pocos los que se producen sin derramamiento de sangre. Pero incluso si fuera así en este caso, la movilización de militares rusos como forma de propiciar una secesión resulta inaceptable para los socios comunitarios. La UE nunca podría legitimar una invasión de Moscú en un territorio enclavado en otro país europeo, por muy prorruso que pueda declararse. La Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo; la OTAN, la OSCE (organización que vela por la seguridad en el continente) y los países miembros han advertido de que no reconocerán el resultado de un referéndum ajeno a la legalidad ucrania.

La semejanza de este caso con otros del espacio postsoviético resulta inquietante y alimenta los temores de la UE. Varios expertos comunitarios recuerdan los precedentes de Abjazia del Sur y Osetia, dos regiones de Georgia que disfrutaban de un alto grado de autonomía desde los noventa y que acabaron declarándose independientes en 2008. Para ello tuvo que producirse una breve guerra entre Georgia y Rusia, que acudió a defender los intereses de dos territorios prorrusos y los reconoció como independientes.

Curiosamente, las autoridades prorrusas de Crimea no aluden a estos casos para legitimar el suyo, sino a uno mucho más sensible para Europa: la escisión de Kosovo, una provincia serbia hasta 2008 y reconocida como Estado independiente por casi toda la Unión Europea (aunque no por Rusia). La canciller alemana, Angela Merkel, ha negado categóricamente cualquier similitud, pues esa secesión se produjo “después de que la comunidad internacional observara impotente operaciones de limpieza étnica” en la región, algo que no ha ocurrido en Crimea.

Muchos analistas en Washington consideran que no se puede hacer nada para librar a Crimea de la anexión

Entretanto, el derecho de veto de Rusia como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU frustró este sábado un borrador de resolución presentado por Estados Unidos para defender la integridad territorial de Ucrania y condenar por ilegítimo el referéndum crimeo. Tras la votación, en la que China se abstuvo, la embajadora estadounidense, Samantha Power, afirmó que la entrada rusa en el sur de Ucrania, de confirmarse, sería “una escalada escandalosa” de la crisis.

Washington libra con Moscú una pelea con una mano atada a la espalda, si no las dos. No hay nada que se pueda hacer para salvar a Crimea de la anexión. Esa es la opinión mayoritaria entre los expertos. “No creo que Crimea pueda escaparse de las manos de Rusia”, declaró contundente el fin de semana pasado el exsecretario de Defensa Robert Gates. “Crimea está ya perdida”, puntualizó.

Hasta la fecha, la Administración de Barack Obama ha confiado en una solución diplomática a la crisis y lo más lejos que ha ido es amenazar a Rusia con el aislamiento que sufrirá tanto política como económicamente si persiste en sus intenciones.

Washington no reconocerá el resultado del referéndum porque es “contrario a la Constitución” de Crimea y a la ley internacional, como declaró el jefe de la diplomacia norteamericana, John Kerry. Este admitió que Rusia tiene “derecho a perseguir sus legítimos intereses en Ucrania. Tiene intereses históricos, culturales, geoestratégicos y estamos dispuestos a respetarlos. Pero eso exige que Rusia respete la estructura multilateral que nos gobierna desde la II Guerra Mundial y tratar de resolver este problema a través de las normas legales multilaterales”, añadió el jefe de la diplomacia estadounidense. “Todas las opciones de diálogo están abiertas”, recalcó Kerry, cuando el diálogo parece prácticamente agotado.