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Rusia y EE UU abren una vía para una salida diplomática al conflicto ucranio

Moscú se niega a negociar con las nuevas autoridades ucranias pero acepta seguir negociando

Estados Unidos exige que el Gobierno de Kiev participe en cualquier acuerdo

Dando una de cal y dos de arena, y jugando al gato y al ratón con la comunidad internacional, la hábil y hermética diplomacia de Vladímir Putin mantuvo ayer su estrategia de la guerra fría en Ucrania aunque dejó abierta la puerta a buscar una solución dialogada. Pese a los denodados esfuerzos de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania por reunir al ministro de Exteriores ruso con su homólogo ucranio, Moscú se negó a sentarse con el nuevo Gobierno de Kiev, al que considera ilegítimo, y afirmó haber alcanzado un acuerdo con Estados Unidos para desbloquear la crisis, acuerdo que la delegación norteamericana desmintió de forma categórica poco después. En medio del caos, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov,negó que las milicias rusas que ocupan los lugares estratégicos de la península de Crimea estén bajo el mando de Moscú, evitándose así la posibilidad de ordenar una retirada de sus soldados del extremo sur de Ucrania.

El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, explicó en rueda de prensa que se ha acordado con los ministros de Exteriores ruso y ucranio continuar las "intensas conversaciones" en los próximos días. "Es muy importante resolver la cuestión por el diálogo, trabajamos por una solución", declaró Kerry tras reunirse con Lavrov, a quien volverá a ver este jueves en Roma.

París vivió una larga y frenética jornada diplomática, que acabó al caer la noche con síntomas de distensión –especialmente, la conversación entre Putin y la canciller alemana Angela Merkel para normalizar la situación-, pero sin el esperado signo de deshielo, ya que Occidente no logró que Lavrov se sentara a negociar con las autoridades de Kiev, un Gobierno proeuropeo, surgido de la insurrección ciudadana y considerado ilegal por Moscú.

Kerry y Lavrov apoyarán a los ucranios para lograr un compromiso

Un portavoz del Quai D’Orsay confirmó a este diario que el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, el ministro ruso Lavrov y su homólogo ucranio Andrei Deshchytsia habían visitado la sede del ministerio de Exteriores hacia las ocho de la tarde. Pero, al ser preguntado por si los enviados de los países del este se habían visto, el portavoz dijo: “No lo sé”. Una fuente occidental confirmó más tarde a la agencia France Presse que Lavrov dejó el Quai D’Orsay sin ver a Deshchytsia.

Poco antes, Lavrov había declarado, tras reunirse con Kerry y varios ministros europeos, que Rusia y Estados Unidos se habían puesto de acuerdo “para ayudar a los ucranios a poner en marcha los acuerdos del 21 de febrero”, en referencia a la hoja de ruta patrocinada por la Unión Europea que prevé que la exoposición ucrania, hoy en el poder, entable negociaciones de paz con el depuesto presidente prorruso, Viktor Yanúkovich. Apenas media hora después, un portavoz del secretario de Estado de EE UU negaba oficialmente que dicho acuerdo existiese, y añadió categórico que no “existirá jamás sin una implicación directa del Gobierno ucraniano en las negociaciones”.

Lavrov abandonó el Quai D’Orsay hacia las ocho y media de la tarde, mientras los representantes de EE UU, Alemania, Francia, Ucrania y Gran Bretaña seguían debatiendo una solución a la crisis con la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.

La ambigüedad y el doble lenguaje marcaron una jornada cargada de paradojas y de señales contradictorias. Mientras Europa trataba de rebajar el tono sobre la aplicación de sanciones a Moscú y ponía el acento en la creación de un grupo de contacto multilateral para buscar una salida negociada, Bruselas prometía masiva ayuda financiera al nuevo Gobierno europeísta de Kiev -11.000 millones de euros a cambio de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional-, y el nuevo ministro de Finanzas ucranio provocaba un terremoto en los mercados financieros del país al declarar que espera negociar una quita de su deuda con sus acreedores.

La base del diálogo será el pacto patrocinado por la Unión Europea

En Bruselas, la OTAN y Rusia mantuvieron también conversaciones, en medio del temor a que un enfrentamiento entre fuerzas ucranias y rusas en Crimea pueda provocar un estallido de violencia o extender la presencia militar de Rusia a otros territorios del este del país. El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, anunció la suspensión de la planificación de la primera misión militar conjunta con Rusia y de todas las reuniones militares o civiles con ese país.

En la península de Crimea, de mayoría y lengua rusas, la tensión seguía siendo alta. El enviado especial del secretario general de la ONU, Robert Serry, fue retenido por un grupo de hombres armados después de que una multitud exasperada rodeara el coche en el que viajaba, según informó un responsable del ministerio de Exteriores ucranio. Aunque la ONU aseguró que el diplomático holandés había sido puesto en libertad, Reuters confirmó que el enviado de Ban Ki Moon tuvo que abortar su misión y abandonar Crimea tras ser liberado.

Por la mañana, en Madrid, el jefe de la diplomacia rusa trasladó al Gobierno autónomo de Crimea la responsabilidad de autorizar la visita de una misión de observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Tras señalar que no es a Rusia sino a las autoridades ucranias a quienes corresponde “invitar” a la misión internacional, subrayó que la Rada (el Parlamento de Kiev) no controla la totalidad de su territorio, en alusión a Crimea. La OSCE ha aprobado, a petición de Kiev, el envío a Ucrania de una misión de observación formada por 35 militares desarmados, pero aún no está claro si podrán visitar la península de mayoría rusa.

Lavrov se desentendió también de toda responsabilidad sobre las que denominó “fuerzas de autodefensa” –unas milicias uniformadas y perfectamente equipadas que han tomado los centros neurálgicos de Crimea--, alegando que Moscú no tiene ninguna autoridad sobre ellas ni puede ordenar su retirada, a pesar de que todos los testigos confirman que se trata de tropas regulares rusas, aunque no lleven insignias.

Respecto a los militares de la Flota del Mar Negro, aseguró que permanecen en sus acuartelamientos y solo han tomado “medidas de alerta” ante el deterioro de la seguridad. Eso sí, apostilló, --en línea con lo sostenido el pasado martes por Putin, quien no descartó el uso de la fuerza como último recurso— que “Rusia no va a permitir un baño de sangre ni atentados contra la vida y la integridad” de la población rusa de Ucrania.

En una rueda de prensa conjunta con su homólogo español, José Manuel García-Margallo, Lavrov no ahorró críticas a los países occidentales, a quienes acusó de alentar un “asalto armado al poder” para derrocar por métodos inconstitucionales al presidente Viktor Yanúkovich. “Los malos ejemplos son muy contagiosos y hay que ser consecuentes con todas las acciones”, apostilló.

Lavrov aseguró que la salida a la crisis pasa por la aplicación del acuerdo que Yanukóvich alcanzó el 21 de febrero con la oposición (bajo los auspicios de los ministros de Exteriores de Alemania, Francia y Polonia) y que preveía la formación de un Gobierno de unidad nacional, la reforma de la Constitución y el adelantamiento de las elecciones. “No hay que pasarse de listo, no hay que engañar a nadie”, añadió, en alusión al incumplimiento de este pacto por parte de la oposición.

De su lado, Margallo admitió que España está “obligada” a aplicar sanciones contra Rusia si así lo acuerda la UE –los ministros de Asuntos Exteriores de los 28 advirtieron el lunes que suspenderán varias negociaciones en curso con Moscú si no da marcha atrás en su escalada militar en Crimea— pero agregó que su deseo es “que la situación se calme, que la desescalada se produzca” y que Rusia y la UE superen la desconfianza. “Es el momento del diálogo y la diplomacia”, subrayó.

En París, tras asistir en el Elíseo a una reunión internacional sobre Líbano, Margallo señaló que su impresión es que “Lavrov tiene ganas de llegar a un acuerdo” sobre Ucrania. “Ha prometido que en ningún caso se trata de buscar una anexión de Crimea o de otra parte de Ucrania, ni forzar un referéndum de autodeterminación que sería contrario a la Constitución ucraniana y a los tratados internacionales", explicó el ministro español.

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