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MSF alerta de que la sanidad afgana aún no alcanza los mínimos deseables

La mayoría de los afganos tienen difícil el acceso a un médico por la violencia, la distancia a los hospitales y el precio de la asistencia

Un hombre sujeta a su hija de 8 años mientras espera en el hospital Boost de Lashkar Gah, en la provincia de Helmand.rn
Un hombre sujeta a su hija de 8 años mientras espera en el hospital Boost de Lashkar Gah, en la provincia de Helmand.

Doce años después del derrocamiento del régimen talibán y en vísperas de la retirada de las tropas extranjeras a finales de 2014, la mayoría de los afganos siguen teniendo difícil el acceso a la sanidad a causa de la violencia, la distancia a los hospitales y el elevado precio de la asistencia médica. Tal es la conclusión a la que ha llegado Médicos Sin Fronteras (MSF) tras consultar a 800 pacientes y familiares en los cuatro hospitales de Afganistán en los que tiene equipos destacados.

“Aunque sin duda se ha invertido y progresado desde 2002, las versiones oficiales sobre el sistema de salud de Afganistán suelen enfatizar los logros, pero obvian las necesidades médicas que no se han alcanzado”, concluye el informe de MSF que este martes se presenta en Kabul.

MSF, que tras dos décadas trabajando en Afganistán dejó el país en 2004 a raíz del asesinato de cinco de sus trabajadores, regresó en 2009. Desde entonces tiene 70 extranjeros y 1.600 afganos en sendos hospitales públicos de Kabul, Lashkar Gah (capital de Helmand), Kunduz y Khost. Los beneficiarios de ese servicio respondieron entre junio y octubre del año pasado a una encuesta con cuyos datos han elaborado la radiografía de la sanidad afgana.

En Entre la retórica y la realidad: la continua lucha para acceder a la sanidad en Afganistán, esa ONG revela que uno de cada cinco afganos entrevistados tiene un familiar o amigo cercano que ha fallecido durante el año anterior por falta de asistencia sanitaria. Las tres mayores barreras para acceder a ella son la falta de dinero y el elevado precio (en un 32% de los casos), la distancia hasta el centro médico (en un 22%) y el conflicto armado (en un 18%).

Significativamente, justo cuando empezaba a planearse la salida de Afganistán de los Ejércitos extranjeros que aún permanecen allí, el año 2013 ha sido el segundo más violento para la población civil desde 2001, cuando los bombardeos de EE UU desalojaron a los talibanes del Gobierno. Según MSF, el año pasado el número de personas tratadas por heridas de arma de fuego aumentó un 60% respecto al año anterior.

Un 29% de los entrevistados por MSF manifestaron haber experimentado hechos violentos de forma directa o por parte de un familiar o persona cercana durante los 12 meses anteriores. Y lo que es más llamativo, un 23% perdió a un pariente o amigo debido a la violencia en ese periodo. En la mayoría de los casos (el 87%) se trató de muertes causadas por el conflicto armado (el resto fueron fruto de criminalidad común o disputas vecinales).

Esa situación hace que uno de cada dos afganos cite el conflicto armado como primer obstáculo para acceder a un centro médico. Pero entre quienes habían llegado al hospital y podían por tanto responder a la encuesta de MSF, uno de cada ocho dijo que durante el año previo había habido otras ocasiones en que no habían sido tan afortunados. En las provincias de Helmand (en el sur) y Kunduz (en el norte), esa circunstancia se eleva a dos de cada cinco. En el 74% de los casos, los entrevistados señalaron que la causa del retraso o bloqueo para llegar al hospital había sido “un combate o la inseguridad nocturna”.

“Aunque el número de instalaciones sanitarias en Afganistán ha aumentado considerablemente durante la pasada década, los entrevistados revelan que todavía hay pocas asequibles o que funcionen de manera adecuada en las que puedan confiar y cercanas a sus domicilios”, asegura el informe.

En muchos casos, la distancia hasta las instalaciones sanitarias complica el traslado de los enfermos o heridos. Un 12% dijo haber necesitado "más de dos horas en transporte motorizado, a menudo por carreteras y caminos peligrosos", porcentaje que se eleva hasta un 27% en la provincia de Kunduz. A ello se suma el que dos de cada tres entrevistados describieron sus hogares como entre "pobres" y "extremadamente pobres", es decir que viven con menos de 0,80 euros al día. Dado que el gasto medio de los tratados ronda los 32 euros, no es de sorprender que un 44% se viera obligado a pedir dinero prestado o vender algunos bienes para hacer frente a la factura.

A pesar de ello, un 79% de los entrevistados aseguró haber ignorado la clínica pública más cercana durante una enfermedad anterior debido a las dudas sobre la cualificación y la disponibilidad de personal, los servicios o los tratamientos. Eso convierte en agua de borrajas la prometida política nacional de sanidad gratuita.

“Las historias de éxito sobre el sistema sanitario a menudo ocultan el alcance de las barreras que impiden el acceso a la asistencia médica asequible y de calidad a demasiados afganos”, concluye MSF.

La ONG denuncia el uso de centros sanitarios como colegios electorales

MSF denuncia que el Gobierno afgano haya designado algunos centros sanitarios, además de escuelas, como centros de inscripción de votantes y colegios electorales para los comicios del próximo abril. “Es otro signo de que las instalaciones se usan para otro objetivo distinto de la asistencia médica”, advierte el informe.

Para la ONG, esa decisión “aumenta el riesgo de ataques a las instalaciones sanitarias, daña la percepción de los centros de salud como espacios neutrales para el cuidado médico, y pone en riesgo las vidas del personal y los pacientes”.