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La violencia étnica se extiende en China

El terror separatista con la minoría musulmana uigur desborda la región de Xinjiang

El ataque a cuchilladas en Yunnan conmociona al país

Un hombre rinde homenaje a las víctimas de un ataque terrorista en Kunming, en la provincia china de Yunnan, el viernes. Ampliar foto
Un hombre rinde homenaje a las víctimas de un ataque terrorista en Kunming, en la provincia china de Yunnan, el viernes. afp

El baño de sangre desatado el sábado de la semana pasada por ocho atacantes vestidos de negro armados con machetes y cuchillos en el sur de China ha conmocionado al país por su brutalidad, porque ha tenido como objetivo a civiles y porque ha expandido a otras provincias de China la violencia étnica que regularmente sacude a Xinjiang, y que, hasta ahora, se había circunscrito prácticamente a esta región autónoma, hogar de la minoría musulmana uigur.

29 personas que se encontraban en la estación de tren de Kunming (capital de la provincia sureña de Yunnan) murieron y 143 resultaron heridas por las puñaladas y cuchilladas asestadas de forma indiscriminada por el grupo de “terroristas separatistas de Xinjiang”, según los calificó el Gobierno. Cuatro de los atacantes —entre ellos, una mujer— murieron por disparos de la policía, un quinto —también una mujer— resultó herido, y los tres restantes fueron detenidos el lunes, incluido el líder del grupo, identificado como Abdurehim Kurban.

El atentado, calificado de “11S” por la prensa oficial china, ha provocado un incremento de las medidas de seguridad en el país y ha generado miedo e incertidumbre entre muchos chinos, ante lo que los expertos consideran el inicio de una nueva fase en el conflicto étnico y nacionalista que sufre Xinjiang, y una seria escalada de la tensión y la amenaza del terrorismo.

La violencia étnica se extiende en China

Muchos uigures en Xinjiang sienten un gran resentimiento contra las autoridades por lo que consideran represión de su cultura y su religión y discriminación por parte de los han, la etnia mayoritaria en China, que domina la vida política y económica de esta zona del oeste del país rica en recursos energéticos y minerales. Pekín niega que haya discriminación y dice que ha llevado prosperidad y mayor nivel de vida a la población.

La región autónoma, fronteriza con Asia Central, se ve golpeada periódicamente por choques violentos entre miembros de la minoría uigur —uno de los 56 grupos étnicos de China— y las fuerzas de seguridad, que el Gobierno asegura que son obra de terroristas motivados por el extremismo religioso, que buscan la independencia de Xinjiang y tienen conexiones con grupos extranjeros.

Pero los ataques contra civiles son raros, y hasta ahora no se habían producido en lugares tan lejanos como Yunnan —que se encuentra a más de 1.000 kilómetros de Xinjiang y es un popular destino turístico—, excepto en una ocasión, en Pekín, donde, en octubre pasado, tres miembros de una misma familia de Xinjiang estrellaron el coche en el que iban contra una multitud de turistas bajo el retrato de Mao Zedong en la plaza Tiananmen —corazón del poder en China—, y lo incendiaron, según aseguró la policía. Mataron a dos personas e hirieron a 38. Los tres atacantes suicidas —que Pekín calificó de militantes separatistas de Xinjiang— fallecieron.

”Esto representa una nueva fase en el ciclo vicioso de las tensiones étnicas en China. Previamente, la violencia estaba contenida en Tíbet y Xinjiang, y el año pasado hubo [un atentado] en la plaza Tiananmen, supuestamente cometido por unos pocos uigures. Parece que ahora los terroristas van a atacar en cualquier sitio, lo cual sugiere que el Gobierno chino se enfrentará a desafíos de seguridad más graves en el futuro”, afirma Zhiqun Zhu, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Bucknell (Pensilvania).

El último atentado hace temer una nueva fase en la amenaza terrorista

Como es habitual, Pekín no ha identificado a los responsables del atentado en Kunming como uigures para no demonizar a todo el grupo étnico, pero al llamarlos extremistas de Xinjiang la denominación está clara. Los uigures representan el 47% de la población de Xinjiang y los han, el 38%, según datos del Gobierno regional de 2011. El resto pertenece a otras minorías.

Aunque ningún grupo ha reivindicado la autoría del ataque en Kunming, Pekín asegura que la violencia en Xinjiang es causada por grupos terroristas que buscan la independencia, en particular el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (ETIM, en sus siglas en inglés), que Washington incluyó en su lista de organizaciones terroristas en 2002, tras los ataques del 11S en Estados Unidos, aunque lo retiró posteriormente. El Gobierno chino asegura que la policía encontró carteles con eslóganes sobre un Turquestán Oriental independiente cerca del lugar del atentado en Kunming. Según las autoridades de Xinjiang, el aumento de ataques se debe a la expansión del extremismo religioso en el mundo.

En la década de 1990, se produjo un aumento del sentimiento nacionalista entre los uigures, después de que el desmoronamiento de la Unión Soviética condujera a la creación de varios estados independientes junto a la frontera occidental de China. Pekín respondió de forma “inmediata y represiva”, según señala Philip Potter, experto en terrorismo en la Universidad de Michigan, en un reciente artículo en una publicación de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Esta estrategia “tuvo éxito en evitar ataques terroristas e impedir el crecimiento de estas organizaciones”. Pero, al mismo tiempo, ha forzado a “los separatistas uigures más extremistas” a refugiarse en países vecinos como Pakistán, Afganistán o Kazajistán —en particular en la última década—, donde, según Potter, “están desarrollando lazos con facciones yihadistas conectadas con Al Qaeda y los talibanes”. “Esta fertilización cruzada entre movimientos previamente aislados conduce a más ataques y con un número de víctimas mayor”, añade.

Organizaciones de uigures en el exilio y de derechos humanos afirman que la violencia se debe más al descontento de los uigures con las políticas y el férreo control del Gobierno chino que a una amenaza real de grupos separatistas. Algunos expertos creen que Pekín exagera la amenaza del terrorismo para justificar su política de puño de hierro en Xinjiang, y dicen que mientras no haya más evidencias claras hay que tomar con precaución las afirmaciones de Pekín, dado el control que ejerce sobre los medios de comunicación estatales y la casi imposibilidad para la prensa internacional de verificar sobre el terreno hasta qué punto existe radicalismo islamista o separatismo, debido al control de la policía.

Algunos expertos apuntan a vínculos de los separatistas con el yihadismo

“Sigo sin estar convencido de que ETIM haya sobrevivido como organización terrorista influyente estos últimos años”, ha declarado Gardner Bovindong, un experto en historia y política de Xinjiang en la Universidad Indiana (Estados Unidos), a France Press. “Pekín hace propaganda constantemente con esto porque Estados Unidos, en su momento, clasificó a ETIM de organización terrorista”.

Otros analistas apuntan también a la falta de explosivos sofisticados en los ataques como indicio de que no parece haber lazos estrechos con redes terroristas internacionales. Sin embargo, Xiong Kunxin, profesor de Teoría de Etnias en la Universidad de las Minorías Étnicas de Pekín, afirma que el uso de machetes y cuchillos, en lugar de armas de fuego o bombas, se debe a que “China controla de forma estricta las armas de fuego (…) [Los atacantes] no pueden lograr pistolas por canales regulares, es más fácil para ellos obtener cuchillos”. Zhiqun Zhu añade que, “como parte de su cultura y tradición, se permite a los uigures llevar cuchillos, aunque no pueden exhibirlos en público, por lo que pueden convertirse fácilmente en armas”.

Para Xiong, no existe duda de la conexión del atentado en Kunming con las redes de terrorismo internacional. “Del análisis de lo ocurrido, concluyo que están conectados con el terrorismo global. Esta gente fue capaz de cortar partes vitales, como la garganta, de un tajo. No podrían ser tan profesionales si no estuvieran entrenados”.

Más 100 personas han muerto, incluidos varios policías, en el último año en diferentes incidentes en Xinjiang, según la prensa china. El choque más grave de los últimos años se produjo en 2009, cuando turbas de uigures se echaron a la calle en Urumqi (capital de Xinjiang) armados con cuchillos y atacaron a miembros de la etnia han, incluidos niños y mujeres. Días después, los han respondieron armados con palos y barras contra los uigures. Casi 200 personas murieron, la inmensa mayoría han.

El ataque en Kunming ha tenido una alta carga simbólica y un gran impacto, dados el lugar, las víctimas y el momento —días antes del inicio de la sesión anual del Parlamento chino— elegidos, lo que ha provocado gran inquietud a las autoridades, que ven cómo la violencia se expande fuera de Xinjiang. Según Xiong, la consecuencia será que “el Gobierno incrementará el control”; es decir, las medidas de seguridad y la vigilancia. Zhiqun Zhu, sin embargo, cree que, “al mismo tiempo que condena los ataques y castiga a los terroristas, el Gobierno chino quizás quiera reflexionar sobre sus políticas étnicas”. Según Potter, “hay razones para estar gravemente preocupados por la amenaza futura del terrorismo en China (…) Uno de los inconvenientes del crecimiento y la liberalización es una mayor exposición al terrorismo tanto internacional como doméstico”. Y concluye: “La solución más viable a largo plazo sería hacer frente a las quejas subyacentes de la población uigur dentro de los límites del sistema político”.