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Los duros del Maidán quieren estar en política

El líder de la extrema derecha, Dimitro Yarosh, lanza un partido // La organización tiene 10.000 voluntarios

Dimitro Yarosh (c), habla durante una manifestación en Kiev el pasado mes de febrero.
Dimitro Yarosh (c), habla durante una manifestación en Kiev el pasado mes de febrero. REUTERS

Los recepcionistas del hotel donde se ha instalado Dimitro Yarosh van con chaleco antibalas negros. Dentro hay otro puñado de hombres vestidos como militares, con ropa de camuflaje. Uno de ellos pide los pasaportes. Para llegar al jefe del Sector de Derechas, el grupo más radical de los violentos del Maidán, hay que atravesar una cafetería setentera, varios pasillos y subir unas plantas en ascensor. El líder de la extrema derecha recibe en un cuarto de paredes rosadas y cortinas tupidas para que casi no entre la luz natural. Todos salen. No hay jefes de prensa ni vigilantes. Entrelaza los dedos de las manos, apoya los codos y explica sus planes: “Para nosotros, la revolución continúa. El Maidán nació para cambiar el sistema, no las caras de los que están en el poder”.

Yarosh, filólogo de 42 años, empezó a ser alguien durante las protestas, cuando la represión policial hizo ganar visibilidad a la minoría que sabía pelear y estaba organizada. Él era el líder uno de los grupúsculos ultranacionalistas que han acabado integrándose en el Sector de Derechas bajo un mando único, el suyo. Yarosh pretende trasladar todo ese mundo marcial y radicalizado a la política. Hace unos días anunció que se presenta candidato a las presidenciales del 25 de mayo —con muy escaso apoyo, según los analistas-—. Ahora explica, con su tono de voz bajo, que su organización tendrá un bloque militar y otro político que pretenden lanzar este sábado.

Lleva un jersey de canalé negro con coderas de tela y el pelo muy corto. En el pasillo enmoquetado donde está su habitación, hay una cámara de seguridad y detrás una pantalla para vigilar la calle. Rusia ha lanzado una orden de arresto contra él por incitación pública al terrorismo, algo que él niega. A la propaganda del Kremlin Yarosh le sirve, sobre todo, de modelo de fascista. El objetivo es hacer creer que toda la protesta ha estado y está dominada por estos grupos radicales, aunque constituyan solo una parte del Maidán y además minoritaria. El Sector de Derecha busca ahora ganar influencia dentro del sistema, como partido.

Yarosh adelanta parte del programa. “Empezamos con la lustración [limpieza] del poder y luego hay que reorganizar el Ministerio del Interior, los servicios secretos y las fuerzas armadas”, enumera despacio. “Hace falta extirpar la matriz oligárquica que estaba en la base del régimen de [Víctor] Yanukóvich. Si no creamos una clase media y apoyamos a las pymes, no se pueden esperar cambios drásticos en el país. Los oligarcas pueden invertir y ayudarnos en ese cambio”, plantea.

El héroe de Yarosh es Stepán Bandera, el aliado de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial que ha salido a relucir en estas protestas presentado como un luchador por la independencia ucrania. El líder del Sector de Derecha trata de mostrar su perfil más moderado. “¿De extrema derecha? ¿Fascista yo?”, sonríe. “El nacionalismo ucranio no es xenófobo ni antisemita. Buscamos proteger lo nuestro, garantizar que los ucranios vivan tranquilos en su territorio, y eso incluye a las minorías nacionales”, se defiende. Sobre los derechos, por ejemplo de los homosexuales, tiene una postura bastante próxima al Kremlin que tanto detesta: “Soy cristiano y mi actitud es negativa hacia ellos. Entiendo que la gente con una sexualidad diferente tenga derecho a vivir como quiera, pero no acepto la propaganda de todo eso ni los matrimonios gays. Estamos a favor de la familia tradicional”, afirma. ¿Pueden estar tranquilos los ucranios que no apoyan la revolución? “Si, solo las acciones antiEstado deben estar castigadas por la ley, como colocar la bandera rusa en un edificio público”, asegura.

Nada más comenzar la amenaza rusa en Crimea, el Sector de Derechas llamó a la movilización general de voluntarios. Han colocado mesas de reclutamiento y teléfonos para los que quieran unirse. Calcula que tienen unos 10.000 hombres, pero dice Yarosh que “cada día se alistan cientos”, que reciben formación militar y “educación patriótica”. Se han ganado fama de duros. “No se consigue nada viniendo al Maidán a cantar canciones”, dice uno de sus miembros, Alexei, de 18 años y la cara llena de heridas de balines de goma. Está en el puesto principal del Sector de Derechas del Maidán. Por detrás pasa un grupo marchando. Muchos consideran que están en guerra. Un par ensaya cómo inmovilizar con una llave a un tercero. Otros meten cajas de naranjas en el edificio que ocupan. “Son los únicos que de verdad hacen algo”, comenta otro. A su lado, un chaval con gafas de hipster y traje de camuflaje explica que estudia para ser fiscal y que es judío antes de cerrar la boca por orden de un tipo con un walkie talkie cosido al hombro que dice ser el jefe.

En su austero despacho del hotel, custodiado fuera por hombres armados en una sala que debía ser el baño porque cuelga de la pared un secador, Yarosh explica que está intentando que se legalicen las armas que han acumulado, que contribuye a crear una ley sobre tenencia de armas, ofrece colaboración a las fuerzas del orden y afirma que, pase lo que pase en Crimea el domingo, “el Sector de Derechas va a estar bajo las órdenes del Estado, no aceptamos la anarquía”, explica tranquilo. “La reacción del Gobierno [a Rusia] ha sido adecuada, pero los militares deberían haber sido más activos”, critica. “Desde hace años, los rusos se han infiltrado en los jefes de las Fuerzas Armadas, han llevado a cabo una desmoralización y liquidación de las unidades de combate”.

La relación de Yarosh con las nuevas autoridades es, dice, de diálogo. Con una especie de sentido de Estado, explica: “No hemos entrado en las estructuras de poder, pero tenemos buena relación con ellos, porque ahora no se puede desestabilizar el sistema político. Eso daría ventaja a Rusia. Pero cuando ganemos las presidenciales”, afirma sonriente pese a sus raquíticas posibilidades, “nuestra influencia será mayor”.